Mi palabra

El ejemplo de una joven

La honradez y la utilidad son el

Fundamento de todas las acciones.

Cicerón

En el sector denominado "el palito", no sé, si ese nombre proviene del que tenía el abasto, uno de los primeros negocios de ese estilo, instalado en esa zona de Acarigua, que, al pasar a manos de unos asiáticos, ha cambiado de nombre en repetidas oportunidades. En la semicurva se encuentran unos pequeños negocios de ventas de comida, con apenas una mesa para los comensales. Sus dueños personas laboriosas, rara vez se oye decir algo malo de ellos, aun cuando el consumo de alcohol siempre está presente, como el olor a una sabrosa comida preparada de las manos laboriosas de esas populares cocineras. Las veces que voy a comprar unas deliciosas cachapas, parecidas al rostro de una hermosa, blanca y risueña muchacha, entablo una conversación con esta joven, su progenitora, quien es la guía del pequeño negocito, y uno de sus cuatro hermanos. Siempre regreso impresionado por lo jovialidad y entusiasmo de esta moza para desenvolverse en un ambiente tan agitado, que contrasta con su manera de ser, su nombre: Manuela.

Los lectores me preguntaran aparte de lo anteriormente dicho, cual es la verdadera motivación para escribir sobre esta muchacha, en la flor de su juventud, que empieza a ver la luz del mundo lleno de problemas, cada día más enmarañado, llevando la peor parte los jóvenes, por el acoso publicitario, que no les deja descansar el cerebro, creándole vagas ilusiones, para luego perderse en caminos equivocados. A veces no es uno, sino, toda la familia sumergida en las redes del vicio o los "oficios" sucios, que cada día acechan con más fiereza, dejando ese cuadro dramático de las cárceles venezolanas. El motivo es muy sencillo. Una mañana cuando el sol ya había calentado, llegué a tomarme un café; al momento escuche la voz de la joven, con la autoestima muy alta, los ojos casi se le cerraban en medio de una sonrisa: "yo soy un ejemplo para los jóvenes y eso me lo enseño mi madre". Su mamá, estaba muy cerca, aprovechó el momento para aprobar la expresión con una sonrisa de satisfacción, sabiéndose recompensada por su hija, sin dejar de preparar los ingredientes para la comida del mediodía.

Pasaron unos días, pero lo dicho por la jovencita, seguía dando vuelta en mi mente, por el momento que estamos viviendo, más, cuando a cada instante se escucha decir con cierta nostalgia y preocupación: ¡los valores se han perdido! En una oportunidad me acerque con la única intención de hablar con la joven, para indagar en profundidad sobre su personalidad, de frente, viéndonos las caras, para tratar de no dejar dudas sobre su afirmación y esta fue la respuesta de la muchacha con gran emoción, sentada en una silla destartalada, sin dejar de raspar unas mazorcas para las cachapas: "Somos cuatros hermanos, desde los 12 años estoy levantándome temprano a trabajar. Cuando le pedía a mi mamá para un lápiz y un cuaderno, nos decía muy seria: ¡hay que ganárselo! Ya tengo 22 años y estoy estudiando educación inicial en la universidad "Simón Rodríguez". Todos trabajamos y hemos aprendido, que así se forma la gente honesta".

Esta confesión de una manera humilde, sin ningún tapujo, libre como el viento, expresado con gran emoción, por sentir valiosa, al lado de su madre ayudándola en la venta de comida, ganándose la vida de una manera honrada, como debe ser el norte de toda persona, sirve para pensar que no todo es oscuridad en el horizonte. La esperanza de ver a los jóvenes en el camino del estudio, el trabajo y el respecto está en la enseñanza, desde la misma cuna del hogar. Por algo en el común del pueblo, muchas veces se escucha decir una verdad, propia de la sabiduría popular: "árbol que crece torcido nada lo endereza". ¿Cómo hacemos para frenar a un muchacho, cuando su mente empieza a llenarse de ilusiones inalcanzables? Parece difícil, pero los ejemplos ayudan. El de está muchacha a simple vista sirve para aprender y enseñar, pero no solamente a los jóvenes, también a los adultos, que han olvidado ese refrán muy popular: "tenemos que arroparnos hasta donde nos alcanza la cobija" de lo contrario seguiremos viendo en las páginas rojas de los diarios, infinidades de personas, que no aprenden esta sencilla y valiosa lección equivocando el camino para terminar en la cárcel, o el cementerio.


 



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Narciso Torrealba


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