¿Cuál es el verdadero origen de la navidad?


            El cristianismo es una colcha de retazos que, desde el Paleolítico, pasando por la mitología egipcia, hinduista, persa, griega y latina, recopiló todo lo que le servía para formar su propia teología, religión y creencias. La festividad decembrina conocida como Navidad, es uno de esos retazos que forma parte de la colcha. Tiene su origen en el aparente traslado o viaje – para darle un nombre - que realiza el Sol, desde el hemisferio Norte al hemisferio Sur, entre el 21 de junio (solsticio), verano en Canadá, invierno en La Patagonia; al 22 de diciembre (solsticio), verano en La Patagonia, invierno en Canadá, Europa y el hemisferio Norte. En ese viaje de regreso del Polo Sur al Polo Norte, el Sol pasa por el Ecuador el 23 de septiembre (equinoccio).

 
            La navidad es una fiesta de los pueblos más primitivos (politeístas), que nada tiene que ver con la leyenda del nacimiento de Jesucristo. Se remonta a la más antigua existencia del hombre en los territorios situados al Norte del mar Mediterráneo, que se conoce como Europa. El origen de la festividad decembrina nada tiene que ver con los motivos o alusiones que hoy le adjudican.
 
            La Tierra tiene dos movimientos. El movimiento de rotación sobre su propio eje, en el cual demora 24 horas y que en la zona ecuatorial y tropical proporciona 12 horas de luz y 12 horas de oscuridad. El otro movimiento de la Tierra es el de traslación alrededor del Sol, en el cual emplea 365 días (un año). Con relación a su eje orbital, la Tierra tiene una inclinación de 23,5º, y ello es lo que da origen a las estaciones en las zonas templadas o alejadas del Ecuador. En el Ecuador y zonas tropicales no existen estaciones. En las regiones situadas más cerca de los polos (al Norte o al Sur) existen las cuatro estaciones: primavera, verano, otoño, invierno.
 
            Esta breve información permite entender el origen de las festividades decembrinas, que tienen su raíz en la prehistoria del hombre. Es por ello que las costumbres navideñas en nuestros pueblos tienen la misma artificialidad que le crearon los pueblos europeos con sus diferentes versiones: natividad de Jesucristo, San Nicolás, Papá Noel. Versiones que trasladadas a los Estados Unidos, allí le complementaron el juego de artilugios y las utilizan como símbolo comercial/consumista de dominio y sumisión cultural. Cuando una verdad  tiene varias versiones no es verdad.
 
            ¡Eso es la navidad! El traslado de costumbres ajenas a la realidad de nuestro trópico y de nuestro ambiente natural, revestidas de religiosidad, adornadas con nieve de pote, pinos de Canadá, luces y colores, falsedades y mentiras. Festividad que se ha transformado en el más despreciable comercio. La navidad no pasa de ser un mercado persa de baratijas, artilugios, mentiras y consumismo.
 
            La gran aventura del hombre en miles de años, ha consistido en conocer, aprender, descubrir la esencia de los fenómenos naturales. Ha sido el largo caminar por la historia, en medio de múltiples vicisitudes por causa de la ignorancia que tenía del medio natural. Tener explicación para esos fenómenos. Saber interpretarlos. Salir de la ignorancia. Ha sido su gran empeño. Hoy, para bien o para mal, el hombre tiene un mayor conocimiento del mundo, de los fenómenos de la naturaleza y ese conocimiento le ha permitido poner la naturaleza a su servicio, dominarla, destruirla, amenazar su aparente equilibrio natural. Pero, lamentablemente sigue aferrado a leyendas y creencias heredadas de su ignorancia y primitivismo paleolíticos.
 
            La ignorancia que el hombre, habitante de Europa, tenía del movimiento de traslación del Sol y la inclinación de la Tierra con respecto a su eje orbital, lo hacían creer que el Sol, al realizar el viaje desde el Polo Norte hacia el Ecuador y el Polo Sur, no volvería jamás. Creía que el Sol se quedaría por siempre y no regresaría. Esa falsa idea, le producía profunda angustia. Esa angustia lo motiva a estar pendiente de los movimientos del Sol, de la Luna, de los astros. Por ello, en la antigüedad, el hombre era muy afecto a estudiar el movimiento de las constelaciones y su ubicación en el firmamento. Observaciones que dieron origen a la astrología.
 
            Al ver que el Sol se alejaba y todo se cubría de nieve, el hombre de la zona templada consideraba el fenómeno natural como el fin de su existencia. Si el Sol no regresaba, el habitante de esas regiones estaba condenado a morir, por escasez de alimentos, cacería, recolección de frutos, raíces y tallos en el bosque; pesca en lagos y ríos congelados; o la imposibilidad de realizar cultivos. Para el hombre Paleolítico, así como, del Neolítico, el viaje del Sol o alejamiento del Sol, era una amenaza para su sobre vivencia. El no retorno del Sol, significaba la muerte por hambre y frío.
 
            Ese angustiante seguimiento del Sol, llevó al hombre a construir menhires o monumentos megalíticos (Stonehenge, condado de Wilt, Inglaterra), dedicados a la observación del Sol y a crear ceremonias para honrarlo. Con el mismo objetivo los Mayas y los Incas construyeron templos. Esa observación permanente del Sol les permitió determinar una fecha del año, como punto de partida para contar el tiempo o determinar la fecha de las estaciones. Esa observación constante permitía ver, cómo, el 22 de diciembre, el Sol comenzaba su viaje de regreso del hemisferio Sur al hemisferio Norte y era motivo de gran júbilo, de inmensa alegría y ocasión para la gran fiesta de honrar el regreso del dios Sol, festividad que pasa a figurar en todas las mitologías inventadas por el hombre
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                        Ahora bien ¿En qué sitio del firmamento está el Sol, el 22 de diciembre, antes de comenzar el regreso hacia el hemisferio Norte? En ese momento, 22 de diciembre, el Sol se encuentra exactamente en la constelación de Virgo. Para los pueblos antiguos, del Norte del Mediterráneo, ese Sol lejano, diminuto, les daba la idea de un Sol niño, que nace en Virgo y comienza a crecer a medida que regresa, para dar luz y dar vida y calentar de nuevo los territorios cubiertos por la nieve. Es un Sol niño que, al regresar de su largo viaje por el firmamento, les devuelve la vida. La larga noche y los días cortos, terminan. Vuelve la normalidad del día y la noche.
 
            Ese es el verdadero origen de la navidad. Gran fiesta de los pueblos politeístas de Europa para celebrar el nacimiento del Sol el 22 de diciembre. Leyenda asimilada por el monoteísmo cristiano que adecúa la leyenda del Sol Niño que nace en Virgo a la de un Niño que nace de una Virgen. Lo que es igual no es trampa. Este relato, se puede leer en el libro titulado, “Las Ruinas de Palmira, cuyo autor es el Conde de Volney (1757-1820). Es interesante la referencia al Conde de Volney, por cuanto, “Las Ruinas de Palmira”, figura entre los libros de cabecera del Libertador, Simón Bolívar. El Conde de Volney es uno de los hombres más informados de su tiempo. Viajó por los cinco continentes para estudiar las religiones y cultura de los pueblos que visitó. Fue un escritor muy prolífico. Un erudito.
 
            Aquí vivimos en eterna primavera. Resulta muy fuera de lugar, por ejemplo, el pretender crear ficticios inviernos en nuestro trópico: nieve de algodón, escarcha de pote, pinos ajenos a nuestra exuberante y variada flora. Uvas, alcaparras, aceitunas, avellanas, nueces, almendras, en lugar de anones, piñas, chirimoyas, papayas, maní, mereyes, papas y tomates. Vinos en lugar de chicha de maíz, güisqui en lugar de cocuy o aguardiente con dítamo. Renos y trineos, en lugar de llamas, vicuñas, una perezosa, un oso hormiguero o un morrocoy.
 
            Para el habitante del trópico, que vive en eterna primavera ¿Qué preocupación puede causarle el fin de las “noches largas”,el regreso del Sol”, el nacimiento del “Sol niño en Virgo”, ansiedad que agobiaba a los primitivos habitantes de las zonas templadas del Norte y dio origen a las celebraciones navideñas?
 
            ¿Qué sentido tiene para un argentino comprar, fabricar nieve artificial en diciembre, pleno verano, si la tiene gratis en agosto, pleno invierno? Los argentinos por sentido de economía, deberían trasladar la celebración de la Navidad para el mes de junio (si eso les sirviera de algo), cuando el Sol está en el polo Norte y para ellos, el 21 de junio sería la verdadera navidad, por cuanto comienza el regreso del Sol, al hemisferio Sur. Así, al menos, tendrían nieve natural y no escarcha de pote.
 
            Con el reciente insurgir de los movimientos aborígenes en el Sur del continente, las comunidades aimara y quechua han comenzado a celebrar con gran magnificencia el culto del regreso del Sol (Inti), el 21 de junio, que en el hemisferio Sur corresponde al solsticio de invierno.
 
            El “regreso del Sol”, era preocupación de pueblos primitivos, sumidos en la ignorancia, tradición que nada tiene que ver con nuestro radiante Sol tropical que, cada día del año, cruza el cenit y nos proporciona días luminosos de 12 horas y noches también de 12 horas, pobladas de luceros y estrellas titilantes.
 
            Con el paso de los años, el objetivo de la Navidad dejó de ser el regreso del Sol, por cuanto el cristianismo, como. “colcha de retazos”, de manera indebida se apropió de esa festividad inventada en la más remota antigüedad y tenía gran motivación, el regreso del Sol y el retiro de la nieve. El cristianismo la adopta para ubicar, en la misma fecha del nacimiento del Sol niño, en la constelación de Virgo, el nacimiento paradójico de Jesús de Nazaret, de una Virgen, personajes creados por la mitología cristiana, y sembrada en los pueblos a latigazos, la hoguera, la espada y en América por el Requerimiento leído por los frailes doctrineros –“O te vuelves cristiano o te mueres”.
 
            La navidad, hoy por hoy, tiene connotación estrictamente comercial, con un pretexto religioso. El mayor objetivo de la navidad está en el aspecto comercial de provocar el antojo, de toda cosa inútil, que después no se sabe dónde votarla. Festividad para unos pocos privilegiados, porque la mayoría sólo puede ver desde fuera el espectáculo de luces, el despilfarro inútil de electricidad, ruidos pirotécnicos, etílicos desmanes, pantagruélicas comilonas. Frenesí de un consumismo absurdo, opulento y desbocado, en países con el 70% de pobres.
            Es bochornoso ver, como, en pleno desarrollo de la Revolución Bolivariana, la campaña mediática para exacerbar las gentes al consumo, es tan igual a la Cuarta República o al desbocado despilfarro de los centros capitalistas de Nueva York, Londres o París.
 
            Es muy posible que, el pretender elevar el nivel económico de las mayorías nacionales, sea para incitarlas al consumismo desbocado e inútil, en lugar de, a la inversión productiva y el ahorro. Esa inmensa masa de dinero se escapa del país y va a enriquecer, aún más, a los dueños de la riqueza. La Revolución Bolivariana, en los años que lleva, ha servido para enriquecer ¡mucho más! a los ricos.


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León Moraria

Nativo de Bailadores, Mérida, Venezuela (1936). Ha participado en la lucha social en sus diversas formas: Pionero en la transformación agrícola del Valle de Bailadores y en el rechazo a la explotación minera. Participó en la Guerrilla de La Azulita. Fundó y mantuvo durante trece años el periódico gremialista Rescate. Como secretario ejecutivo de FECCAVEN, organizó la movilización nacional de caficultores que culminó en el estallido social conocido como el ?caracazo?. Periodista de opinión en la prensa regional y nacional. Autor entre otros libros: Estatuas de la infamia, El Fantasma del Valle, Camonina, Creencia y Barbarie, EL TRIANGULO NEGRO, La Revolución Villorra, los poemarios Chao Tierra y Golongías. Librepensador y materialista de formación marxista.

 leonmoraria@gmail.com

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