La inmediatez, la constituyente, las elecciones y el futuro extraviado

La satisfacción de las necesidades básicas mantiene a todos encerrado en sus pequeños mundos. La mirada es corta. Se vive al día. Se piensa en el día. Es el efecto propio de un dolor de muelas, sobre el cual se busca el alivio inmediato inclusive a costa del diente enfermo, sin pensar que más tarde podría sernos útil. Las elecciones a gobernadores calman por un momento el dolor de la incertidumbre, igual pasa con los aumentos de sueldos, actúan como calmantes de efectos fulminantes pero no curan nada. Las medidas de controles de precios y los discursos presidenciales son malos placebos; la realidad es otra cosa. En la calle se vive otra cosa distinta a los discursos y disposiciones presidenciales y ahora todas esas promesas electorales. Nadie habla de candidatos, nadie espera nada distinto a lo que hay, no hay esperanzas bien fundadas, solo la vida que cada día es más costosa, resolver el día, buscar efectivo, maldecir, desconfiar y distraerse de todo eso los fines de semana.

También las elecciones son una forma de distracción, pero inducida; un derroche de mentiras y promesas para marchemos a votar. El día de las elecciones es como ir a una final del beisbol (siempre ha sido así). Un día medio festivo, pero nada más; el día pasa, se comentan los resultados y al siguiente continúa la rutina letargosa de siempre, ni pendientes en cambiar el mundo. Dice Allan Wood, el marxista inglés, citando a Trotky…"¿Qué es una revolución?" Y contesta (Trotsky): es una rareza en la historia en la que las masas –los millones de hombres y mujeres corrientes que normalmente no se interesan por la política– comienzan a participar de la política y a tomar su destino en sus manos”… Bueno, hoy la gente en la calle no se interesa más que por lo propio, por ellos mismos, el destino lo llevan dentro, resignados a que las cosas no cambien. Han vuelto al pasado, y ni lo notan, cuando la vulgaridad de las promesas electorales significaba la única esperanza de que las cosas fueran un poco diferentes en lo personal, la esperanza cimentada en una picardía, en la demagogia y en la ignorancia.

No hay esperanza en el cambio social; con las elecciones ya se sabe que no habrá cambio, ha muerto la revolución, ha muerto el interés por la política, murió la lucha. Esta es la Paz que quería y quiere Maduro, la de un pueblo sin esperanzas; domeñado, vencido por impotente: porque el chavismo no puede pelear a la vez en dos frentes, está confundido: contra los explotadores, especuladores y hambreadores de la población, y contra el Gobierno que dice que los adversa, pero que no hace nada para que las cosas cambien de verdad (para bien de toda la sociedad). El gobierno ahora está con los empresarios, los apoya, se asocia con ellos; siendo así ¿qué se pueden hacer los chavista sin un líder que les dé razones para la lucha; los que existen los abandonan en nombre de la Paz?

Dice Allan Wood: …” No se puede hacer una revolución a medias, porque va a ser peor que antes. O derrotamos a la oligarquía (los terratenientes y banqueros) o ellos nos derrotan como el día sigue a la noche. Y eso es lo que sucedió. Venezuela es un desastre ahora porque el intento de combinar el mercado libre con el "socialismo" (entre comillas), un régimen muy corrompido, termina en una catástrofe económica y una gran desilusión de las masas.”… Alan Woods entrevistado por Rosarioplus.com

(El pragmatismo madurista es otra forma de la inmediatez; entregarles el destino de la “nueva sociedad” a los capitalistas y complacer las insatisfacciones de los pobres con cosas materiales, los dos objetivos a la vez; aplacar el conflicto llenando los bolsillos burgueses y los estómagos y la vanidad de la mayoría pobre)

A la distancia las cosas se ven más claras, como Allan Wood ve ahora a Venezuela, hay que hacer distancia para poder ver el bosque. Pero ¿puede percatarse nuestra población chavista de este engaño, de esta farsa política, cuando la rutina, de ir de la necesidad a la distracción y luego a la necesidad, nos mantiene a todos ocupados, atontados o asustados? ¿Cómo podemos hacer distancia y ver más allá de unas elecciones burguesas, a pesar de que con ellas todos estamos perdiendo, en especial la revolución, en esa farsa nadie se expresa, nadie elige, nadie gobierna? No podemos, estamos atados al árbol de nuestra propia inmediatez. Todo conspira para que olvidemos la revolución socialista, la conciencia socialista, eso de conquistar nuestro destino luchando juntos. Hoy el gobierno apoya las asociaciones con la misma oligarquía que ayer era el enemigo vencer, en nombre de la Paz; en nombre de la Paz se entrega en cuerpo y alma a unas elecciones vergonzosas, a pesar de haber convocado una Asamblea Constituyente. Hasta el más perspicaz de los chavistas se niega a ver esta contradicción o se hace el tonto, se tapa los oídos, cierra los ojos y no piensa; nadie quiere ver más allá por miedo y cansancio; los constituyentes prefieren seguir creyendo en que la Paz, tienen cuidado de no disentir del gobierno aunque tengan formalmente el poder, inclusive de cambiar a favor del socialismo con el mecanismo de la Asamblea. Si acaso todavía quedan restos del chavismo no hay líderes, nadie quiere inmolarse como Chávez por la revolución socialista, prefieren la Paz, hacer como si trabajan por la sociedad –sin trabajar –, prefieren disimular.

Las amenazas del imperio son una excusa para abandonar la revolución socialista, lo que debería servir más bien para alentarla. La inmediatez de nuestras propias necesidades no permite que veamos que, precisamente por amenazas como las que hace el imperio y por las espoliaciones capitalistas es por lo que tenemos que adelantar un cambio socialista una verdadera revolución socialista.


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Marcos Luna


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