El cura Diego Padrón tiene al diablo sentado en la nuca

La maldad pesa, decía mi difunta madre, refiriéndose a un sujeto envidioso y malevolente que no cejaba en su empeño de perjudicar y provocar a mi padre. La afirmación de Juana, que era el nombre de mamá, estaba sustentada en el hecho de que el hombre en cuestión caminaba con un hombro mucho más bajo que el otro y su andar era tan extraño que parecía que se le hubiese partido un perno guía.

Yo recuerdo a Diego Padrón caminando, al atardecer, por la avenida Bolívar de Maturín con un peso invisible que le derrotaba el cuerpo y, debo confesar, nunca sospeché cuánta maldad y cuánto odio hacia el pueblo, podía concentrarse en esa alma infame.

Ha pasado el tiempo y ese peso terrible que se le incrusta en la nuca al sujeto de marras, pareciera querer hacerle morder el polvo, le presiona hacia abajo, lo dobla, le derrota. Es el diablo, no cabe duda, pero mientras lo demoníaco le dobla la cerviz, el cura Padrón, subalterno y colega de quien le encorva, se manifiesta, se expresa y de su boca emergen obscuras aves que conducen la muerte y la violencia.

El cura Padrón es uno de los principales voceros del fascismo venezolano y pareciera ser un inspirador consuetudinario de la violencia que se articula en distintos sitios de la república, y que tiene como objetivo profundizar matrices mediáticas internacionales que desprestigien a planteamientos y voceros de la revolución bolivariana, en función de consolidar miradas y visiones espantosas de este proceso revolucionario en la incauta gente de esos países que conforman lo que solemos definir como "internacional".

Pues bien, el señor Padrón, principalísimo activista de los partidos fascistas, Voluntad Popular y Primero justicia, y heredero de los más crueles soldados de la inquisición, ha devenido ahora en impulsor muy activo del llamado plebiscito convocado por la oligarquía. Hace esfuerzos significativos, el cura, por darle justificación a un empeño opositor cuyo objetivo central es propiciar ámbitos de violencia y muerte en la población venezolana para lograr crear condiciones mediáticas que justifiquen una invasión militar eficientemente garantizada por la maquinaria de destrucción estadounidense.

La dirigencia eclesiástica ha dispuesto curas y templos al servicio de la causa de la violencia opositora y ha ofrecido perdones y reverencias a los jóvenes asesinos que trabajan arduamente por eliminar el futuro de todos.

Sabido es ya, a menos que uno sea idiota, que el fulano plebiscito es un desesperado expediente que no tiene asidero alguno en la constitución venezolana; sin embargo, el señor Padrón lo asume y lo difunde como correcto, legal y necesario, inoculando, a través de los medios de difusión, su veneno diabólico para engañar a quienes creen en él.

Como es lógico deducir, el cura de marras le ha dado con todo al llamado a la asamblea constituyente. Despotrica, la calumnia, la tilda de inconstitucional y convoca a la feligresía a ir contra esta iniciativa de paz.

El cruzado de la infamia sabe que debe impulsar el ilegal e ilegitimo plebiscito, porque luego de esta patraña electoral, en que nuevamente la oposición adulterará resultados, vendrá entonces el siguiente paso que es el de establecer un autoproclamado gobierno de transición, que logrará el inmediato reconocimiento del gobierno de los Estados Unidos y de algunos infames gobiernos de la Europa.

Para ello adulterarán resultados de esa aberrante consulta del fascismo y se atribuirán una victoria que sólo será cantada por ellos y que trasmitirá emoción a sus idiotizados seguidores dispuestos a creer cuanto ardid sea ejecutado por su dirigencia.

A la élite del fascismo, realmente le importa poco el número de concurrentes al plebiscito, porque éste no es mas que un ardid, no es otra cosa que una rebuscada y torcida excusa para pasar a la fase final de la insurrección de la oligarquía y de los pendejos que le sirven de escudo. En esta fase articularán todos sus esfuerzos nacionales e internacionales para derrocar el gobierno constitucional de Venezuela.

Es de esperar que en los próximos días, mercenarios y terroristas al servicio de la oligarquía profundicen sus acciones en función de atemorizar a la población, para tratar de que el miedo les haga el trabajo y la gente no salga a votar. Como ya su crueldad está más que demostrada, es de esperar que seleccionen blancos que al agredirlos estremezcan de terror a las buenas gentes para tratar de desestimular su participación electoral.

En esta fase de la insurrección oligárquica será determinante la presencia y asesoría de los jefes varones de los templos católicos, que curtidos en la experiencia histórica de la santa inquisición, aleccionarán a los terroristas en métodos particularmente horribles como ha sido característico a señores que como el cura Padrón han abrevado en las enseñanzas de los inquisidores.

No es de extrañar que la estrecha relación entre terroristas y sacerdotes haya sido inspiración para que se haya quemado vivos a mas de un trigueño con pinta de chavista. Quemar vivos a aquellos que difieren de ellos es una figura muy familiar para los canallas que, con sotana, han llenado el mundo de sufrimiento.

Si los terroristas han sido bendecidos, aplaudidos y ungidos en ciertos templos católicos y por algunos infames de sotana, nada de extraño tendría entonces que estos sujetos hayan asesorado a las hordas asesinas de la oposición para flagelar, incendiar y asesinar venezolanos.

El cura padrón es una de las voces más activas de la oposición fascista; quizá ya no soporte el peso de su propia maldad y necesite descargarla contra la población.

Hasta ahora el pueblo ha soportado estoicamente tales agresiones y la reiterada infamia de curas y terroristas (perdonen la redundancia) pero llegará un momento en que la gente buena del pueblo salga a defenderse de los lacayos de la oligarquía.



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Miguel Mendoza Barreto


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