Incompatibilidad de la oferta-demanda como escenario Mercantil I

Estamos ante uno de los conceptos más abstrusos de la Economía, particularmente cuando esta ciencia deriva en Crematística.

Marx dedicó el Libro III de El Capital, Segundo Volumen, al problema de la oferta-demanda, y el Libro II del mismo Volumen al mercado, a la circulación del capital. El Tercer Volumen (Libro IV, de Tres Libros) lo dedicó a la Plusvalía, mientras el Libro I del Primer Volumen es un voluminoso exordio cargado de abstracciones de la Economía Política con sus antecedentes históricos.

De entrada, en el mercado compiten los fabricantes y distribuidores entre sí porque la contrariedad entre la oferta y la demanda es sólo una oposición numérica[1] de valores donde la escasez o abundancia[2] de las mercancías actúan como reguladores de los precios de mercado.

La principal incongruencia de la oferta-demanda descansa en que el oferente o vendedor ofrece mercancías (valores), y el demandante o comprador, demanda valores de uso, salvedad hecha del tráfico-no comercio-entre fabricantes y distribuidores.

Se trata, más bien, de una incompatibilidad de variables: el fabricante demanda valores de uso y ofrece mercancías (valores); el distribuidor demanda y ofrece mercancías, mientras el consumidor final y el Estado demandan sólo valores de uso.

Los defensores de la escasez como soporte sobre el que se yergue todo el aparataje de la Economía arrastran los atavismos propios de la época del Capitalismo Mercantil, de la Economía mercantilista o precapitalista.

Durante ese período, los vendedores competían entre sí y asimismo los vendedores. A ambos les interesaban sus clientes ya que todos eran comerciantes, y, por supuesto, durante los períodos de abundancia el oferente debía abaratar los precios de venta y algunos demandantes ofrecían menos que otros, e inclusive durante los de escasez los inflaban los oferentes y algunos de sus clientes ofrecían más que otros. Digamos que, entre sí, durante la abundancia y la abundancia competían los oferentes, y durante los de escasez, lo hacían los demandantes entre sí.

En el capitalismo no compiten los oferentes con sus demandantes porque a estos últimos, de cada mercancía sólo les interesa su valor de uso, y los distribuidores mayoristas tienen que tolerar los precios de las mercancías que revenderán ya que el precio lo trasladan a sus clientes.

La oposición oferta-demanda es entre el valor de la mercancía ofrecida y la cantidad de dinero que haya en el mercado dispuesta para su compra, según los diferentes grados de solvencia que caracteriza a los consumidores en toda sociedad burguesa donde por su propia naturaleza las rentas suelen ser desiguales tanto entre los burgueses como entre los asalariados.

La demanda no impulsa la producción, preexiste, pero su incremento sólo estimula la ralentización de la producción actual con miras a incrementar los precios. La base de esa actitud leonina es la desigual distribución de la renta en la sociedad capitalista.

02/04/2018 20:25


[1] La desigualdad 35 se resuelve indistintamente con una adición de 2 en el primer miembro, o una sustracción en el segundo, pero las adiciones ni sustracciones en ambos miembros no pintan nada. Asimismo, la oposición oferta-demanda se resuelve con alteraciones en uno solo de sus contarios que es donde se da cualquier tipo de competencia. En realidad, no hay puja alguna, no hay una lucha, entre esos contrarios que representan simples desajustes debidos al propio carácter anárquico de produccion capitalista.

[2] La abundancia frena la rotación del capital e implica costos de almacenamiento con estantes repletos necesarios para las nuevas producciones. A todos les conviene bajar los precios en condiciones normales. La escasez crea problemas de consumo, y los demandantes, pasivos por excelencia, pagarán el precio en alza porque eso sólo afectaría a los insolventes, mientras la abundancia afecta a todos los productores, que ya no podrán ralentizar la oferta.



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Manuel C. Martínez


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