¡Carola, dile a Maduro que pare!, o nos quedamos sin fiscal y sin presidente

Perseguir a la corrupción sin acabar con la fuente que la alimenta es un acto de hipocresía. Como dice Aníbal Lester, "se codicia lo que tienes siempre a la vista". Y lo que tenemos a la vista es la posibilidad de ser ricos y famosos, de forma rápida, al ritmo de los tiempos de ahora.

Desde el comienzo este gobierno apostó por resolver los problemas económicos desde la perspectiva capitalista y dentro del capitalismo. De forma pragmática compró la lealtad del chavismo a través de cosas materiales, de regalos, y actos de generosidad voluntariosos, sin medir las consecuencias que eso traería en la consciencia turbada del chavismo todavía dolido por la muerte de su líder y por la fragilidad de sus ideas. En muy poco tiempo la población en general estuvo sumida en una carrera desenfrenada por adquirir cosas y consumir de todo lo que nunca antes pudo; hasta el más pobre pudo ostentar de lujos antes vistos y hacer negocios con ellos. Comenzó la raspadera de cupos y el tráfico de dólares. Los viajes a Ecuador, a Aruba, Panamá.

Y en cuatro años, los únicos valores que nuestro presidente hubo fortalecido fue estimular la vida de la clase media pequeñoburguesa consumista y pretenciosa, el facilismo, el disfrute de cosas materiales inauditas sin ni siquiera exigir una sola contraprestación moral a cambio. Conductas que distan del sacrificio personal y la solidaridad con el que menos tiene y puede, es decir, no fueron en nada socialistas.

En cuanto a la austeridad y el ahorro como doctrina socialista, se hizo todo lo contrario. El consumo de energía se centuplicó, de gasolina, comenzaron la fallas en la planificación y en los sistemas, se agotaron los insumos, los importadores trajeron de todo y se hicieron multimillonarios, la especulación y el contrabando se expandió. Mientras duró, hubo un país feliz.

Con un país así fue fácil para el imperio y para el capitalismo corrupto y "corruptor" comenzar a pagar por el alma de todo aquel que le fuera necesario a sus fines políticos en medio de la "revolución". Un pueblo consumiendo como Gargantúa, sin otra razón de vida que compensar sus insatisfacciones históricas de clase pobre, una "clase media" aprovechando de la rebatiña, una burocracia viajando, comprando, vendiendo, "superándose", subiendo de nivel, a razón de sus volúmenes de negocios y ostentación, como cualquier "clase media pequeñoburguesa", no podía regresar a la pobreza (pequeñoburguesa) de nuevo.

Vino la crisis del precio del petróleo. Y aquella "raspa cupos" que viajó a Ecuador, que celebraba los cumpleaños "temáticos" de sus hijos en hoteles del litoral, ahora empezó a vender ponquecitos en el trabajo para pagar "las tarjetas", luego a bachaquear, y más tarde a robar engrapadoras y papel tamaño carta. Si eso hicieron los más pobres ¿Qué quedaría para los que tenían cargos de dirección en la burocracia gubernamental? ¿Qué quería el Fiscal y Maduro que hicieran, hacer la revolución por ellos? Mucha candidez o mucha hipocresía.

Dicho de otra manera, si cuando Chávez estaba vivo él tuvo que pelear duro en contra de la inconsistencia política de sus ministros, contra de la falta de atención a los problemas fundamentales, contra el "mareo", contra los aduladores y farsantes, atajar muchos corruptos antes de que delinquieran,… y aun así lo marearon, lo engañaron, lo traicionaron en sus narices; muchos robaron y se fueron con el mecate amarrado en la pata: ¿Que esperaba Maduro de su gobierno pragmático, capitalista, generoso? ¿Eficiencia?

La corrupción no es causa de nada, es la consecuencia de una manera de vivir en el espíritu arribista, escalador de méritos fatuos y reconocimiento públicos sobre la base de la riqueza y el poder de compra (no de su "riqueza interior" o de su "santidad"). Aunque parezca para muchos marxistas una ligereza, el mercado del lujo, el más estable de todos los mercados, está detrás de todo esto, de la carrera desenfrenada de vivir "diez minutos de fama". Señora Carola, si acaso me lee, la corrupción ahora no desprestigia a nadie, para eso existen las leyes, que hacen de proveedores de indulgencias, otro tipo de indulgencias, "indulgencias liberales": con un buen abogado y dinero todo se puede, hasta darle un alma al más desalmado de los seres, limpiar de culpas al más pícaro corrupto de los dictadores (o presidente elegido democráticamente). Aquel escrupuloso, que se suicida avergonzado de sus trampas, va en busca de las otras indulgencias por otros caminos.

De eso se trata hacer una revolución socialista, de cambiar todo, de demoler todo el capitalismo hasta los cimientos, de arrancarnos con todo el dolor que eso suponga, todos los valores burgueses y pequeños burgueses de nuestras prácticas de vida y sociales. Si aun así apareciera otra forma de corrupción que sea aquella que nos obligaría a cambiar y siempre cambiar. Sin acabar con el sistema mercantilista (el fetiche de la mercancía), de privilegios, clasista, segregacionista, racista, sexista, exclusivista, cuya su única razón de ser es la propiedad privada (la grande, la de los medios de producción de cosas materiales fundamentales para la vida), siempre se derramará sobre la sociedad el chorro de las tentaciones y florecerá como un jardín de enredaderas la corrupción.

23/11/ 2017



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Marcos Luna


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