Venezuela, Colombia y el partido político FARC

En alguna temporalidad de esas que se quedan conviviendo con el inconsciente personal, una excelente amistad nos comentaba cuasi inmediatamente a posteriori al haberse alcanzado la paz en Centroamérica que no tardaría mucho tiempo cuando las FARC-EP serían derrotadas y, en consecuencia, tanto América Latina como Centroamérica quedarían libres de la realidad que constituyeron aquellos movimientos de izquierda quienes tomarán la decisión de insurgir contra el establecimiento liberal-burgués latinoamericano y centroamericano durante, fundamentalmente, aquella década de los años 60 del siglo próximo pasado.

Quien así nos comentaba quien era y es, probablemente, aún, considerado todo un muy serio analista de la política latinoamericana, quizás, uno de los más serios pensadores de derechas con el cual hemos tenido la ocasión de conocer, conversar y alcanzar una muy seria amistad de mutuo respeto; intelectual venezolano quien conocía muy bien los derroteros políticos de las izquierdas latinoamericanas por lo que nos sorprendió con tal enfática aseveración en seria afirmación y convencimiento.

Respetuosamente pero con vehemencia procedimos a responderle que las realidades insurreccionales que se manifestaban en Colombia para nada eran ni cercanas a aquellos procesos revolucionarios que se gestaron y desarrollaron en Centroamérica.

En ese orden, quienes habían tomado las decisiones de asumir el tratar de "darle un alto" a tan cruenta, sangrienta y terrible confrontación centroamericana cual rallaba, cuasi, diariamente al asesinato, sin distingos de lados de las aceras, por donde caminaran los involucrados, eran personalidades que procedían de decisiones tomadas en el centro de Caracas.

Es evidente que nos miró con casi su típica mirada en seriedad reiterándome que estábamos errados, equivocados, porque el tiempo le daría la razón; claro, le respondimos en los mismos términos quedándonos con la profunda intriga sobre su razonamiento y, en considerando sus capacidades analíticas de las políticas revolucionarias latinoamericanas, nos preguntábamos el porqué pesaba tanto su ideología tapando la objetividad del análisis profundo y obligante ante escenarios asimétricos pero sosteniendo, aún así, siempre el respeto por la opinión del Otro que se mantuvo y se mantiene.

¿Qué ha hecho que los diferentes procesos colombianos de insurrección hayan sido en sus praxis tan profundamente diferentes a los procesos que se gestaron en otras latitudes latinoamericanas?

Tremenda pregunta de muy difícil respuesta que siempre estará cargada de una subjetividad en ambos lados de la calle del serio análisis, estrictamente político, dejando en el tintero esa tremenda carga ideológica que en algunos actores de la política de derechas está tan profunda en odios dirigida hacia fundamentales actores de la izquierda latinoamericana, incluida Cuba, como, también, nos los hemos topamos en los sectores de las izquierdas, independiente de los contenidos ideológicos, de las experiencias personales y colectivas, de las duras confrontaciones armadas y de calle, de las heridas consecuenciales producto de esos dramáticos enfrentamientos.

Ellos, en frecuentes oportunidades, no permiten el análisis serio, profundo, objetivo y frío de los diferentes escenarios políticos en cualesquiera naciones latinoamericanas se hayan expresado y, siendo ello una muy seria e importante variable, es bien utilizada por los diferentes órganos de contra-inteligencia para mantener vivos esos odios de lado y lado sin importar los tiempos históricos por los cuales transitemos, políticamente, como se observa, justamente, en Colombia con aquellos sectores sociales uribistas quienes además de ser y estar militantemente contra cualquier proceso de paz que signifique la presencia legal-acordada, según paradigmas aceptados, de la "guerrilla colombiana" en la cotidianidad social del "ser colombiano", es profundamente rechazada, esa presencia, sin estar presente una seria reflexión objetiva sobre el "ser político", sobre el "proceso político" colombiano a corto, mediano y largo plazo.

Así se manifestó socio-políticamente en las realidades que se gestaron en la Nicaragua revolucionaria.

La actual realidad colombiana que manifiesta ese odio anti-guerrilla-colombiana se ha transformado en un odio social inducido en ciertos niveles altos, medios y bajos de la sociedad colombiana transformándole, a la vez, en un odio político contra Juan Manuel Santos considerándole como "el traidor" de lo tradicional-histórico de la política colombiana en el marco de lo que percibimos como la muy seria confrontación de "lo tradicional" con "la provincia" y viceversa.

La América Latina considerando su extensión geográfica desde el sur del río Bravo y al sur de la península de la Florida hasta la Patagonia argentina y el sur de Chile, se ha expresado socio-políticamente en su carácter telúrico desde el mismo proceso de nuestras Independencias latinoamericanas cuales han impreso en el inconsciente colectivo social de toda esa región, una rebeldía rebelde que se expresa en forma diferente según cada nación y su entorno geográfico.

Es, en ese orden, que cualquier proceso revolucionario latinoamericano según la extensión geográfica arriba descrita en considerando su Historia general y las objetivas particularidades nacionales, es y siempre será uno solo no solo por esa Historia que nos hermana sino por las contradicciones profundas tan bien precisadas por El Libertador, don Simón Bolívar, en diferentes momentos y escritos en cuanto se fuera refiriendo a esa contradicción fundamental pero profunda que significa nuestro vecino del norte, los EEUU de América.

Es por ello que el razonamiento de nuestra apreciada y respetada amistad fue de importante significación cuando se expresó con aquella frase-propuesta-en-idea-conclusiva al referirse a la situación insurgente por la cual transitaba la sociedad colombiana, situación objetiva bajo la cual estaba viviendo en aquellos momentos de tránsito en Centroamérica en aquellos años finales de la década convulsionada de los años 80.

Desde nuestra óptica, desde nuestros pareceres, el mayor error cometido por esas derechas continentales es esa contradicción que se expone entre la Historia Real Independentista frente a las aspiraciones político-ideológicas adscritas a sus pensamientos del eurocentrismo-católico, esa ideología judeo-cristiana impuesta a troche y moche, a sangre y fuego, buscando tratar de imponernos una recolonización liberal como aquella que se significaba en desarrollar políticas no solo anti-comunistas sino anti-nacionales, políticas dependencia como la de "acostarse con el Imperio norteamericano", de negar nuestra natural e histórica teluridad como negar las realidades geo-sociales de una autóctona teología antropológica americana, sí se nos permite utilizar ese absurdo vocablo "americana" para nada histórico, de ese profundo desconocimiento del Otro más producto de un análisis social-positivista y malthusiano de la Historia continental americana; evidentemente el negar la presencia de la "lucha de clases"; expresión socio-político-ideológica profundamente contradictoria con la mismísima realidad de "lo socio-autóctono continental" en su íntima realidad histórica continental.

Esos son algunos de los errores, a título de ejemplos, cuando nos tropezamos con las declaraciones de Vicente Fox como las expresiones públicas del candidato por Acción Democrática a gobernador por el estado Monagas, quienes expresan, conscientemente, esa alienación al euro-centrismo ideológico-racista.

¿Es qué acaso no se expresa en Colombia esa misma realidad social?

Ello nos lleva en inevitable pregunta sobre el porqué nuestra respetada amistad consideró que la "guerrilla colombiana" tenía "los días contados". Nuestra amistad, por cierto, quien es orgullosamente afro-descendiente y provinciano de raíces muy telúricas, sociólogo de profesión además de analista de la Política Internacional, aparentemente, no percibió esas contradicciones objetivas en la realidad colombiana que eran en sus realidades independientes de la evidente carga ideológica de derechas de nuestra respetada amistad.

Claro, en el calor de la conversa, le expresamos que para nada eran comparables ambas realidades, la centroamericana con la colombiana, por diferentes razones, que, creemos recordar, procedimos a exponer algunas de ellas. La memoria siempre traiciona. Como también creemos recordar el haberle expuesto que esa expresión guerrillera colombiana ni siquiera estaba cerca de ser paralela, parecida, similar, a las realidades que se habían expresado en los avatares políticos venezolanos durante la década de los años 60; como también le manifestamos que el proceso de paz que se gestó, por cierto, inteligentemente, dirigido por Arístides Calvani, cuando se confrontara con los sectores militares centroamericanos, no era ni cercano al carácter militar de los ejércitos colombianos como tampoco a las reales teluridades de la población colombiana así incomparables con las economías que se desarrollaban en ambos escenarios cuales eran diametralmente asimétricas además de profundamente contradictorias en considerando los desarrollos de los modos de producción en cada uno de los espacios en referencia. Palabras más, palabras menos.

¿Pudieron las guerrillas de las FARC-EP haber alcanzado el Poder fáctico en Colombia?

En nuestra argumentación con nuestro respetado interlocutor, en nuestra respuesta cuasi inmediata, fue que sería muy difícil que las "guerrillas colombianas", por la vía de la insurrección armada, independientemente, de su indiscutible conformación como ejército, pudieran poder lograr la "toma de Bogotá". Aquello era evidente y, probablemente, Tiro Fijo así lo percibió como lo aceptaron los sucesivos sucesores del "Padre de las FARC-EP".

Como le expusimos que tampoco la realidad en la cual se encontraba en aquellos tiempos históricos el gobierno colombiano iba a poder lograr la derrota a esa insurgencia constituida vertical y disciplinada. En ese desarrollo consideramos que lo fundamental era la objetiva realidad histórico-social-colombiana que, inevitablemente, le iría a dar, al menos, el triunfo moral a las FARC-EP para así poder transitar hacia un posible y aspirado proceso de paz político y legal según el marco de la legalidad del Estado de Derecho vigente en aquella realidad colombiana, en su nacional realidad expresada como es la Democracia Representativa más cuando considerábamos que la realidad sico-histórica de la sociedad política colombiana haría, prácticamente, imposible, que se finalizara con un triunfo ni con una derrota, en ambos bando, en sus confrontaciones de "guerra civil" colombiana.

A ello era indispensable adicionarle la autonomía real de esa guerrilla la cual la convertía en el no tener que depender de factores externos para su mantenimiento lo que no sucedía con el status quo político colombiano que había dependido de Washington desde la mismísima "Guerra de Corea". Por ello, en el tiempo, fue la conclusión lógico-militar de instalarse en bases militares colombianas con personal militar y militar-privado norteamericanos.

Venezuela, ante la realidad, real y objetiva, ante el conflicto colombiano.

Pasemos la página. Es una realidad dramática tener de vecinos a la oligarquía colombiana, a esos sectores sociales que, por ideología liberal, por esa realidad novelesca bien descrita por la intelectualidad y escritores pertenecientes a la afamada "Generación del 98" español, por esa religiosidad más cercana al Concilio de Trento que al Concilio del Vaticano, se considere, así misma, como la heredera de los fundamentos político-ideológicos que se sustentaron durante el periodo colonial impuesto por la Corona Borbónica en sus expresiones de gobernabilidad en el marco de las realidades post-Independencia y, a título de demostración, ahí está la objetividad histórica que lo demuestra sin ambages, ni mentiras.

Ese real-complejo de "sangre azul" medieval-religioso es profundamente similar a aquellas realidades hispanas que se manifestaron desde el reinado de Isabel hasta el triunfo de Francisco Franco Bahamonde, en aquel año de 1939. Realidad objetiva por inevitable. Aquella realidad del "campo extremeño", de aquellas temporalidades histórico-hispanas, es profundamente similar a las realidades del campo colombiano con las diferencias lógicas de sus composiciones antropológicas ancestrales. A ese escenario, inevitablemente, le falta la "Santa Inquisición" como necesita profundizar en las realidades significativas expresadas en la novela "Cien Años de Soledad".

Sí nos mantenemos en el marco del análisis positivista, evidentemente, nunca vamos a comprender porque nuestra respetada amistad se equivocó en su aspirado análisis; en consecuencia, es de factura, analizar esa realidad colombiana dentro del esquema de análisis marxista con clara objetividad y necesarias conclusiones.

¿Triunfará la "pax colombianae"?

Todo depende de los avatares que se desarrollen en la realidad venezolana. A título de ejemplo, con las realidades que se sucedieron durante más de tres meses de guarimbas terroristas, sectores de la sociedad venezolana tomaron la decisión de "caminar hacia la libertad colombiana" produciendo, cuasi, inmediatamente, la decisión del Gobierno de Bogotá de "crear centros de alojamiento" para los "venezolanos que huyen del Régimen"; es decir, en sencillas palabras, desarrollar "sencillos y democráticos campos de concentración sin hornos" para "humillados venezolanos".

La Historia se repite. La traición a Bolívar es paralela al trato que Cúcuta les está dando a los compatriotas venezolanos.



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Miguel Ángel Del Pozo


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