La muerte política de Maduro

Quien quita la vida a otro está guiado por una furia patológica del conocimiento, aunque motivos mezquinos oculten su móvil secreto (…) Dejarlo con vida sería concederle la libertad de superarnos. Las profundidades del mal confieren una superioridad irritable.

Cioran – El ocaso del pensamiento –

Los días en la historia de quienes han controlado el poder político están marcados por las acciones que han devenido de ese mismo poder. Grandes megalómanos del poder quienes afirmaban gobernar per secula seculorum, vieron como sus estructuras del dominio sobre la sociedad y determinados países acabaron cayendo cual castillo de naipes.

Por ello, cada vez que Maduro y sus ramplones zoilos y panegíricos, en especial aquellos ignominiosos de la escritura, la historia y los contextos discursivos, intentan transgredir desde la Constitución hasta cualquier opinión de un ciudadano que ha salido en la defensa de los valores democráticos, la libertad, la justicia y los derechos humanos, se convierten no sólo en ignorantes ante el decurso, sino que simplifican la anomia, demostrando la sima de sus pensamientos.

El madurismo es la bazofia política más putrefacta, hostil y llena de odio que ha gobernado a Venezuela. Su cúpula disfruta al ver cómo niños mueren desnutridos porque ni siquiera pueden ser amamantados por sus progenitoras o ser insensibles ante el hambre de millones de venezolanos originada por una perversa hiperinflación desde el propio gobierno. También muestra satisfacción cuando venezolanos mueren por enfermedades que fueron erradicadas del país en el siglo XX, y ahora engrosan las estadísticas de fallecidos. Se muestra satisfecho al ver que nuestros pensionados y jubilados duermen en las aceras de calles y avenidas para cobrar al otro día míseros ingresos. Ignora la permanente emigración de venezolanos aunque mueran en altamar. Y llega al clímax de sus ejecuciones cuando "justificando" el asesinato, según ellos de unos supuestos "terroristas", decide arbitrariamente no entregar sus cuerpos a los familiares de las víctimas, y asume con ello una condición enteramente neonazista, o sea, de lo más perverso que ha existido por gobierno alguno en relación con la ejecución de ciudadanos.

Venezuela ha entrado en una etapa de su historia que no tiene retorno. Hemos dicho que la gravedad de la crisis política, económica y social, tendrá en cualquier momento el inicio de los últimos 10 días de Maduro¹. El gobierno lo sabe. Esa es la razón por la cual instala puntos de control militar cercanos a redes de supermercados o centros comerciales, o con un discurso extremista amenaza con barrer a cualquiera de sus adversarios. O lo que es más despreciable, aplica el chantaje y amedrentamiento del poder, sobre el hambre o las necesidades de salud de las personas a través de mecanismos de control político, como por ejemplo, un mal llamado "carnet de la patria".

Maduro jura que gobernará definitivamente hasta el día de su muerte, mientras destruye al país en todas sus connotaciones de vida humana cuando no existe producción ni importación de alimentos ni medicinas, o cuando quiebra nuestra industria petrolera, o permite de manera infame acabar con la naturaleza del mal llamado "arco minero", así como hábitats de nuestros grupos ancestrales. Con ese pensamiento reta y mantiene inflado un egocentrismo que sólo es posible a través de una condición patológica llena de prosopagnosia.

Maduro gobernará definitivamente hasta el día de su muerte. En eso estamos de acuerdo. Pero será hasta el día de su muerte política, sobre cuya metástasis la está viviendo el pueblo de Venezuela, y sobre la cual él, también esta infestado. Verbigracia. No es posible salvarse de esta realidad aunque férreamente alguien se empecine en imponer una voluntad ante la noluntad de otros. La diferencia está en que un colectivo como pueblo logrará salvar a la mayoría de quienes lo integran porque siempre habrá amor, solidaridad, respeto y espacios para intercambiar lazos de vida, aunque haya el sacrificio de otros. Lamentablemente desde un poder omnímodo, insensible y falaz, ninguna acción podrá mantener con vida lo que yace muerto políticamente.

Definitivamente Maduro gobernará hasta el día de su muerte, hasta el día de su muerte política, y esa muerte está cada vez más cerca. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

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¹ https://www.aporrea.org/actualidad/a257807.html



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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