El Debate Presente

El cariz y tono que ha tomado la confrontación con la enfermiza oposición, no tiene por qué sorprendernos a ninguno de los que desde el lado revolucionario, venimos cumpliendo constantemente con el llamado que se nos hace para la defensa de la revolución y con ella de la patria. Contrariamente a eso, creemos que es normal y necesario este choque, porque nos ayuda a profundizar nuestro proyecto político, frente a otra forma de concebir la política con la cual no es posible convivir por la abismal diferencia que nos separa. Muy cómodo podría ser acordarnos con esta oposición, nos ahorraríamos conflictos en la calle, en la cámara, dentro y fuera del país. Así convivían AD y COPEI en la cuarta república, allí los objetivos eran los mismos y continúan siéndolo: engañar al pueblo para vivir de la política.

La revolución bolivariana es otra cosa, nosotros nos debemos al pueblo y no podemos engañarlo, cuéstenos lo que nos cueste, suframos lo que suframos, vivamos lo que vivamos. Nuestro compromiso es con la gente que nos dio su confianza, y eso para la revolución vale mucho, vale todos los esfuerzos y vicisitudes que esta pelea nos depare, por eso, bienvenido este combate y los que nos falten; la confrontación nos nutre, nos aporta sentimiento y conciencia de patria, nos fortalece ideológicamente, enriqueciendo nuestra lucha de clase. Si algún revolucionario llegó a pensar que esta ruta sería una luna de miel con esta contrarrevolución, el llamado es a que tome conciencia de que no es posible construir una sociedad humanizada, armónica, democrática y antiimperialista, con una gente que le ha puesto precio a la patria y de cuyo precio depende su ideología política. De allí, que la actitud que vienen asumiendo los diputados opositores en la Asamblea Nacional es la misma de siempre durante estos diecisiete años, en lo que no solo han hecho nada por el pueblo que los eligió, sino que se han dedicado a obstruir la política de un gobierno que trabaja solo pensando en fortalecer las políticas que beneficien a sectores de menores recursos; no acompañan ninguna iniciativa de la bancada revolucionaria porque sus políticas no se dirigen, ni están basadas en la necesidad de aportar soluciones al desarrollo social, económico y cultural de la nación. Obedecen más a un empecinamiento obstruccionista como les ha caracterizado siempre su conducta y su forma de hacer política, carentes de iniciativas en beneficio del pueblo que los puso allí para que trabajaran en función del progreso y futuro de la patria. Una vez más el pueblo ha sido traicionado, no se podía esperar otra cosa de una derecha que no solo en Venezuela, sino en el mundo entero, su filosofía es gobernar para quienes los dirigen, y cobran sus favores políticos, y no para quienes les han favorecido con el voto. Si hacían falta algunas evidencias de lo que prometen y qué cumplen los gobiernos de derecha, solo basta mirar hacia Argentina, Brasil, Paraguay, México y Colombia, por nombrar solo algunos, cuyos gobiernos vienen implementando políticas todas ellas, contrarias a los intereses de las grandes mayorías, como las privatizaciones en Argentina, México y Brasil, acompañadas con los consecuentes despidos de grandes contingentes de trabajadores, el despojo de campesinos de sus tierras para entregarlas a los terratenientes, la entrega de Petrobras y Pemex a las petroleras extranjeras, la esperada protesta del pueblo a estas políticas, como siempre es recibida con represión, desapariciones de campesinos y estudiantes, como el caso de Ayotzinapa en México, y el asesinato de líderes campesinos en Honduras, Paraguay y Colombia. Como se puede apreciar, todo esto representa una clara política neoliberal, totalmente opuesta a lo que quiere el pueblo y como corresponde a una gestión patriótica, soberana y en beneficio de las grandes mayorías de los ciudadanos. El más distraído de los mortales, sabrá establecer las diferencias con los gobiernos de izquierda que han venido surgiendo en nuestro continente, cuyas políticas surgen de la necesidad y el sentimiento por la patria, aprovechando nuestros recursos para apuntalar el desarrollo de nuestros pueblos, atendiendo necesidades básicas como salud, educación, nutrición, recreación, viviendas, protección a la vejez y en general, la seguridad social, en donde el ser humano está siempre primero que el capital, ejerciendo sus derechos y participando a través de los diferentes movimientos sociales y frentes de masas en las decisiones, construcción de ideas, planes y proyectos que desarrollan los gobiernos revolucionarios. Esta es la razón de la campaña sucia contra Evo, Correa, en un momento contra Chávez y ahora contra Nicolás. La manipulación y toda la tramoya montada contra Dilma, Lula y Cristina Kisstnner, por no ser marionetas fáciles de manejar por quienes creen que todavía somos colonia de guayucos y tapa-rabos. Lamentablemente estas políticas consiguen asidero en traidores y vende-patrias como los de esta Asamblea Nacional, que facilitan sus fechorías contra estos líderes y lideresas que poniéndose al frente de sus pueblos, vienen articulando estrategias enarbolando las banderas de la soberanía y generando las bases para la creación de la patria grande que soñaron, y por la que murieron nuestros héroes y libertadores latinoamericanos. Nadie en su sano juicio podría esperar otra cosa de una Asamblea Nacional formada mayoritariamente por personajes cuya historia –si se le puede llamar así- está plagada de triquiñuelas, negocios y patrañas, aprovechándose de algún poder político o cargo público otorgado por un pueblo que aún les cree sus promesas y engaños, como las hechas en diciembre de 2015, que acabarían con las colas y la escasez de alimentos básicos, que gobernarían para y con el pueblo, que abrirían la A.N a la colectividad, etc. Contrario a esos ofrecimientos, lo primero que hicieron fue sacar a Bolívar y Chávez del parlamento, por eso la acertada estrategia revolucionaria de legislar desde la calle con los movimientos sociales, pues ante la pantallesca, novelesca y nula asamblea nacional que hoy tenemos, nos corresponde a nosotros, genuinos defensores del pueblo, acudir a ese pueblo para que cumplan la labor que no cumple el parlamento, gobernar con las comunidades, es decir, el gobierno con estratégica alianza con el poder popular, avanzando hacia la radicalización del proceso revolucionario; que no quede ninguna duda de que a cada paso de esta oposición violenta, irracional y ciega de ambiciones, estamos dispuestos a avanzar en la consolidación, definición y reafirmación política de la revolución bolivariana. Así como la huelga de PDVSA de 2002 sirvió para limpiar de adecos y copeyanos a nuestra principal empresa, como la plaza Altamira y otras manifestaciones golpistas nos permitió salir de una camarilla de militares gorilas y vendidos al imperio, como el paro petrolero y la huelga del 2002 nos ayudó a salir de los corruptos, traidores y eternos "dirigentes" enquistados en la CTV y en el movimiento obrero en general; igualmente frente a una asamblea nacional fuera de la ley que decidió legislar contra los intereses del pueblo, vamos al encuentro del poder popular presente y organizado en los movimientos sociales, con la ética bolivariana y chavista que estamos obligados a practicar, vamos a legislar en la calle, con las grandes mayorías, honrando la consigna "pueblo en la calle garantía de paz, democracia y seguridad social".

Todos estos escollos con los que nos hemos encontrado en la ruta hacia la construcción de la Venezuela revolucionaria, independiente y soberana, tenemos que asumirlo como la enseñanza que todos los días nos aporta más elementos que van surgiendo en la misma lucha diaria, fortaleciendo las estrategias y propuestas con las que vamos a construir ese futuro distinto al capitalismo, tarea en la que no podemos fallarle al pueblo, que cada día agiganta y acelera más sus pasos hacia este objetivo.

Bienvenidos todos los sacrificios por los que tengamos que pasar, todo antes que defraudar a nuestro pueblo que hoy libra la batalla final por la vida, contra un sistema tan inhumano como el capitalismo, hoy más que nunca, comprobado enemigo de la humanidad. El esfuerzo que hoy hace nuestro presidente y su equipo de gobierno en estos difíciles momentos, así como la lealtad del pueblo, obligan a redoblar sacrificios y voluntades en esta lucha. El triunfo final de nuestra revolución bien lo vale.

Ramón Blasco. (Guameño).

Enero 2017



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Ramón Blasco


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