Maduro: ¿entre la arrogancia y la adulación?

"El liderazgo no es rango, privilegios, títulos o dinero: es responsabilidad"

Frances Hesselbein

I. Liderazgo

El liderazgo es difícil de definir. Nunca antes se había hablado tanto de este rasgo en los seres humanos, en la historia de sus acciones y en la dirección y el gobierno de sus empresas y organizaciones como ahora. El término encierra cierto hablo de misticismo, de misterio, de algo que tienen algunos en especial para movilizar a otros.

Comencemos por la procedencia del término. Por un lado se dice que la palabra lead viene de una palabra anglosajona, común en las lenguas europeas del norte que significa camino, vía rumbo de un barco en el mar…. Por otro lado, y acudiendo a los diccionarios, el término viene del inglés leader, cuyo sinónimo inmediato es guide (ser un guía) que a su vez significa to show the way (mostrar un camino). Luego, la palabra pasó al español como la vemos escrita hoy: líder, y su sinónimo más inmediato es también "guía", que significa lo mismo: mostrar un camino a otros.

Ya en este primer esbozo se dice mucho del liderazgo, y es la idea sencilla de que si hay que mostrar un camino hay que conocerlo previamente mejor que los otros. Pero, además, el camino se "muestra". El líder señala el camino, no coacciona, no presiona, no empuja, no manipula, simplemente "lo muestra", lo devela, lo indica, lo señala… La primera gran y sencilla conclusión que hay que sacar es ésta: que lo propio del liderazgo auténtico es saber algo, y por tanto saberlo bien, y mostrar el modo en el que eso que se sabe lo puedan transitar o entender los otros. Saber y enseñar, podemos decir, es el binomio que articula el liderazgo verdadero. El líder es un ser humano que tiene un modo de vivir que es claro para los otros, y que por lo tanto es modelo de ese modo de vivir, lo cual incluye, a su vez, un modo de ser, de estar, de convivir, de hacer. Pero alguien podría decir que un líder también puede ser un personaje que sabe mucho de algo, y que lo muestra, pero hay en él o en ella unas segundas intenciones tal vez no muy rectas. Cierto. Hablamos aquí de un liderazgo deshumanizador o negativo. En la moderna forma de entender, por ejemplo, el encauzamiento de las emociones —o como ahora se le llama "inteligencia emocional" (siguiendo a Goleman y sus colegas) —, se sabe de la posibilidad de un "líder resonante" y de un "líder disonante". El resonante expande de modo adecuado sus propias emociones, y encauza de manera positiva las emociones de sus seguidores. Jamás los invitaría a odiar, a violentarse, a ir en contra de otros. El disonante se aprovecha de los estados de ánimo negativos o disminuidos para exaltarlos en una dirección negativa. Podemos hablar así de líderes negativos y líderes positivos. Nada edifica más que ver a nuestros propios guías pidiendo humildes disculpas: "Es cierto, me he equivocado, perdón". Aquí se unen el liderazgo y la humildad, el liderazgo y la lucha personal por ser mejores personas

II. Arrogancia

"La arrogancia es el enemigo del líder" (Stephen Covey). Covey, un gurú norteamericano del liderazgo y la gestión, asegura que un buen jefe debe ser íntegro y evitar ser engreído, con el fin de impedir que descarrile la organización. El engreimiento, el orgullo, la soberbia, la arrogancia, son cuatro sinónimos que expresan lo peor que pueda poseer un líder.Un líder que no sea humilde pronto o tarde caerá de su pedestal. La integridad y humildad son el fundamento más sólido de un auténtico liderazgo. Un líder corrupto y soberbio puede vencer, pero no convence a nadie. El liderazgo que de verdad seduce es aquel que practica una genuina coherencia entre lo que dice y hace. El auténtico liderazgo no vence, sino que convence. Los liderazgos altivos suelen caer en la corrupción y no atraen a nadie. Y si son seguidos es por miedo, no por convicción.

III. Adulación

Gilbert K. Chesterton afirma: "La función esencial de la adulación es alabar a las personas por las cualidades que no tienen". La adulación, por tanto, es una mentira para conseguir favores. Engaña al que la recibe y denigra al que la profiere. Todos somos propensos a la adulación. Denis Diderot decía: "Engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga". Ante la adulación sucumbimos todos. Y hasta "para quien ama la lisonja –escribió Fray Benito Jerónimo Feijoo- es enemigo quien no es adulador".

Huyamos de la adulación para recibirla y para formularla. Los dos tipos son nocivos. Lucio Anneo Séneca, hombre de profundas convicciones éticas, manifestó: "Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulación". La verdad puede ser incómoda, pero siempre es beneficiosa. La adulación, en cambio, es almíbar venenoso que burla al que la acepta y embrutece al que la expresa.



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Luis Antonio Azócar Bates

Matemático y filósofo

 medida713@gmail.com

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