Pedagogía de la historia contemporánea

A 93 años del nacimiento de Humberto Fernández Morán Villalobos (I)

I. Sus primeros años. Confidencias

Un día como hoy, 18 de febrero de 1924, vino al mundo Humberto Fernández Morán Villalobos, de manera que estamos conmemorando 93 años de su nacimiento. La versátil pluma del prolífico escritor, médico, filósofo, historiador, profesor universitario, artista plástico, político constituyentista, en fin, humanista, que fue el Dr. Roberto Jiménez Maggiolo, nos dejó testimonio imperecedero de la vida y obra del más grande científico venezolano que hayamos tenido, el Dr. Humberto Fernández Morán Villalobos.

Trataremos en las páginas que siguen de dar una idea de los escenarios que compartió Humberto Fernández Morán en su transitar por el mundo, sus avatares, sus estudios, sus investigaciones, sus logros. Adecuaremos lo descrito por el Dr. Jiménez Maggiolo en su apretada síntesis biográfica pergeñada a lo largo de 140 páginas, donde testimonia algunos de los pasajes de la portentosa vida del maracaibero que proyectó la patria de Bolívar, nuestra patria, a lo más cimero del atalaya científico universal. En una conferencia-homenaje realizada en Caracas, el Dr., Fernández Morán manifestó:

“(…) agradezco profundamente esta manifestación tan generosa y espontánea de algunos estudiantes de la Universidad Central y siguiendo una sugerencia que se me ha formulado, trataré dar aquí un esbozo de mi currículum vitae, en particular de mi trayectoria científica durante los últimos 20 años (en ese momento tenía 34 años de edad). Este irá acompañado de una serie de documentos que están oportunamente entregados a los representantes de los estudiantes para los fines que ellos estimen convenientes” (Jiménez Maggiolo, 1998: 14)

En esa misma oportunidad, para dilucidar controversias referentes a su nacimiento, expresó:

“Nací el 18 de febrero de 1924 en Maracaibo. Cuando contaba 5 años, mi familia tuvo que trasladarse a los Estados Unidos debido a desavenencias con el régimen de gobierno del General Gómez (…). Cursé estudios de primaria y parte de secundaria en los Estados Unidos hasta el año de 1936. A fines del 36 (…) nos trasladamos a Maracaibo donde cursé estudios como externo en el Colegio Alemán, viajando, en el año de 1937, a Alemania donde cursé los últimos años del bachillerato para obtener el título de Reifeprufung (equivalente al de bachiller) (Acta de sesión celebrada en la sala de Conferencia del Instituto Venezolano de Neurología e Investigaciones Cerebrales el 29 de enero de 1958, seis días después de la caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez) (Jiménez Maggiolo, 1998: 14).

En efecto, en otra de sus manifestaciones, expresó: “Yo nací cerca del Puente España, es decir, en el Hospital Chiquinquirá de Maracaibo, y mi familia viene de un pueblo humilde llamado La Cañada, Distrito Urdaneta del Estado Zulia y el hecho de que yo haya llegado tan alto, se debe precisamente a una madre y a un padre que me animaron a seguir el ejemplo de nuestros libertadores” (Jiménez M., citando al Dr. Manuel Matos Romero, confidente del Dr. HFMV: 14). Ambos testimonios son una prueba irrefutable, por el propio biografiado, afirmando que nació en Maracaibo.

II. Vuelta a la patria

Su padre, Luis Fernández Morán, siempre fue su apoyo y Humberto encontró en él cualidades de un hombre pensante, con sentido práctico en la vida, que supo, con constancia, orientarlo adecuadamente, de allí la fijación paterna que mantuvo en aquellos años y la veneración por su recuerdo. En un libro publicado en 1953 en Caracas, la dedicatoria escueta dice: “a la memoria de mi padre, Luis Fernández Morán”.  El libro es: “La organización Submicroscópica del Segmento Interanular de las Fibras nerviosas Meduladas en los Vertebrados”, que era un estudio electromicroscópico de fibras nerviosas del adulto humano, de la rata, del gato y la rana.

Dice el Dr. HFM: “Al final de esta reminiscencia quisiera rememorar al ser a quien más quiero y a quien más debo: a mi padre” (p: 15). Quizá su padre fue quien pudo acompañarle más tiempo en el exterior y compartir con él dificultades, que las hubo, puesto que mencionad infortunios. De seguida agrega: “él fue quien adelantó siempre la magnífica fe en mi porvenir, quien sacrificó todo y no por último el deseo de verme a su lado por labrarme un porvenir mejor”. Él oía con angustia las noticias de los bombardeos incesantes contra Alemania, sabiendo que yo me encontraba en peligro. Cuantas noches de desvelo no le habrán causado el tropel siniestro de lúgubres pensamientos, después de angustias mucho más desamparadas que aquellos que yo vivía en aquel país en medio de la guerra” (Jiménez M: 15-16)

Cuando la familia se fue a Nueva York en 1929, eran tiempos difíciles si recordamos que ese año fue la época de la gran depresión en Norteamérica, rememora el Dr. Jiménez M. Su padre, Luis Fernández, puede proporcionarle a su hijo los estudios de primaria y parte del bachillerato en el The Wiitt Junior High School. El tiempo en Nueva York le permite cursar la primaria e iniciar el bachillerato. Aprende a disciplinarse a sí mismo y tiene, según señalaban sus padres y menciona Matos Romero, un carácter o genio muy fuerte.

En 1936, ya en Maracaibo, el ambiente era de fuertes manifestaciones, de inestabilidad política y de frecuentes enfrentamientos entre los diversos grupos políticos. Luis Fernández tenía sus ideales políticos, había estado exiliado durante la dictadura de Gómez, pero ante el panorama de la vida nacional, prefirió volverse al exterior, ya con conocimiento del medio desenvolverse y pensando fundamentalmente en la educación de aquel hijo que prometía un futuro brillante por su talento y hasta la propia tranquilidad de la familia. Su propio hijo Humberto, consciente del desarrollo científico de Alemania influyó en la escogencia de este país, pese a haber perdido la Primera Guerra Mundial y estar sometida a penosas condiciones del Tratado de Versalles, porque apuntaba, a mediados de la década de 1930, como un gran país. Hacia Alemania se dirigieron a terminar el bachillerato ya iniciado en Nueva York y con una breve estadía transitoria en Maracaibo.

III. En Alemania

Llegaron a la región de Turingia a Sallfeld, cerca de la frontera de Checoslovaquia, al nordeste de Frankfurt y norte de Nuremberg, a su capital Erfurt. Ya establecidos en Sallfeld e inscrito Humberto en el Liceo Humanístico, Monástico y Militar Schulgemeinde Wichersdorf (Turingia, Sallfeld) donde concluyó los últimos años del bachillerato, para graduarse a la edad de 15 años y buscar inscripción en la Universidad de Munich, al sur, la familia regresó y quedó solo en Alemania, tocándole el ascenso de Hitler al poder y los primeros días del inicio y desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.

Llama la atención la escogencia de Alemania. No fue a España por haberse iniciado en 1936 la terrible Guerra Civil Española que arrasó al país, y prefirió a Alemania antes que a Francia o Inglaterra, países que ya conocía y hablaba el idioma, porque en Maracaibo había para aquellos tiempos una gran admiración por el desarrollo científico y tecnológico de una Alemania que nunca –ni en las guerras- ha perdido esa fama, además de haber aprendido por lo menos lo necesario de alemán, en su paso por el colegio en Maracaibo. En el colegio alemán ha de haber recibido enseñanzas sobre ese país, sus costumbres, sus adelantos científicos y tecnológicos, la reciedumbre de su gente, su disciplina, la altura de su educación y, sobre todo, el carácter firme de sus habitantes.

“Hitler había llegado al poder en 1933 y ya desde el año 32 el crecimiento de la economía alemana era portentoso, gracias a las acertadas decisiones del Dr. Schacht, orientada entre cosas a proporcionar trabajo a las clases paradas, especialmente construyendo grandes obras públicas, mientras la ideología nazi tomaba cuerpo día a día. De esa manera, para el 30 de enero de 1937, Hitler se dirigía al Reichstag, para proclamar “La retirada de la firma de Alemania del Tratado de Versalles”, algo inútil porque en la práctica ese Tratado ya no se respetaba” (Jiménez M: 18)

En aquellos países europeos, aun durante los peores momentos nacionales, las instituciones educativas procuran no interrumpir actividades ni cambiar sus metas. Aquel Liceo al cual entró como interno el joven Humberto apenas de trece años, tenía una gran disciplina como combinación  de lo monástico con lo militar, de manera que no solamente instruyen sino que fundamentalmente educan, que es preparar para la vida. Todo perfectamente  reglamentado y sin descuidar lo psicológico para templar el ánimo, morderse disimuladamente los labios para no llorar, afrontar los retos, aprender a defenderse, a punto de llegar a saber boxear y practicarlo, tal como en otros colegios o Universidades aprendían esgrima y hasta recibían heridas o cortes en la cara. Dice Humberto: “ por primera vez me vi enfrentado al dolor, mi primer impulso fue regresar y abandonar aquello, pero mi padre, que me escribía y me guiaba sin faltar cada semana, fue despertando en mí el espíritu de lucha y persistencia, con una sabiduría, un amor y firmeza que pocos padres poseen” (Jiménez M: 18-19)

 

 

 

 

 



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César Eulogio Prieto Oberto

Profesor. Economista. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia. Candidato a Dr. en Ciencia Política.

 cepo39@gmail.com

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