El Libertador, el hombre más vergatario ha tenido el universo (II)

Si, el desdichado niño y joven Simón Bolívar, en su adultez se convierte en el hombre laico más grande que ha parido la humanidad, y no podía ser otro el lugar de su nacimiento que nuestra hermosa patria: VENEZUELA. Sigamos con la triste historia que le toca vivir en sus primeros 19 años a nuestro paisano.

Simón Bolívar había pasado por la muerte de su padre, después por la de su madre y de su abuelo. Teresa fue el primer ser humano unido a él y con quien esperaba compartir la vida, las ilusiones, los proyectos. Por eso explicó a Perú de la Croix: "Quise mucho a mi mujer". La desaparición de Teresa tenía que ocasionarle una crisis profunda: "Yo la he perdido y con ella la vida de dulzura. El dolor un sólo instante no me deja consuelo que buscar, deplorable y triste suerte a la que me hallo condenado" El estado en que se encontraba era patético. Quedó sumergido en una tristeza profunda y cambia su carácter. El juramento de no volver a casarse que pronuncia en su momento es un acto de rebeldía en contra del dolor al que puede conducir la entrega incondicional de los sentimientos. A pesar de sus muchos amores y amoríos Bolívar cumplirá fielmente con la palabra empeñada, como lo hizo también con otros de sus juramentos. De acuerdo al historiador venezolano José Luis Silva Luongo en su obra Bolívar, Herencia de Todos: "La inesperada muerte de María Teresa es un duro y decisivo golpe en la vida de Bolívar que lo sume en el más profundo dolor... De nuevo se topa con el infortunio y sabe apelar a su profunda energía para enfrentarlo y seguir adelante. En el futuro no volverá a entregar amor puro y permanente a mujer alguna, tampoco en lo adelante ninguna lo atará en forma definitiva"

La desesperación experimentada por Bolívar hará temer que atente contra su vida. Éste, sin embargo, emprenderá un segundo viaje a Europa para mitigar su inmensa pena. En Madrid sostendrá un conmovedor encuentro con su suegro Don Bernardo que siempre recordará. En compañía de Fernando Rodríguez del Toro, primo hermano de María Teresa, viajará a París donde volverá a tomar contacto con su antiguo maestro Simón Rodríguez. Ello resultará de vital importancia en la vida de Bolívar pues éste, comprendiendo la desesperación que embargaba a su antiguo discípulo, lo encauzará hacia la política para hacerle superar el vacío vital que había dejado la muerte de María Teresa. Habiéndole sido negada la dulzura de la vida hogareña, Bolívar se transmutará así en un hombre volcado hacia los asuntos públicos. Según sus propias palabras ello lo hará seguir el carro de Marte en lugar del arado de Ceres. En 1828, analizando la influencia que la muerte de su esposa había tenido en él, Bolívar confiesa: "Si no hubiera enviudado quizás mi vida hubiera sido otra, no sería el General Bolívar ni el Libertador; aunque convengo en que mi genio no era para ser alcalde de San Mateo" No en balde en su obra Bolívar el famoso historiador español Salvador de Madariaga afirmará lo siguiente: "Este final súbito de la vida retirada y personal de una joven de veintiún años ha sido quizá uno de los acontecimientos claves de la historia del Nuevo Mundo"

A su muerte los restos de María Teresa fueron enterrados en el panteón de la familia Bolívar en la Catedral de Caracas junto a los de los padres y antepasados de su marido. Cuando los restos del Libertador fueron repatriados desde Santa Marta en Colombia, en diciembre de 1842, fueron enterrados junto a los de su esposa. Allí permanecieron lado a lado por treinta y cuatro años hasta que el 28 de octubre de 1876 los despojos del Libertador fueron trasladados al Panteón Nacional. Simultáneamente se comenzó a ejecutar el conjunto de esculturas yacentes de María Teresa y de los padres de Simón Bolívar que habrían de ser colocadas en el lugar de reposo de sus restos en la Capilla de la Santísima Trinidad de la Catedral de Caracas. El mismo fue encargado al escultor italiano Pietro Tenerani. En 1930 el monumento fúnebre a María Teresa Rodríguez del Toro, Juan Vicente Bolívar y Ponte y doña Concepción Palacios Blanco sería enriquecido con una imagen alegórica de Bolívar protegiendo con sus brazos a su esposa y a sus padres. Esta última escultura fue realizada por el reconocido artista español Victorio Macho.



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José M. Ameliach N.


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