El tirapiedrismo de Maduro no le ayuda en su deseo para el diálogo

Yo, el burro por delante, y con quien suelo hablar de este asunto, el del diálogo y la supuesta disposición de Maduro a favor del mismo, llegamos a la misma conclusión. Yo mantengo una cosa y mi interlocutor otra. Lo que revela que dialogar es difícil, más cuando se han puesto en el medio intereses económicos, políticos y hasta emocionales de por medio. Esto del burro que soy yo, poniéndome por delante, también hace más complicado el proceso. Por eso el diálogo debe siempre estar dirigido por expertos, gente entrenada en eso que ayude a los interlocutores a centrarse en aquello que pueda acercarlos y dejar de lado, hasta donde posible y necesario, lo que les separa. Hace pocos días, dos hermanos que sé se quieren mucho, pero se han distanciado por asuntos banales y muchos lo son tratándose de hermanos, acordaron por mi intermediación, reunirse a dialogar en la búsqueda de acuerdos. Cometieron un primer error, no buscaron asesoría y menos alguien que fuese mediador. Y el segundo, al comienzo del diálogo abordaron justo lo que más les aleja y aquella intentona tardó pocos segundos. Aunque es obvio que para que haya diálogo y con posibilidades de éxito, es necesario que la gente eso de verdad quiera. Pero también deben cumplirse ciertas reglas que logren la cordialidad necesaria.

He sostenido que Maduro pareciera no hablar o responder por sí mismo y eso es sensato y necesario comprenderlo. Pero también lo es, que quienes con él comparten la dirección del gobierno y la política que trazan, deberían ponerse de acuerdo en algo para avanzar, no caer en contradicciones y menos discursos de esos ya demasiados habituales en Maduro, según los cuales, propone algo y en algún momento dice algo otra cosa, hasta banal, para que a quienes propuso no lo acepten por razones elementales. Por lo menos por orgullo y dignidad. O algún otro de ellos, de conocido poder y autoridad, por otro lado, como quien tira la piedra y esconce la mano, dice una cosa entorpecedora y desafiante. Algo tan simple como proponerle matrimonio a una dama y después de hacerlo, cometer la imprudencia de ventilar públicamente los defectos que en ella mira o cree tiene. O poner piedras en al camino a casa para quien hemos "invitado" tropiece o nunca llegue. Maduro, es cierto, ha propuesto diálogo muchas veces a políticos y empresarios, pero pocos minutos después, dentro de sus kilométricos discursos, introduce expresiones duras y hasta ofensivas dirigidos a los mismos, como dándole una excusa para que no acepten lo que el mismo propuso. Es decir, les da pruebas que su propuesta no iba en serio. Y no creo eso sea un proceder infantil, menos sabiendo que fue Canciller por varios años y algo se aprende.

La persona con quien suelo hablar de esto, dice como excusándolo de buena fe, lo que creo aunque no se lo digo, porque pareciera tratar peor a Maduro de cómo lo pudiera hacer yo.

Dice que "Maduro, es un inmaduro". Lo dice así mismo. No es una frase que construyo para este fin. Agrega "él todavía no tiene la suficiente claridad en lo que anda y busca." "Me parece un muchacho perdido y sin rumbo", dice mi contertulio. "No tiene la viveza y la maldad necesaria para percatarse de la gravedad de lo que dice".

-Creo, pese tanto lo estimas y defiendes, que lo subestimas. Él no sólo no es muchacho, sino el presidente y como tal tiene demasiada responsabilidad y ha debido aprender a cuidarse, a menos que como creo yo, su conducta obedezca a un plan de quien ninguno tiene.

Eso respondo a quien conmigo trata el tema casi de manera reiterada y recibo como respuesta:

-"Él está maniatado. No le dejan hacer mucho. Le alargan y recortan la cabuya, pero él no sabe cómo enfrentar la situación, porque le falta madurez y además como habla demasiado y sin medida, dice lo primero que se le ocurre sin percatarse que lo hace mal".

- Yo creo otra cosa. Forma parte del grupo que no quiere diálogo pero habla para los dos bandos. Es su manera de mantener ese poquito de liderazgo que le dejó en herencia Chávez. Llama a diálogo porque la tendencia dentro de ellos es fuerte y lo es en el país todo, pero la otra la que no quiere, donde podría estar él, también, pero pese no pudiera ser mayoría, si tiene mucho peso. Si tu le propones alguien dialogar y te adornas con un discurso pertinente, pero pocos segundos después a quien invitaste lo llenas de improperios y adjetivaciones indecorosas, esta es la última palabra. Además, el llamado a dialogar, podría interpretarse como el cumplimiento de un acuerdo o mandato de una mayoría que debe hacerlo el presidente, pero el discurso posterior con el cual se descalifica al contrario, pudiera ser la palabra o juicio del portador del mensaje. Y este es el presidente.

Ahorita mismo, hace pocos minutos, hoy viernes 01 de junio, el presidente ha vuelto a llamar al diálogo, por cierto que en ese instante hizo referencia a la gente de la MUD y a Guillermo Aveledo, a quien extrañamente llenó de elogios, lo que no está mal pues la diplomacia y la necesidad de los acuerdos eso en veces impone, lo que quiere decir que me contradiga, porque una cosa es ser diplomático, cordial, respetuoso y otra volverse zalamero.

Pero no tardó demasiado volver sobre sus persistentes pasos y volvió a utilizar epítetos contra quienes había "tendido la mano".

Pero él sigue en lo suyo y no hay nadie quien lo pare. Pareciera ser, dice mi contertulio, que allí no hay quien le oriente y le haga entender su mal proceder o lo que cree el infantilismo de Maduro.

-No me cansaré de decirte que no es eso. Si así fuese ya lo hubiesen corregido y además ha tenido tiempo para madurar, si es que es inmaduro como crees.

Eso digo a mi amigo y le insisto, la última palabra, la de mal hablar de quien o quienes antes invitó a dialogar, es la suya. Por eso la dice de última, para que todo el mundo entienda.

Maduro parece no estar dispuesto a cambiar mucho. Ya lleva casi quince días que ganó las elecciones y salvo el hablar, no hace nada distinto a lo que venía haciendo. A menos que él se crea muy fortalecido, a sus enemigos rodando por el piso y al pueblo feliz como andan las vainas, sobre todo los precios de las cosas básicas, y entonces por eso piensa que dialogar significa que los opositores se rindan a sus pies. Además, salvo alguna u otra cosa intrascendente, hasta ahora uno siente como que si todo va a seguir como venía viniendo. Como que si las figuras o santos de la iglesia que preside, seguirán en sus altares.

Además, parece empeñado en lo mismo, en pegarse de la MUD, como quien agradece a quien le ayuda para que nada cambie. Y eso es otro error e "infantilada", como la califica mi amigo, pues aquí con quien hay que dialogar primordialmente es con el pueblo a quien han conculcado sus derechos, ese que también está en los partidos pero como convidado de piedra y los factores productivos aunque el manual y el rosario de su iglesia lo crean una herejía; pero no tiene otra salida. La producción petrolera y los ingresos en divisas, que daban fortaleza, andan por el suelo.

Pero el catecismo de Maduro y sus mecánicos rezos, le dicen que hablar con los empresarios para llegar acuerdos y salir de este foso, es entreguismo y reformismo. Y en su iglesia, donde creen estar a las puertas del cielo, eso es pecado capital, más cuando se creen vencedores. ¿Acaso no fue eso lo que sucedió el 20-5? Por eso maneja lo del diálogo como para que no se dé.



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Armando Lafragua


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