A propósito de ser ciego

La destrucción de Venezuela

Termina un año, con un país al cual los venezolanos estamos asistiendo a sus exequias. La palabra anomia habrá que replantearla en las escuelas de filosofía para reconstruir una semántica y concepción pensativa ante tanta destrucción política, económica y social.

Las familias han sido desmembradas en toda su composición y estructura. Tenemos un gobierno que habla de reducir la mortalidad infantil, mientras los infantes que apenas nacen son colocados en cunas de cartón. Hablan de una educación "ejemplar" y aumentan desproporcionadamente las cifras de niñas embarazadas, o adolescentes cuya única escuela está en la praxis de la delincuencia y el consumo de drogas. Pranes que ejecutan robos, asaltos y asesinatos en complicidad con cuerpos de "seguridad" del Estado, con el pavoroso contraste de militares y policías que masacran espacios comunitarios en nombre de la "liberación de un pueblo", representan el cataclismo de los derechos humanos.

Resulta inexplicable que un país con tantas potencialidades agrícolas, pecuarias, hídricas, mineras y energéticas, rodeado con una maravillosa diversidad natural, haya sido arrasado en toda su extensión geográfica. No existe espacio sobre la nación de Bolívar en la cual la miseria y la pobreza no estén conjugadas sobre el dolor y las lágrimas de su pueblo. Hasta los animales deambulan en el medio de la basura buscando algún desperdicio que puedan comer, acompañados de niños, adultos y ancianos, cuyo miserable espectáculo queda envuelto por una plaga de moscas que sentencian la desgracia histórica que estamos viviendo como pueblo.

Venezuela fue envenenada por un gobierno que la ha sometido al más cruel de los sufrimientos. El madurismo habla de salud mientras reaparecen el paludismo, la difteria y la tuberculosis. Encontrar una medicina se transformó en un suplicio. Los venezolanos que se encuentren afectados por diabetes, alteraciones neurológicas, cardiacas o de cualquier índole no tienen posibilidad de encontrar los medicamentos para sus patologías. Los hospitales públicos no sólo están desmantelados, sino que se convirtieron en signos de humillación asistencial, ante médicos y enfermeras quienes sólo tienen como herramienta su voluntad por intentar calmar el dolor de aquellos que sin más alternativa, saben que no han entrado al sitio de recuperación de sus males, sino de agonía de sus vidas.

Estamos ante la quiebra de una "institucionalidad" pervertida en su condición humana. Funcionarios genuflexos cuyo único valor se mide por la magnitud del saqueo que profanan sobre las arcas públicas, revelan que la ética y la moral fueron convertidas en entelequia, por una casta emborrachada de un poder, al que consideran omnímodo, en el medio de una nación que sólo llora y llora tanta barbarie.

La sociedad se ha contaminado de frustraciones, desesperanzas, decepciones, odios e injusticias. La historia marcará la culpabilidad de muchos déspotas, ególatras y traidores sobre la degeneración política del país, pero Nicolás Maduro quedará mencionado como el principal responsable en la destrucción de Venezuela. A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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