La batalla que viene la decide la vanguardia

Estamos al final de un periodo, el vacío político así lo anuncia. El gobierno y la oposición giran alrededor de un punto muerto, incapaces de construir una propuesta de futuro distinta al difunto pacto de punto fijo. Reviven, proponen lo viejo, lo superado el 4 de febrero. Los fantasmas de la democracia burguesa regresan de su derrota, pretenden resucitar lo que ya fracasó como forma de gobierno.

Los actores principales se repiten con nuevos trajes, y algunos reeditan sus papeles de medio siglo atrás. Uno, copei, se maquilla de primero justicia, de voluntad popular; ad se niega a la extinción, es un fósil viviente. En el gobierno aparecen los candidatos: en Miranda tal, en Mérida cual, en el Zulia ya está pactado, en Apure habrá cambios… Alrededor rebullen los oportunistas ocupando el lugar del mas de teodoro. Las elecciones primarias, secundarias, regionales y nacionales funcionan, o quieren funcionar, como válvula de escape de las fuertes tensiones sociales, a ese opio apuestan los deudos del sistema capitalista.

Pero la crisis es tremenda, indócil, no acepta planes de escritorio ni manipuleos oportunistas que ya se agotaron. El hambre es real, la situación es la más dramática de la que se tenga noticias en época de paz. La ética que agrupaba a la sociedad estalló abriendo paso al "sálvese el que pueda", a la guerra de todos contra todos; la inseguridad es sistémica. En la caldera social sube la presión cada hora, cada minuto. El 27 de febrero está allí con su dedo acusador diciéndonos que el narcótico electoral no puede con la crisis, que fallará como ya lo hizo el diálogo.

Es así, la crisis promete una salida borrascosa, la tempestad es inevitable. En el huracán sólo tendrán opción las vanguardias más organizadas, las que cuenten con ideologías más vigorosas, las que se formen alrededor de un líder. En esas condiciones, el Chavismo tiene posibilidades de resurgir, de volver, en la práctica, en las acciones, al espíritu del Comandante Chávez, revivir su pensamiento como guía para recuperar la hegemonía, superar la mera imagen.

Las condiciones son esperanzadoras, aún en el alma popular vive Chávez; aún el Socialismo, aunque extrañado del gobierno, no ha podido ser desalojado del espíritu de los humildes. Existen líderes que no han perdido la confianza de las masas, que mantienen conexiones con el alma colectiva. Todavía hay reservas.

Es imperativo que el Chavismo deje atrás las ilusiones y se prepare para el combate que viene, que construya una vanguardia creíble, querible. Una vanguardia que se aferre a las razones sagradas por las cuales luchar, que supere el mezquino clientelismo, el mercenarismo. Que sea capaz de criticarse, de superar la estulticia del forcejeo politiquero.

Esa es una tarea principal, si el Chavismo llega al desenlace de la crisis sin una vanguardia, es decir, una dirección aceptada por la masa humilde, actuante, dotada de un planteamiento que emocione, entendible, coherente, no podrá dirigir, no podrá en verdad ser vanguardia. En ese caso el triunfo será de los capitalistas y el sueño de Chávez será enterrado definitivamente.

Hoy se prepara el triunfo o la derrota de mañana.

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Toby Valderrama y Antonio Aponte

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