A propósito de ser ciego

El hambre y los saqueos van a tumbar a Maduro

Podemos distinguir dos tipos principales de gobierno. El primer tipo consiste en gobiernos de los que nos podemos deshacer sin derramamiento de sangre – por ejemplo, mediante elecciones generales, es decir, que las instituciones sociales proporcionan medios por los que los gobernantes puedan ser despedidos por los gobernados, y las tradiciones sociales aseguran que esas instituciones no pueden ser fácilmente destruidas por los que están en el poder. El segundo tipo está formado por gobiernos de los que los gobernados no pueden deshacerse salvo mediante una revolución exitosa – es decir, que en la mayor parte de los casos no lo lograrán. Propongo el término "democracia" como abreviatura para designar gobiernos de primer tipo, y el término "tiranía" o "dictadura" para el segundo tipo.

Karl Popper – La sociedad abierta y sus enemigos –

El epígrafe señalado fue escrito en el texto correspondiente en 1950, es decir, hace casi 70 años, cuando Europa apenas salía de la Segunda Guerra Mundial, pero muchos de sus países quedaron bajo el yugo de regímenes totalitarios, mientras América Latina a pesar de no haber vivido conflictos armados entre naciones, también sus países estaban controlados por sendas dictaduras, en su mayoría de extrema derecha, razón por la cual, el concepto de "democracia", pues era inexistente en el contexto de la política y la sociedad, siendo Venezuela, uno de los espacios en donde la sangre corría para ese entonces con el asesinato, entre otros, de Leonardo Ruiz Pineda (1952).

Por ello, cuando Popper nos remite que la existencia democrática en esa etapa de la historia estaba sujeta por las instituciones sociales, resulta evidente que al ver un gobierno como el que ha "evolucionado" en Venezuela en esta parte del siglo XXI, tenemos que tal forma de "gobernar" se entremezcla con visos de "democracia" por su legitimidad de origen (elecciones), pero constreñido por estridentes niveles de autoritarismo, centralismo y control del poder, legislativo, judicial y hasta electoral en función de los intereses de quien ejerce la totalidad de las decisiones políticas, es decir, convertido en un "yo hegemónico", sin importar lo que diga la Constitución y menos cualquier reclamante que emerja de esos poderes, o desde las protestas que puedan desencadenarse en el seno del pueblo, porque inmediatamente son materializados procesos arbitrarios y de persecución contra esas voces disidentes, quienes son en muchos casos destruidos en sus derechos humanos y políticos, al terminar "inhabilitados" para las funciones públicas y elección popular, y en el peor de los casos, privados de su libertad o en el exilio.

En otras palabras, hoy tenemos un tercer tipo de gobierno, que se apodera de la "institucionalidad" a través de las leyes y las sentencias, para aplicar una seudolegalidad que acabe contra cualquier sentido de oposición política y de reclamo social, cuya principal representación en la contemporaneidad está ejercida por el madurismo.

El madurismo es una proliferación en la violación de los más esenciales derechos ciudadanos y constitucionales. El pueblo no tiene derecho a la alimentación, porque el gobierno imprime dinero inorgánico sin control alguno para financiar un gigantesco déficit fiscal que ha originado una inflación de cuatro dígitos anuales, que a su vez, ha dejado en vergüenza el nombre de Bolívar como signo monetario, o sea, como si recibiese la más humillante y grotesca de las derrotas.

Tampoco los venezolanos tienen derecho a la salud porque el madurismo las pocas divisas que genera las emplea para el pago de deuda externa (los grandes capitalistas) y la corrupción de sus altos jerarcas (caso Andorra o Petróleos de Venezuela –Pdvsa-), menos para la importación de vacunas o medicamentos para niños y adultos. Hoy, los hospitales, ambulatorios, y hasta lo que una vez se llamó "Barrio Adentro", son un oxigonio de abandono social, destrucción sanitaria y bazofia política.

Asimismo, no podemos obviar el cómo toda la cúpula madurista ha generado la quiebra de los servicios públicos (agua, electricidad, gas y transporte). Verbigracia, no tenemos capacidad para satisfacer las demandas de consumo interno que nos permitan cuando menos, reactivar la economía en el plano, agrícola, industrial o turístico, sino por el contrario, al ver que el país se hunde en tales indicadores es el sinónimo que este gobierno nos ha llevado a las más profunda anomia, y sin posibilidad de retorno en el corto ni mediano plazo, mientras ellos sigan en el poder. ¿Por qué? Porque son unos mediocres, corruptos e insensibles.

En cuanto a la degradación humana, el madurismo ha convertido la sociedad en una postración para las relaciones interpersonales. La educación es una quimera, porque las escuelas y liceos están abandonados en sus infraestructuras, son letrinas públicas. Mientras tanto las universidades son ahogadas en sus presupuestos con el propósito de que sucumban ante los intereses políticos del gobierno. El programa de alimentación escolar y de comedores universitarios son espejos rotos, cuando apenas si existen en la denominación presupuestaria, pero en la praxis dejaron de ejecutarse ante la terrible hiperinflación. Es vergonzoso ver comer a niños y adolescentes una cucharada de arroz con una tajada como "almuerzo nutritivo". Es tal el nivel de hambre que las bandas delictivas, además de actuar con máxima impunidad, como por ejemplo, los denominados "colectivos armados", esos irregulares se aprovechan de la situación de minusvalía social para "reclutar" niños que se conviertan en sus "ayudantes y generación de relevo"¹. Ante ello, la afasia es la única respuesta del madurismo.

Y en el medio de semejante destrucción nacional, el pueblo hambriento y sin muchas alternativas, (aunque los maduristas digan lo contrario), ha salido a saquear camiones, abastos, supermercados y hasta centros de acopio de los mal llamados Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap). No son protestas en el este de Caracas o las zonas residenciales de las principales ciudades del país ¡No! Estamos ante el genuino reclamo de gente empobrecida que no ve alternativas para su presente y futuro, aunque Maduro empleando como herramienta política el "carnet de la patria" decrete "bonos" que apenas alcanzan para comprar un cartón de huevos o un kilogramo de queso, o sea, mitigar por dos o tres días el hambre de una familia, cuando la verdad es que el madurismo al originar estar perversa hiperinflación, sólo ha logrado enviarnos a todos por el abismo de la pobreza, la miseria y la muerte.

El madurismo como gobierno asesinó nuestra moneda nacional cuyo valor de compra no vale nada. Ante esa realidad, sólo es cuestión de tiempo para ver la multiplicación de las protestas en todos los estados, cuya conmoción social llegará con el colapso de los servicios públicos, y las ráfagas de unos cuantos desadaptados, quienes no duden, en el nombre de una condenada "revolución", terminarán por convertir en tiranía lo que una vez llegó al poder por la democracia de una Constitución inspirada en el pensamiento por Bolívar, y que fue traicionada por quien Chávez decidió equivocadamente tendría que sucederlo en el poder. Que nadie se equivoque.

El hambre y los saqueos van a tumbar a Maduro. En consecuencia, el madurismo como un todo sólo tendrá dos opciones: O abandona el poder, o sabe que las calles del país serán teñidas de lo que ellos llaman políticamente rojo-rojito, y es este caso, no será precisamente de un triunfo electoral. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.

***

¹ http://cronica.uno/bandas-delictivas-aprovechan-hambre-escasez-reclutar-ninos/



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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