Antes fue a nombre de la libertad, hoy es a nombre de los derechos humanos (IX)

Estimado lector, con este escrito se finaliza la serie de ellos, dedicados a exponer diferentes situaciones que el hombre de las dificultades supo enfrentar y vencer, convencido así de como en momentos en que los latinoamericanos y caribeños celebramos el bicentenario de las efemérides de nuestra independencia, se hace imprescindible una mayor investigación y divulgación de los acontecimientos que tuvieron lugar hace 200 años en la región. Es necesario que nuestros pueblos se apoderen de todo ese pasado de luchas, logros y frustraciones, porque los que no aprenden de la historia el accionar noblemente, están condenados a proceder canallamente y entonces pagar las consecuencias. Sería inadmisible que a la altura del siglo XXI, con la conciencia que se ha alcanzado, los latinoamericanos y caribeños cometamos errores como sería el aceptar ofensas que afecten nuestra soberanía, luego de haber combatido y vencido a la España imperial en situaciones desventajosas en el plano militar, pero con un coraje e ingenio que dejó atónito a las fuerza bélicas del enemigo. La valentía e inventiva de nuestros soldados patriotas fueron las claves indiscutibles para alcanzar la separación de España, y es nuestra indeclinable decisión revolucionaria no aceptar ni el más mínimo ultraje de nadie y menos aún de los Estados Unidos en donde sus gobiernos han instrumentado sanciones contra el pueblo venezolano esgrimiendo el chantaje de su poder y amenazarnos hasta con una intervención militar, todo, por pensar los gringos que nadie puede contrariar sus inapelables, para ellos, arbitrarias decisiones en su política exterior, con el propósito de facilitar las acciones de bandidaje de los cipayos que han conquistado en algunas personas originarias de estos países. No, no, durante la revolución bolivariana los gringos, o de cualquier otra nacionalidad, no podrá, ni por la fuerza, imponer sus criterios capitalistas, totalitarios y altamente egoísta y personalista forma de vida. Sin embargo tenemos que estar consciente que este accionar es solo para satisfacer los intereses de una minoría oligarca washingtoniana; o supeditada a ésta.

Los lazos neocoloniales que los Estados Unidos ha venido tejiendo y, en algunos contados casos llevando a la práctica en algunos países por medio de sus fuerzas armadas y casi siempre bajo el pretexto de "a nombre de la libertad" han producido grave daños a esos pueblos latinoamericanos y caribeños en el siglo XIX, pero ahora con su locura de destruir países a fuerza de bombazos e invasiones, particulares y/o con aliados, es "a nombre de los derechos humanos", atropellos llevados a cabo durante todo el siglo XX y en lo va del XXI; lo que definitivamente socava la soberanía de tales países. Doscientos años han pasado y la historia ha demostrado cuanta claridad tenían Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Francisco Morazán, José Martí y otros de los próceres de la región, al plantearse el sueño de una sólida unión de nuestra América al descubrir las apetencias imperiales de EE.UU. sobre nuestros territorios. Sólo los eunucos mentales y los faltos de sentimientos humanistas, no podrían reconocer es así. La tarea que ahora se presenta al venezolano, es la necesidad de profundizar en el estudio de la historia de Nuestra América, pero no solo en los hechos heroicos y en las grandes batallas militares y políticas que libraron nuestros libertadores, sino también en la conducta seguida por las fuerzas reaccionarias, esas que hicieron todo lo posible por evitar la independencia y la unidad de nuestros pueblos. Es imprescindible, hoy más que nunca, poner al descubierto quiénes fueron los enemigos internos y externos de ese proceso libertario, pues no es casual que en la actualidad, cuando nuestros pueblos siguen luchando por mantener e incrementar su independencia y avanzar hacia una sólida integración, los enemigos de ayer sean los mismos de hoy. Como parte de este estudio vamos a dedicar algunas páginas para describir y analizar el papel desempeñado por los gobierno de los Estados Unidos frente al proceso de independencia en América Latina y el Caribe; así como ante los planes unitarios impulsados por nuestro Simón Bolívar.

Conocemos como Bolívar, el hombre más grande nacido a finales del siglo XIX, murió con el alma despedazada al observar como lo que él, Sucre, Urdaneta, y otros patriotas fieles seguidores de su persona e ideario habían construido, soportando las mayores inclemencias de tiempo y espacio, otros de sus llamados amigos traicionaban los proyectos de emancipación y unión Latinoamericano y caribeño, y acabando, momentáneamente, con el sueño más grandioso que hombre en el mundo tuviera. Sin embargo, las ideas nunca mueren y resulta que suele suceder ellas sean puestas en vigencia por tratarse de algo subliminal.



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José M. Ameliach N.


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