Primero la Praxis, luego la Teoría

Históricamente, primero comimos y luego pensamos; primero trabajamos y luego nos especializamos para regresar, paradójicamente, a las laborales más primitivas, si se quiere, es decir, a las más elementales, las de menor esfuerzo tecnomentales.

Tal es el supuesto encanto de la división del trabajo.[1]

Históricamente, primero practicamos, ensayamos, "tiramos flechas", y luego corregimos, tiramos nuevas flechas y luego teorizamos.

Armados con esa teoría, vamos de nuevo a la práctica y con esta esta hallamos imperfecciones que habían pasado inadvertidas para la teoría vigente. Ha sido así como la evolución o desarrollo del conocimiento humano-desarrollo de la mano de obra-ha venido sucediéndose de praxis a teorías, de estas a praxis y así hasta nunca acabar porque el trabajo nos es inagotable e intrínseco.

Desde luego y paradójicamente, ninguna praxis, ningún ensayo, ninguna de aquellas flechas, desde hace sus buenos miles de miles (mil2) de años, puede señalarse como empírica, porque si a ver vamos, siempre estamos ensayando. Se trata de falsas clasificaciones de origen burgués, muy reciente con el sistema capitalista.

Sólo las máquinas, como no pueden pensar, son cuerpos inanimados cuyas acciones son siempre realizadas empíricamente, en consecuencia, toda teoría es en sí misma una de las más empíricas manifestaciones laborales, ya que "en las primeras de cambio" la "piratería" o el toderismo también es una suerte de praxis teorizada o meramente especulativa.


[1] Técnico, en sus orígenes, significa empírico; luego, el uso frecuente de la mano de obre derivó especializándose-reducir su extensión en favor de la intensidad-, fue y así como algunos "trabajadores y trabajadoras" pasaron de "trabajos rutinarios multifacéticos, con materiales visiblemente corpóreos (hechura de utensilios de "segunda y primera calidades", como de maderos y piedras toscas, a las pulimentadas). La versión imperial y vulgar romanoclasista de este vocablo, tripalliare de tripallium, fue usado como sinónimo de tortura, una forma que registra la historia burguesa para banalizar a las explotadas y explotados, pasaron, decimos, de trabajos "manuales" a trabajos "intelectuales", a ocuparse de por qué pensamos, por ejemplo: Filósofos (no leemos en la literatura burguesa el caso de filósofas), y modernamente científicos e investigadores a quienes obviamente la burguesía suele pagarles muy bien (Nobelados). A propósito, si la obra de la trabajadora exquisita o del trabajador o exquisito y flamantes resultaran rentables, podrían otorgárselo a algunas científicas e investigadoras e investigadores marxistas, sólo que eso sería pedirle peras al olmo, lo que no excluye la posibilidad de otorgárselo a impostores de gran productividad técnica en ciencias físicas y literarias.



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Manuel C. Martínez


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