Diputados: Azuero, Soto y Gómez gozan un montón (VI)

Imagine el lector cuánta paciencia, tolerancia y cambio de sus planificadas acciones tuvo que soportar Bolívar para poder vencer las mil y una dificultades presentadas. Imagine usted la firmeza del valor moral del Libertador para enfrentar y vencer las desbordadas malas opciones le presentaban sus envidiosos enemigos políticos, triquiñuelas e indignas ofertas para tratar de corromperle y hacer tomara decisiones que podían interpretarse como de corrupto o caudillo. Imagine el lector la nobleza de corazón que posee Bolívar, lo pone más que de manifiesto, cuando enfrenta los más despiadados ataques políticos que alguien jamás en posición de mando y poder sufriera, y que nuestro Liberador, nuestro paisano venezolano, el padre de la patria; conservará con toda integridad y extraordinaria lucidez. Si, fueron muchas las desilusiones que Bolívar tuvo que soportar, sin embargo su corazón estaba formado para lo hermoso, para lo grande, para lo justo, para la libertad y ese fue su sendero, el señalado por su querido maestro Don Simón Rodríguez. Por lo cual no es para nada extraño que un hombre que poseyera la nobleza de alma y de corazón de Bolívar, sintiera en sus más íntimos sentimientos una gran amargura por tener que alejarse de sus compañeros guerreros, oficiales y tropas, cuando el Congreso Nacional así lo decretó, fue un golpe demoledor para la mente, para el corazón, para el alma de un hombre como el Libertador. A la vez es imposible dejar de imaginar el regocijo del General Santander cuando supo de la turbación que sufriera Bolívar al leer aquel decreto, seguro Santander estaría celebrando con sus cómplices, diputados Azuero, Soto y Gómez, disfrutando con lentitud el posible envenenamiento de espíritu que creyeron envolvía a Bolívar. A tales señores le venía al pelo la frase del mismo Bolívar "El talento sin probidad es un azote"

Bolívar siempre creyó en la buena fe de la gente y más si ésta le confesaba ser su amigo, era propio de su conducta no pensar otra cosa; no desconfiar de sus amigos. Sin dudas que un enemigo godo no habría podido causarle tanto daño, pero sí aquellos compatriotas que se hacían pasar eran sus amigos. Como sería la pena de Bolívar al recordar que el Vicepresidente, General Santander, el año anterior le había solicitado le concediera, para sí, un ascenso en la jerarquía de la milicia, porque Santander decía no quería que al salir de la Vicepresidencia le fueran a mandar generales que no calzaban las condiciones personales y morales para mandarlo. En este caso del ascenso de Santander, Bolívar actuó muy diplomáticamente, respondió que esa petición la enviaría al Congreso. El Hombre de las Leyes le replicó que tal procedimiento no era de su agrado porque él no se sometería a un interrogatorio por parte de algunos diputados que le tenían ojeriza. Lo cierto era que Santander estaba convencido que aquel pedimento sería rechazado por el Congreso, porque en realidad Santander no había hecho mayores méritos que pudiere justificar un ascenso.

Como el lector también puede darse cuenta, ya Santander demostraba, sin el más mínimo recato, que era un hombre dominado por la ambición, vanidad, envidia y soberbia. Tan así, que ya Santander había hecho saber a sus amigos que Bolívar, aprovechándose de su extrema generosidad, personalmente le concedería de inmediato el ascenso. He aquí una carta escrita por Santander al Libertador fechada el 6 de febrero de 1825. "Sufriré ya mi suerte contra mi carrera militar, porque yo pienso ir a Europa a ver el mundo después de mi gobierno y entonces nada me importa que sean generales en jefe todos los oficiales que creo no puedan ser mis jefes superiores en la milicia" Pero resulta que ya Santander había realizado gestiones para acordarse con los factores de poder en Washington D.C. Para confirmar esa verdad veamos parte de un escrito que, antes de la solicitud de ascenso militar a Bolívar, el 2 de enero de 1824 había presentado a los miembros del Congreso Bogotano. "Con los Estados Unidos mantenemos las más cordiales relaciones. Inmediatamente se os presentará a vuestro examen y aprobación el Tratado de Paz, Amistad, Navegación y Comercio que el ejecutivo ha celebrado con el Gobierno de aquellos Estados. Los principios que hemos aceptado son por su naturaleza bastante recomendables para no tener que empeñarme en su elogio… Colombia va a tener el laudable orgullo de ser el primer Estado de la antigua América española que se presenta al mundo unido por medio de tratados públicos con la nación más favorecida del genio de la libertad"



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José M. Ameliach N.


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