Impedir la guerra fratricida en Venezuela

Todo lo que ocurra en Venezuela tiene implicaciones directas en Colombia y América Latina. Mucho más cuando ex-presidentes colombianos alientan abiertamente el golpismo en Venezuela y gobiernos de la región en ejercicio se prestan para organizar complots injerencistas liderados por el gobierno de los EE.UU. Por ello hay que ayudar a desenmascarar la trama que se ha armado, los actores y los objetivos en la mira.

Los demócratas, progresistas y las izquierdas de América Latina no pueden permitir que sus gobiernos –en forma descarada e impune– se presten para que sectores extremistas con discursos ideológicos supuestamente antagónicos, conviertan a Venezuela y a la región en un campo bélico de la confrontación geopolítica global por el control de los recursos energéticos, y que también, le hagan el juego al imperio estadounidense para resolver las crisis de gobernabilidad que sufren los gobiernos que impulsan la restauración neoliberal (Brasil, Argentina, Colombia, México, Perú, etc.).

Los actores locales en Venezuela son dos castas sombrías de dirigentes que a nombre de proyectos políticos aparentemente contrarios ("bolivariano" y "democrático"), quieren mantener o recuperar el control y el monopolio de la empresa petrolera más grande del mundo (PDVSA), que es el eje económico estratégico para controlar el Estado rentista y burocrático de ese país. Son élites desclasadas que utilizan gentes ingenuas y un discurso "patriótico" y "republicano" para ocultar sus intereses económicos particulares.

A nivel regional y global, detrás de cada bando están los capitalistas de "occidente" y de "oriente", unos más agresivos encabezados por USA y UE, y otros más "racionales" y "solidarios", liderados por Rusia y China. Todos, luchan abierta y soterradamente por el control de las reservas de petróleo más grandes del planeta que están en Venezuela, pero también, por el acceso y control de los inmensos recursos estratégicos que posee la región (minerales, biodiversidad, agua, trabajadores, mercados, etc.).

Además, otros actores secundarios, unos ubicados en Miami y otros en La Habana, reeditan la confrontación de la guerra fría de hace 45 años que tuvo como escenario la isla caribeña (Cuba), que ya no es una colisión entre socialismo y capitalismo sino la lucha por sobrevivir cada uno en su entorno: los unos, al lado de Trump y su proto-fascismo "nacionalista", y los otros, a la sombra de globalistas que solo están interesados en sus negocios sin satanizar a gobiernos "comunistas" ni autocráticos (línea Clinton).

Y, de lado y lado, se alinean los aparatos burocrático-políticos de las clases y sectores de clases que luchan por el control de los gobiernos de la región y el repartimiento de las migajas que les deja la gran burguesía financiera global. Todas las derechas latinoamericanas encabezadas por Uribe, Fox, Piñera y Vargas Llosa, financiados por los neocons estadounidenses y las derechas españolas, se ubican con la MUD. Y del otro lado, los representantes de las burguesías emergentes, que se apropiaron de las direcciones de los movimientos sociales de la región, agrupados en coaliciones socialdemócratas y "progresistas" con formas de ONGs, se colocan –muchos de ellos con ciertas vacilaciones– del lado del gobierno del presidente Maduro y el PSUV. Cada uno para mantener sus caudas electorales y participar del botín.

Si la dinámica que están imponiendo los sectores más extremistas de esos dos bandos se convierte en guerra civil e intervención armada imperial, todas estas fuerzas serán polarizadas y "radicalizadas" (alineadas a la fuerza y contra su voluntad) como ocurrió en Libia, Siria y demás países "intervenidos", y no lograrán impedir la confrontación bélica fratricida; quedarán presas de sus lealtades "ideológicas" mientras el gran capital global seguirá jugando y ganando –a su manera– con los intereses y los recursos de los pueblos subordinados y dependientes. ¡Esa es la trampa!

Por ello, hay que desenmascarar los intereses reales (ocultos) y evitar a tiempo que los extremistas "suicidas" nos empujen a un escenario de guerra. Si los demócratas lo impedimos, conseguiremos condiciones de convivencia para que los pueblos y los trabajadores evalúen lo recientemente sucedido, se pueda retomar el rumbo de la construcción de la Patria Grande Latinoamericana y avanzar por caminos de auto-gobierno y nuevas formas de democracias (por inventar) que garanticen justicia social, autonomía económica e integración cultural, bases indispensables para lograr un mejor futuro para las amplias mayorías de la región.

¡Hay que impedir el escenario de guerra entre hermanos!

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Fernando Dorado

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