El reformismo de Maduro y los que se quejan de él

El reformismo aflora como un musgo en un espacio que hay entre la idea clara de la revolución socialista y la devastación capitalista. Se parece a las reivindicaciones sindicales dentro de los gobiernos "democráticos". O podríamos decir, tiene el aspecto de la democracia burguesa. Sirve a los adecos y los que actúan como ellos, es el musgo de la clase media corrompida. Por eso decimos que o se hace una revolución verdadera para cambiar la sociedad o se acepta el régimen de vivir hasta el fin de los días en una sociedad clasista, cada vez más despótica y autodestructiva. Y ese final trágico de nuestros días de esperanza lo tenemos encima, no es retórica.

Hay un individuo que cree en él desde el universo de los deseos y del eterno malestar. Es la vida de los que se quejan de las injusticias sin pelear. Al contrario de los que se jalan los pelos por las dificultades la lucha por una sociedad distinta nos hace vivir con intensidad, al punto de amar las adversidades, así esto suene a locura. Sin adversidades no hay sueños de cambios ¿Para qué cambiar si no las tenemos? Están ahí para que las superemos, como superamos la fuerza de gravedad cuando nos toca caminar erguidos. Pero una "extensa capa de la población" como diría cualquier candidato, prefiere quejarse de la corrupción que hacer la revolución, es decir, lamentarse que cambiar él y cambiar al que tiene (o lo que tiene) frente a él, como un reto de vida, dar buenos ejemplos. Y quejarse no es un buen ejemplo para nadie.

El hombre quejumbroso no es distinto al reformista, son "cara y cello" de la misma moneda. El quejoso se calma, con solo pasarle la mano por la cabeza y darle una caja de bombones… Y un ministerio "con cartera", por supuesto. El caso es que, con un poco más de "felicidad personal" el llorón comienza su transformación, deja la sensiblería, olvida la contaminación, la delincuencia. Las nuevas "oportunidades" le cambian la forma de ver la vida; con una pequeña parcelita de poder el quejoso se hace más simpático, más feliz y generoso, y amigo del dinero; es la felicidad de sentirse "dentro" de los males de la sociedad y no debajo de ellos, padeciéndolos (¿Quién es el burócrata que se roba y vende repuestos de vehículos que no le pertenecen, o el que se roba el papel tualé de los baños, el que raspó cupo, que se lleva las engrapadoras mal paradas, las computadoras, el que hace trampa con las licitaciones y contratos públicos, se roban las medicinas y los aparatos de los hospitales públicos… etcétra? Ese burócrata es uno de esos, que, antes de ser "feliz" vivía quejándose de lo que ahora "practica" sin mucho pudor)

La otra cara de la moneda, es la cara de la felonía.

Maduro y su equipo de gobierno (la otra cara de la moneda) no creen en que debamos cambiar el sistema; la Paz por sobre todas las cosas. Un cambio radical de la sociedad, adelantar una revolución socialista, supone mucha tensión y es sobre todo mucho trabajo intelectual. Por flojos traicionaron la voluntad de Chávez impresa en el Plan de la Patria. Este proyecto tuvo que ser falsificado y convertido, de un Plan de Acción política a una Ley, con artículos que obligaran a colocar al país a favor del capitalismo. La nueva Ley (constitucional) de Protección y Promoción de Inversiones, introducida en la ANC, es la expresión más elocuente del traspaso pacifico de las conquistas de Chávez a las manos de los capitalistas. Lo alcanzado por la revolución suma conquistas en la propiedad social y en la conciencia social. En los años de Chávez todos sentimos en algún momento el deber de intentar salvar a la sociedad en su conjunto, en contra del individualismo a ultranza cultivado por la clase media, y del egoísmo mezquino propio de la sociedad burguesa y aburguesada; la "mala conciencia" pequeñoburguesa que obliga ahora mucho más que antes a nuestro espíritu. Todo este cambio fue revertido en cuatro años dando toques muy inteligentes a la economía y a la sociedad en su conciencia, estimulando la escala social y el materialismo. Del ímpeto chavista por salvar al país, de la esperanza fundada en los cambios radicales a toda la sociedad no queda nada. Mucha gente se burla de esta pérdida, prefiere el fatalismo adeco, el chisme, tender hacia fuera su resentimiento, con la esperanza de ser feliz algún día.

Los hospitales y el sistema de salud son un desastre, y así será siempre, mientras el mercantilismo y el materialismo decidan sobre nuestra conciencia. Esto hace la diferencia, mientras nos domine el egoísmo y el mercantilismo siendo servidores públicos, mientras la sociedad no trabaje para la sociedad, que entienda que salvarse como individuo, es menester salvar a toda la sociedad en su conjunto.

La socialdemocracia es una de las tantas formas en las cuales se realiza a plenitud el capitalismo. No hay socialdemocracia o democracia burguesa que no esté asociada al capitalismo. Y a la inversa, no hay capitalismo que no se pueda desarrollar en un ambiente de "democracia representativa" y clientelar. Este gobierno disfrazado de revolución socialista, está consolidando sus compromisos con los llamados inversionistas extranjeros, con el capitalismo mundial, y con los oligarcas y capitalistas que hacen vida dentro del país, con el pretexto de pacificar al país. Y acercando al mingo la bola de los sindicatos. Así no se le puede exigir eficiencia a los servicios públicos, con este coctel pacificador la sociedad se envenena. Pareciera que esa Paz forma parte de un plan privatizador que se desarrolla lentamente pero sin pausa en los servicios públicos. Dentro de unos años lo veremos. Las Misiones como Barrio Adentro están destinadas a burocratizarse y morir.

La Paz de la dominación y control capitalista siempre ha sido la excusa para hacer la guerra al socialismo. Y este gobierno lucha en contra del socialismo; no por el socialismo o con él. Por más que lo disimule, el estado de los hospitales, el desinterés colectivo por los males que puedan sufrir nuestros hermanos, el control hegemónico de la economía por los banqueros y los mercachifles, alentados y apoyados por el mismo gobierno, la desintegración de la sociedad en una lucha de todos contra todos, o sea, la realidad, lo desmiente. El rey está desnudo, pero, inclusive, parece que lo sabe, ya perdió la vergüenza ante su pueblo. Se siente guapo y apoyado.



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Marcos Luna


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