El pretexto de la Paz y el reto del socialismo

Esta es una reflexión teórica, absténganse de leerla los tareistas cansados y cansones, aduladores y manipuladores oportunistas. ¿Para la paz? Para la Paz se necesita igualdad y justicia socialistas, o sumisión y resignación, ustedes deciden: socialismo o capitalismo, socialismo o barbarie.

La violencia que quiere evitar maduro es la de la muerte, la destrucción y el latrocinio evidentes, pero dejando pasar a los tres, disfrazados de señores del progreso, en el capitalismo. Por petición del presidente este último (el capitalismo) debe ser tolerado pasivamente por todos: hasta aquí diremos. Digo, sin entrar en detalles del porqué debe ser tolerado por el pueblo socialista o chavista, o de dónde sale ese consentimiento ahora por el capitalismo.

No obstante la igualdad y la justicia no garantizan por sí solas la Paz. Ni la Paz de los pasivos garantiza a la justicia y la igualdad, como creo que lo piensa Maduro. Para el socialismo la Paz es una forma de violencia consensuada o si se quiere disminuida en el debate y la crítica democráticos, un poco como la disipan los "nacionales" y sus nacionalismos mediante el futbol o las olimpíadas (más allá de las trampas y las exacerbaciones fanáticas). Con el "control" que supone el debate político, la crítica, el asambleísmo, y un mínimo de consenso y respeto por las reglas, se puede sostener la paz en el tiempo. Entonces para la paz se necesita: igualdad, justicia y verdadera democracia socialistas. Paz sin ese mínimo de violencia que es la disensión, en combinación con la crítica y el debate, es como esperar tener salud sin un mínimo de enfermedad, o vida sin la presencia de la muerte. Negar la muerte es negar la vida de calle.

Si la igualdad y la justicia no pueden garantizar la Paz –sin ese mínimo de beligerancia-, mucho menos puede garantizarla la sumisión al poder del dinero y al "derecho a la explotación", al patriarca represor, y a todo lo malo que significa vivir con el capitalismo, como jefe de nuestras almas. Sin lucha de clases no habrá nunca Paz, sin cazar esa guerra es imposible hablar de Paz.

El pensamiento que se impone al hablar de Paz es dialéctico. No se trata de alcanzar la Paz, se trata de sostener en el tiempo la poca que se consiga y para lograr esto no se puede evitar la confrontación con el enemigo, por más que invoquemos la Paz y la deseemos, y menos a costa de nuestros principios e ideales.

Entender esto es fundamental para una acción política lo más congruente posible, para prácticas políticas y de vida con verdadero carácter. La contradicción es connatural a la humanidad pero el ideal de la humanidad es luchar por sintetizarlas, hacerlas racionales pero en otra cosa, en un cambio, en algo distinto, superarlas, de eso se trata el socialismo y el ser un verdadero comunista: una lucha constante por la perfección, que triunfe el amor por la humanidad dentro del caos capitalista que la descompone. Trágicamente, la perfección misma no existe sin la contradicción, como la vida sin la muerte, la felicidad sin el dolor, la paz sin la disensión…

En fin, a pesar de este hecho trágico, los socialistas no dejaremos de luchar por nuestros ideales, a pesar de la muerte, la violencia, la ambición, la mezquindad, a costa de la vida misma. Mientras el otro, el pusilánime socialdemócrata, alcanza la victoria resignado, viviendo su vida como vasallo del sistema, bandeándose desde sus instintos a los valores pequeñoburgueses apostados en su corazón, como todo animal oportunista.

La paz no existe mientras no se reconozca la existencia de la injusticia, de las diferencias, de los privilegios materiales. La igualdad espiritual, en cambio, es reconocerse como diferente al otro. Desde el punto de vista de los deseos y los valores, no se puede pretender ser igual a los demás; si ya todos somos iguales en nuestros seseos y valores (como es el caso de nuestras mayorías) sería redundante o contradictorio políticamente, moralmente, pretender alguna igualdad entre quienes sienten y piensan iguales, sería una farsa o una estupidez. El socialista no quiere tanto igualdad espiritual para la sociedad como cambios en la sociedad, en la forma de llegar a ser iguales, porque de hecho ya casi todos lo somos, como hijos del capitalismo.

Es el caso del pequeñoburgués, ¡Qué más igualdad que la del espíritu gregario del pequeñoburgués! Pero al pequeñoburgués no le importa la igualdad material, porque lo que excita a su corazón, como comunidad, es esa desigualdad, la ambición material, la competencia, la ostentación, el lujo, la "echonería". Por eso decimos que la Paz no existe mientras no se reconozca esa desigualdad material, ese conflicto y contradicciones bullendo en el interior de nosotros y gobernando al espíritu de la sociedad y sus estructuras, al orden social. Dentro: por un lado hablas de justicia y por el otro maltratas a los que te sirven. Y fuera: pasa… exactamente lo mismo.

Ya debo concluir, si no lo hago rebasaremos nuestros límites. Y se convertiría en otro pretexto para algunos infalibles de maldecir la teoría, la reflexión, la crítica, la autocrítica (o la pedantería, dependiendo de qué tan infalible sea el lector)… ¡No creemos en la Paz, lo sentimos mucho por nuestros amigos adormilados! Nuestra vida, además de ser una gracia divina y un reto a la muerte, es un infierno de contradicciones y debilidades… Pero bueno ¡Bien aventurados aquellos que llevan la paz en su corazón (los psiquiatras, los presidentes orgullosos y sus ministros, los aduladores y pusilánimes) que de ellos será el reino de los cielos! (Algo es algo) Nosotros insistiremos en buscar la paz en la guerra, en el conflicto y en la tierra, ¡conquistar el paraíso en la tierra!, dentro de los hombres, sin prometer mucho, a pesar de la guerra: ese es el reto socialista.



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Marcos Luna


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