La muerte de Santos Yormes

Hace poco, alguien que obviamente no te conoce me alzó la voz para defender tu honorabilidad y no sabes cuánto lamento hoy no haber podido restregarle en cara tu artículo de la semana pasada, para demostrarle el terrible error que comete preservándote de unas agresiones contra ti, que quien motiva a diario eres tú mismo.

En ese artículo te jactas de acusar a Chávez, con tu proverbial y enconada retrechería, no sólo con aquello de “se te pasó la mano al negar de plano los avances evidentes durante los 40 años de democracia”, sino con la insólita atrocidad de: “Para el momento cuando se inició la multimillonaria campaña de la Misión Robinson, Venezuela tenía 94% de alfabetizados” (Sic) y otras linduras, como a las que estás tan cómodamente acostumbrado ahora.

Qué lástima, Pompeyo… tanta gente que murió por la causa que tú, entre otros que no se cansan hoy de escurrir el bulto, enarbolaste, y vienes (como si nada) a hacer esta tan demencial revelación acerca del país fabuloso que tú dices ahora que era Venezuela.

¿A ti no se te pasó la mano? Si en verdad ese era el país, ¿por qué hiciste entregar su vida a tanta gente a la que durante décadas le exigiste lealtad a una causa en la que en el fondo no creías?

¿A qué se debía Santos Yormes? ¿Fue mentira aquella persecución?

¿Hasta cuándo esa farsa de quejarse hoy de totalitarismo y de militarismo, cuando dices que luchas por la unidad de los venezolanos pero le niegas a otros el inmenso movimiento popular que han logrado construir y cuando sabes, además, que militarismo no es soldado trabajado abnegadamente junto al pueblo, sino ametrallando gente como en el Irak del que jamás hablas, por ejemplo?

¿Será en verdad tan insoportable el rencor que puede llegar a padecerse porque un joven barinés cualquiera arribe a conclusiones que para un veterano revolucionario debían haberse caído de maduras y que además, en vez de consagrarse a alguna quimérica montaña, salga a la calle a buscar al pueblo, lo consiga y sufra con él para hacer, sin mucha complicación unitaria ni de infames coordinadoras, lo que debían haber hecho unos cuantos “insignes revolucionarios”?

Tan fácil que era colocarse al lado de la gente y evitar que Santos Yormes falleciera de puro servilismo al imperio.


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Alberto Aranguibel B.

Comunicador social e investigador. Conductor del programa Sin Tapujos, que se transmite por Venezolana de Televisión. Asesor Comunicacional y de Imagen en organismos y empresas públicas y privadas.

 albertoaranguibel@gmail.com      @SoyAranguibel

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