La vigencia del chaleco

Las ideas de la oposición son irrefutables, como toda patochada; lo que son es ridiculizables, o sea, chalequables, lo que no incomoda a su dirigencia porque no tiene vergüenza. Nunca tuvo. Por eso es como es y le va como le va. Por eso la eligió la Embajada, no a pesar de que es así sino porque es así y ahora que se la cale. Hay que echarle un camión para preferir a cualquiera de esa dirigencia en lugar de Hugo Chávez. Por ejemplo.

Es divertido chalequearla, aunque con asco, porque es gente dañera: pone guayas para degollar, llama a descargar arrechera o a La Salida para matar un gentío, descuartiza, llama a que nos invadan y nos vuelvan un infierno tipo Medio Oriente. No exagero, mira las noticias, incluyendo las de ultraderecha.

Menos mal que son imbéciles. Examina la torta que pusieron en 2016 teniendo todo para triunfar. Les profeso mucha fe. Si no fuera mortífera esa dirigencia sería la bufonería ideal.

Es preferible un malvado a un tonto, porque el malvado descansa, dicen que dijo Anatole France. Además, a una gente mala basta con amenazarla para que se porte bien, pero la necia es incorregible. Sería imbécil decir:

—¡Imbécil: Deja de ser imbécil!

Imposible. Por eso no quiere dialogar y no solo porque le dieron esa orden sino porque sabe que es demasiado mapleta como para platicar con personas normales.

Dicen que en Venezuela hay gente en prisión por sus ideas. ¿Cuáles ideas? Por eso me contenté cuando propusieron el capitalismo popular, una idea tonta, contradicción en los términos y por tanto insostenible, como esclavitud libre, hielo líquido, círculo cuadrado, pero al menos es una idea. Sifrina y por tanto inepta, pero es una proposición ahí y tal. Fue divertido chalequearla, que fue lo único que se pudo hacer por ella porque no da para más.

Según John Austin cuando dices que prometes en efecto prometes y si no cumples es porque precisamente prometiste. Esa idea, sencilla porque es genial, inauguró toda una rama del conocimiento lingüístico. Algo así podemos decir cuando alguien afirma en público que vivimos en dictadura, porque solo al decirlo demuestra su falsedad. Un acto de habla, diría Austin.

Por eso hacen el ridículo solo con hablar. Chaleco con esa gente. Con cuidado, porque la estupidez se contagia.



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Roberto Hernández Montoya

Licenciado en Letras y presunto humorista. Actual presidente del CELARG y moderador del programa "Los Robertos" denominado "Comos Ustedes Pueden Ver" por sus moderadores, el cual se transmite por RNV y VTV.

 roberto.hernandez.montoya@gmail.com      @rhm1947

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