Alejandro Colina, demostró su amor por Venezuela y los venezolanos (XXXI)

Este gran venezolano, digno hijo de Simón Bolívar, impuso su amor por los nuestros ancestros indígenas, pues por más que trataron de que se dedicara a realizar sus obras esculpiendo personalidades de la alta sociedad, siempre se negó, manifestando que él tenía una deuda de gratitud con nuestros aborígenes por haberle dado a él el temple necesario para comprender lo que era dignidad. Y en plena era de la globalización, el tema de las identidades culturales logró que cobrara plena vigencia. En este caso, estamos hablando de nuestra identidad latinoamericana. Su ideología indo-americanista lo lleva a esculpir indios con nombres locales, pero que conforman la raza de América. Su indigenismo no ignoró el mestizaje regional, que tradujo en esculturas y proyectos: Negro Primero, La Nodriza del Libertador y Bolívar en el Ávila. De esta manera reconocía nuestro componente afro y nuestra hispanidad. Alejandro Colina era tan acucioso que también exploró la cerámica y la orfebrería como otra posibilidad de su expresión plástica.

Actualmente, María Lionza, una de sus obras más conocidas, ha contribuido a la globalización del imaginario local; se ha reproducido en múltiples soportes y formatos. La fotografía de María Lionza ha aparecido en portadas de revistas internacionales, tales como la estadounidense Life y la alemana, Spiegel. La Plaza Tacarigüa, localizada en el Estado Aragua, es una de sus obras más importantes, se realizó sobre la base de una importante excavación arqueológica de los años treinta en la cuenca del Lago de Valencia, a cargo del ingeniero Alfredo Jeannes. A pesar de su actual estado de abandono y deterioro, su atmósfera nos emparenta con otras culturas prehispánicas. En el centenario del nacimiento de Alejandro Colina, la Universidad Central de Venezuela, la Universidad Católica Andrés Bello, el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos y el Consejo Nacional de la Cultura organizan un Coloquio sobre su obra. El trabajo artístico del escultor es abordado desde varios ángulos: Artístico, Socio-antropológico y Urbanístico-arquitectónico. En estos eventos un capítulo especial tendrá María Lionza. A estos eventos se invitaron a especialistas de distintas disciplinas: Pintores, Escultores, Artistas escénicos, Escritores, Historiadores, Sociólogos, Antropólogos y Arquitectos, con la finalidad que presentaran sus ponencias, las cuales son sometidas a arbitraje para luego ser publicadas. Entre los invitados estuvieron altas personalidades de la pintura, escultura e intelectuales, entre ellas estuvo: Tulio Hernández, Perán Erminy, Ocarina Castillo, Esteban Emilio Monsoyi, Roldán Estevan Grillet, Itala Scotto, Daisy Barreto, María Teresa Novoa y Aminta Díaz, quien ultima los detalles de una biografía, libro que constituyó un punto de referencia indispensable para el estudio de la vida y obra del artista. Además se contó en los eventos con la presencia de Mabel Silva, comunicadora social que elaboraba la memoria de María Lionza.

En lo que refiere a la obra inmersa en nuestras raíces aborígenes, Aminta Díaz, cronista de Colina, escribió en un trabajo que realizó sobre este autor: "genial escultor que rescató del olvido a nuestros indígenas y los sembró en la geografía patria con creaciones insustituibles en su género: novedosas, personales, originales, con sentido axiológico, nacionalista y épico, con pasión telúrica" A juicio de los expertos, su ideología indo-americanista lo llevó a esculpir indios con nombres locales, pero que conforman la raza de América. De la misma manera destacamos que el crítico y artista Juan Calzadilla en una oportunidad apuntó que Colina se ha erigido como "el más alto representante de la tendencia indigenista en nuestra escultura. Su temática constituye en conjunto una exaltación alegórica de la fuerza de la raza autóctona y, como tal, su trabajo adopta a menudo la forma monumental. Sus figuras están fuertemente acusadas por una construcción muscular sobresaliente que imprime un ritmo tenso y robusto, bajo el cual el movimiento es sugerido y contenido dramáticamente". Opinan los críticos que Colina percibió la conexión entre lo indio y lo mestizo atrapando distintas facetas de una venezolanidad polimorfa y plural, como lo reflejó en sus obras: Pedro Camejo, La Negra Matea, Andrés Eloy Blanco y los caciques venezolanos; entre otras.



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José M. Ameliach N.


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