Confesión de un Obispo (IV)

Narración del golpe de Estado contra el Presidente Hugo Chávez en abril de 2002 escrito por Monseñor Baltazar Porras. Cada vez que uno escribe sobre sí mismo, es natural arrimar la brasa a su sardina, por consiguiente, es necesario analizar cada palabra escrita por el ahora Cardenal Porras, para descifrar si no hay, como se dice ahora, algún "error involuntario" Continuemos:

"Se comunicaron con Miraflores e indicaron que ya yo estaba con ellos, con la finalidad de ayudar a garantizar la vida del Presidente y servirle de garante. Me volvieron a preguntar cuál había sido la solicitud del Presidente. Les repetí lo que ya sabían. Afirmaron que por los acontecimientos del día, -particularmente las muertes ocurridas-, era inaceptable que el Presidente abandonara el país. El resto del tiempo, fuimos testigos mudos de lo que acontecía a nuestro alrededor y de las conversaciones que sostenían los militares anteriormente nombrados con los mediadores del Presidente en Miraflores, los Generales Manuel Antonio Rosendo e Ismael Eliécer Hurtado Soucre. Conversaban sobre la renuncia y el operativo a seguir de allí en adelante. Acababan de pasar un fax con un texto en el que solamente estaba contemplada la renuncia presidencial. Fue devuelto, pues el Presidente quería facilitar las cosas; pidió que incluyeran previamente la destitución del Vicepresidente y de los ministros, porque Diosdado no sirve para eso. Este segundo texto fue revisado, Constitución en mano, por el General Fuenmayor. Lo reenviaron por fax a Miraflores con la inclusión de la sugerencia recibida. Por el diálogo que mantenían los negociadores, era claro que la condición que había expresado el Presidente era que firmaba la renuncia si se le trasladaba a Maiquetía directamente y se le ponía en la escalerilla del avión para salir del país.

Al parecer, el avión presidencial, el Camastrón, estaba listo en la pista de Maiquetía para levantar vuelo cuando lo ordenaran. Le informaron que aquí estaba yo para garantizarle la vida, tal como él lo había solicitado, pero que no podía poner condiciones. En algún momento, llegó la noticia de que alguien, -probablemente en el vehículo del señor José Vicente Rangel-, estaba bajando hacia La Guaira por la autopista y estaba siendo rastreado por el radar. Dieron orden de interceptar cualquier carro que circulara por dicha autopista. Según ellos, dejar ir al Presidente del país lesionaría más a la Institución de las Fuerzas Armadas. En algún momento las conversaciones con Miraflores se volvieron tensas. Cuando desde allá les dijeron que estaban dispuestos a resistir y que contaban con un batallón de tanques leal al Presidente, y que ya había salido de Fuerte Tiuna, éstos les respondieron que dichos tanques estaban dispuestos a volar Miraflores si fuere necesario. Parecía una dilatoria para ganar tiempo, no firmar la renuncia y esperar el amanecer con el Presidente y su gente en el Palacio. Todo debía arreglarse cuanto antes, para evitar mayores imprevistos. Debido a que la madrugada se echaba encima, los Generales decidieron dirigirse a Miraflores a forzar el cumplimiento de lo prometido por el Presidente. Nos pidieron les acompañáramos para ejercer la función de resguardo, pero al ir por el pasillo hubo una llamada desde el Palacio Presidencial donde anunciaban que el Presidente había accedido dirigirse a Fuerte Tiuna, a la Comandancia General del Ejército. Pidió escolta y le respondieron que la Casa Militar tenía la suficiente infraestructura para trasladarlo sin problemas hasta Fuerte Tiuna. Ante esta nueva situación, nos subimos en uno de los carros de la caravana militar para ir hacia el Fuerte. En ese momento, los Padres Fonti y Quintero regresaron a Montalbán. Mons. Azuaje y mi persona fuimos en la otra dirección.

Aproximadamente hacia las 3 de la mañana, la aglomeración de vehículos en las inmediaciones de La Carlota era grande. Pasamos despacio, sin mayores contratiempos. Había un grupo de gente con banderas. El resto de la ciudad lucía solitaria. Hubo un hecho relevante en medio de todos los acontecimientos: el General en Jefe Lucas Rincón, junto con miembros del Alto Mando Militar, anunció en directo a través de los Medios de Comunicación, que, visto lo sucedido durante el día 11, el Alto Mando Militar le pidió la renuncia al Presidente de la República, la cual aceptó. Esta comunicación del Militar de mayor rango en todo el territorio nacional generó zozobra, y mayor confusión, aunque el mensaje era muy claro: se podía interpretar como un vacío de poder"



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José M. Ameliach N.


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