…“Vivir viviendo procura lo que dijera el Libertador Simón Bolívar”… (II)

En Venezuela se está en desarrollo la REVOLUCIÓN BOLÍVARIANA, no es cualquier cosa, ella basada en una nueva concepción de ver la vida en el país, antes con muy poca esperanza de mejorarla para la mayoría de sus habitantes. La filosófica de *VIVIR VIVIENDO procura lo que dijera el Libertador Simón Bolívar sobre la felicidad, por lo que esta revolución bolivariana indiscutiblemente es la continuación de la que empezara el hombre, que fue calificado como el más prominente del siglo XIX. Es por ello de gran conveniencia, en esos días, despejar algunas confusiones que existen con las nombradas denominaciones; y que muchos escritores quieren hacer aparecer significa lo mismo.

LATINOAMERICANO. De acuerdo al historiador mejicano, Leopoldo Zea Aguilar, en su obra “Latinoamérica. Tercer Mundo”, fue el académico francés Lazare Maurice Tisserand quien acuñó este término en un artículo publicado en la revista “La Revue des Races Latines” en 1861. El escritor, Fernando Del Paso Morante, mejicano, en su libro “Noticias del Imperio”, asegura que la expresión, América Latina, fue originaria de Michel Chevalier, francés, político-ideólogo de la teoría “panlatina”. Finalmente, el escritor chileno Miguel Rojas Mix afirma, que fue su compatriota, Francisco Bilbao, el primero en utilizar la expresión América Latina, en una conferencia dada en París en 1856, y según otros escritos pareciera que en verdad fue Francisco Bilbao quien por primera vez utilizara esta denominación, la que después sería retomada por José María Torres Caicedo, colombiano, figura de gran influencia en los medios diplomáticos y culturales iberoamericanos de París; quien la difundiera. De acuerdo al planteamiento formulado por estos dos últimos hombres, el término acobijaba al conjunto de países colonizados por España, Portugal y Francia en la América Meridional. El planteamiento de Bilbao y Torres Caicedo cae como anillo al dedo a las ambiciones imperialistas que la Corte de Napoleón III mantenía con respecto a esta parte del mundo, efectivamente, más allá de la conquista de Méjico, la Francia napoleónica aspiraba transformar a países como Guatemala, Ecuador y Paraguay en monarquías dependientes de la Corte de las Tullerías.

A fin de cuentas, era la época en que las grandes capitales europeas buscaban proyectar sus Imperios por los cuatro puntos cardinales del planeta. Si bien Iberoamérica se había presentado hasta ese momento como una región vedada a los instintos imperialistas europeos, como consecuencia de la aplicación de la doctrina Monroe, el caos en el que se hallaba sumergido Estados Unidos bajo su guerra civil; había abierto tal posibilidad en la región. Para brindarse algún marco de legitimidad a esas aspiraciones hegemónicas sobre Iberoamérica, Francia requería de un nexo de identidad que la ligara a la misma. La tesis “panlatina”, que tenía como ideólogo a Michel Chevalier, constituyó la vía natural para ello. Como bien señalaba Napoleón III en una célebre carta de junio de 1862: “Si con el apoyo de Francia se consolida un gobierno estable (en Méjico), habremos devuelto a la raza latina del otro lado del océano su fuerza y su prestigio, garantizando la seguridad de nuestras colonias en las Antillas”

Correspondió a Tisserand, allegado a la Corte Napoleónica y seguidor de la tesis de Chevalier, oficializar el término América Latina al acuñarlo en artículo de su autoría referente al tema. Por otra parte, Latinoamérica, al decir del Dr. Rafael Caldera, venezolano, es una pujante unidad que incluye los pueblos de habla española, portuguesa y francesa del hemisferio occidental. Engloba las antiguas posesiones españolas y portuguesas de América, a Haití, a las antiguas colonias inglesas y holandesas y, posiblemente, hasta a las Antillas francoparlantes que forman parte de la Unión Francesa. Su significado actual ha sido objeto de las más diversos foros, sin embargo, desde el tiempo de la Colonia hasta el siglo XVIII se habló de las Indias Occidentales, queriendo significar al conjunto de regiones que España y Portugal habían hecho surgir como dependencias coloniales al oeste del Atlántico, en la zona insular y continental de América.


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José M. Ameliach N.


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