“¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!”

Hace 70 años fue asesinado el gran poeta y dramaturgo español Federico García Lorca. Algunos medios de comunicación destacaron como titular: “Se celebra el setenta aniversario de la muerte de García Lorca”. Sólo un lapsus que fusila el significado de la palabra puede cometer tal exabrupto en el contenido del idioma. Creo que para la cultura y el arte más que conmemorar, debe recordarse con indignación el fusilamiento del distinguido artista destacando la riqueza de su obra. ¿Quién que haya leído a Lorca no recuerda ese poema que en una de sus partes dice: “… Pasadas las zarzamoras, los juncos y los espinos, bajo su mata de pelo hice un hoyo sobre el limo. Yo me quité la corbata. Ella se quitó el vestido. Yo, el cinturón con revólver. Ella, sus cuatro corpiños. Ni nardos ni caracolas tienen el cutis tan fino, ni los cristales con luna relumbran con ese brillo. Sus muslos se me escapaban como peces sorprendidos, la mitad llenos de lumbre, la mitad llenos de frío. Aquella noche corrí el mejor de los caminos, montado en potra de nácar sin bridas y sin estribos. No quiero decir, por hombre, las cosas que ella me dijo. La luz del entendimiento me hace ser muy comedido. Sucia de besos y arena, yo me la llevé al río. Con el aire se batían las espadas de los lirios…”
 

El fascismo franquista cometía uno de sus más monstruosos crímenes. Calló al poeta pero no a la poesía que siguió teniendo vida andando por el mundo en la voz de muchos otros. Mussolini, Hitler, y Franco expresaban todo el lado oscuro y salvaje del capitalismo como Stalin el doloroso estrecho del ‘socialismo en un solo país’. Lorca no se inscribía en ninguna corriente literaria específica ni en partido político alguno. Amaba la anarquía para el arte en la misma proporción que el autócrata detesta la libertad para sus súbditos. Desde el punto de vista literario, los poetas y los dramaturgos tienen la palabra y el conocimiento para describir la grandeza de Federico García Lorca. ¡Por ahora! escribamos de su muerte. Se tiene por primera deflagración de violencia fascista la ocurrida en España contra los republicanos.

 
 

Sobre el fusilamiento de García Lorca se tejieron muchas hipótesis. La muerte de un grande literato con ciertos ‘desórdenes’ en su vida personal, genera muchas controversias. Sin embargo, el asesinato de Lorca, nadie lo dude, fue político. Toda España, como muchas naciones del mundo, sabían que era un artista muy comprometido con el proyecto de la República en todos sus aspectos: cultural y artístico. Ocurre su fusilamiento en plena guerra civil española en la madrugada del 19 de agosto de 1936 en la población de Víznar (sureste de España) por soldados del fascismo. Un mes y seis días antes, José Calvo Sotelo había sido sacado de su casa y asesinado en un cementerio de Madrid. Ese mismo año muere, preso en su propia casa, el gran filósofo Miguel de Unamuno, renegado por fascistas y republicanos. Pocos meses después, ‘maldito sea’, el fascismo asesinaba al insigne revolucionario Andrés Nin.

 
 
El franquismo y no pocos abanderados de la República, en nombre éstos de la ‘revolución’, se llevaron por el medio mucho de la inteligencia española y también de otros países. García Lorca, como todo quien tenga el mérito de ser un artista verdadero, es enemigo del autoritarismo, no sólo porque éste niegue libertad sino por el principio estético que rechaza la degeneración del arte por la política. Fue tristemente célebre aquella consigna maldita con que un día las bandas del fascismo interrumpieron un discurso de Miguel Unamuno, para entonces rector de la Universidad de Salamanca, a los gritos de: “¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!”
 

 García Lorca era un español del mundo, y hasta se podría decir un proletario de la poesía por no tener frontera aunque amaba a España sin la ceguera del chovinista. Una vez dijo: “Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al español por ser español y nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta, por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí, que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política”.
Lorca era mucho poeta para que el fascismo lo dejara con vida, porque su poesía hablaba por todos los dolores de España y del mundo, y que eran las libertades que les faltaban. En final de sus días Lorca sintió no el miedo a la muerte sino a lo misterioso del método con que le quitarían la vida. El 13 de julio de 1936, García Lorca leyó en Madrid, a un selecto grupo de amigos, el manuscrito de su más importante obra teatral: "La casa de Bernarda Alba".  De allí se embarcó en el tren que lo conduciría a la Huerta de San Vicente. No sabía el poeta que iba derechito a las manos del infierno fascista: la muerte.

 

A Granada llegó el terror, ese que persigue, acosa, captura y asesina por reacción del odio racista: el fascismo. Queipo de Llano en tres años pasó por las armas a cinco mil granadinos como mínimo. García Lorca, el poeta, el dramaturgo, el español que detestaba al español nacionalista y no creía en frontera política, no podía ser una excepción que lo excluyera de la larga lista de los fusilables por el fascismo. El 16 de agosto, día en que se entera del fusilamiento de su cuñado José Fernández Montesinos (un alcalde socialista), es detenido García Lorca junto al maestro de escuela, Dióscoro Galindo González, y los jóvenes insurgentes anarquistas: Joaquín Arcollas y Francisco Baladí Melgar. Lorca y sus compañeros de cautiverio, fueron sacados de la celda en la madrugada del 19 de agosto de 1936, montados en un camión que los trasladó a Víznar donde fueron fusilados y enterrados en una fosa común. Dicen que hubo necesidad de rematar al poeta con un disparo en la nuca, porque con los primeros tiros su corazón, lleno de poesías y de esperanzas libertarias, se negaba a callar. Franco, ogro que manchó tanto a España de sangre, tuvo el cinismo de decir que la muerte de García Lorca resultó ser “Un fatal accidente. Ese día el fascismo hizo vestir de luto universal a la poesía. No había sido una muerte por accidente, sino premeditada por una política despótica que detesta el arte que no se le rinde a sus pies para degenerarse.

 


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Freddy Yépez


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