¿Cuáles marchas?

«La noticia mala llega volando, y la buena, cojeando».

Proverbio español

El sábado 8, salí muy temprano de Acarigua, con mi compañera para la ciudad de Caracas, a una diligencia personal, con la preocupación de la muy sonada marcha de la oposición, el cual estaba señalada para realizarse en la capital a partir de la diez de la mañana. A las seis y media pasamos por la ciudad de San Carlos. A esa hora se notaba el flujo de vehículos, el cual se hacía más intenso a medida que nos acercábamos a Valencia, un verdadero rio de autos desbordado en sentido contrario, una interminable caravana, dando la ligera impresión, que provenía precisamente de la ciudad, donde se iba a realizar la "nueva" marcha, anunciada por los dirigentes de la oposición, con bombos y platillos, como algo apocalíptico.

En todo el recorrido, encontramos dos puntos de control. El primero al pasar el túnel de la "Cabrera", en ese sitio duramos poco, el único inconveniente: el tráfico muy lento, algo normal en esta época del año. El segundo precisamente entrando al estado Miranda, donde se encuentra un aviso muy visible (policía del estado Miranda). Los guardias nacionales, encargados de la revisión lo hacían de manera muy respetuosa y rápido, sin embargo, siempre representa un contratiempo; del otro lado de la vida, algunos conductores aprovechaban para ofender a los funcionarios, creyendo que estaban deteniendo el tráfico, para que no asistieran a la jornada de la oposición.

Al entrar a Caracas, le eche un vistazo al reloj; habíamos utilizados cuatro horas y 45 minutos –media hora más de lo normal– apenas empezamos el recorrido de la valle-coche, nos encontramos en una autopista, con el tráfico normal, sin ninguna señal de estarse realizando una actividad política con tanta expectativa y "transcendencia", como lo anunciaron dos días atrás, los mismos dirigentes culpables del enfrentamiento y actos vandálicos en un sitio convertido de manera irresponsable, como trinchera: la autopista "Francisco Fajardo".

Al llegar al sitio, hacia el cual me dirigía, ubicado en un sector de la parroquia el paraíso, en plena avenida "Páez" me empezó a rondar en la mente la siguiente pregunta: ¿Dónde está la marcha? Por ningún lado, veía una señal– ni siquiera una bandera amarilla, la identificación de uno de los partidos políticos integrantes de la MUD – que me llamara la atención, o por los menos me diera alguna sensación de la actividad, el cual iba a paralizar a la gran Caracas; todo estaba en total calma, lo que viene a demostrar, la nueva estrategia de los organizadores: nada de marcha, todo se reduce a una convocatoria a un sitio señalado–no importa el número de asistentes– sabiendo que todo termina en violencia y anarquía, para después inundar las llamadas redes "sociales" con las fotos y videos –muchas repetidas– para impresionar, dentro y fuera del país, y de esa manera seguir alimentando la cayapa.

En el único sitio, donde precisamente viven ese drama, es en la parte de la gran Caracas, perteneciente al estado Miranda, por lo tanto, el principal responsable es el gobernador: Henrique Capriles Radonski, de esto no puede quedar ninguna duda. La palabra "marcha" la han convertido en un argumento para seguir atizando la hoguera. De ahora en adelante, todas las noticias van a salir de las concentraciones en sitios estratégicos, con el mismo libreto: la violencia.

Todo el arsenal de mentiras, las repiten de manera sistemática a las pocas horas de aplacarse las refriegas, iniciadas por un grupo de vándalos – sin los autores intelectuales presentes– a quienes no les importa nada, menos, si el estímulo viene a través del dinero, hasta transformarlos en unos verdaderos mercenarios. ¿Quiénes destrozaron el comando de Capriles Radonski, y la sede del TSJ? No vengan a culpar al gobierno, y menos a los colectivos. Son personas, contratadas por ellos mismos, de lo contrario, todo pasa sin trascender; nadie se acuerda de la MUD, y menos de sus dirigentes, salvo, cuando cometen todas esas barbaridades de la derecha fascista, inflando las alocadas pretensiones del títere del imperialismo: Luis Almagro.



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Narciso Torrealba


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