La traición de Colombia nos persigue desde Bolívar

Venezuela ha sido mancillada por todos los flancos por la peor oligarquía burguesa salvaje venezolana y colombiana. Francisco de Paula Santander junto a José Antonio Páez lo hicieron en su momento, desde el año 1826, cuando asomaron las pretensiones de disolver la Gran Colombia por el movimiento de La Cosiata. En septiembre de 1828 se acusa a Santander de atentar contra Bolívar, pero las revueltas continuaron y Venezuela se proclama independiente desterrando a Bolívar quien muere en Santa Marta. La tradición libertaria de la patria cargada en hombro de hombres y mujeres dignamente leales se vio ofendida por paecistas y santandereanos, desconociendo la autoridad de Bolívar. Dicha unión fue más una coyuntura que una estructura consolidada, ya que las pugnas e intereses de ambas oligarquías harían insalvables sus diferencias, y la conspiración de La Cosiata fue el detonante que precipitó la desintegración. Ningún factor fue impedimento para Venezuela arropar a más de cinco millones de colombianos, la mayoría en su condición de desplazados; pero mientras Venezuela ha sido solidaria la conducta de estos hermanos ha sido desleal: nos quitaron parte de nuestro territorio ante la mirada complaciente de los presidentes de turno; nos saquean nuestros productos para luego vendérnoslo a precios exorbitantes; durante años nos han llevado nuestra gasolina, mientras nosotros nos hacíamos la vista gorda; el paramilitarismo colombiano penetró en el país, enriqueciéndose con el lavado de dólares, cobrando vacunas a nuestros comerciantes y ganaderos, asesinando a campesinos y violando mujeres; mantenemos económicamente la frontera y aun así nos devalúan el Bolívar; los venezolanos que se han ido para Colombia, de manera ilegal, los han repatriados de manera desconsiderada, cuando aquí les abrimos las puertas por su condición humana, como hicimos con inmigrantes europeos durante las guerras mundiales que se desplazaron a esta tierra; los uribistas trataron de hacer una media luna en el territorio mediante un acto secesionista, pero gracias a Chávez no fue posible.

Son hechos tangibles que hemos vivido producto de esa relación umbilical que nos cuesta cortar. Ahora, nos dan una puñalada al ser parte de la guerra económica financiera que azota al país, en complicidad con la derecha venezolana y los EE.UU. Se han lucrado con nuestra moneda, nos la saquearon, nos la desvalorizaron y, finalmente, volvieron a traicionar a Bolívar, vendiendo nuestra moneda a los mercaderes del templo del capitalismo; a aquellos que han plagado nuestra América de miseria en nombre de la libertad, los propios santandereanos. Es el espíritu de Santander que ronda nuevamente por nuestra amada Colombia embistiendo contra Venezuela, que se viste de cordero para evitar la paz de Colombia que es la paz nuestra, que irrumpe para que nuestros ríos Orínoco y El Magdalena nunca se abracen. La traición de Colombia nos persigue desde Bolívar. Esos hermanos colombianos son incansables en su obstinación de vernos desunidos y sumidos en la miseria y sus presidentes nunca han hecho nada por resolver estos desmanes, ya que creen que es responsabilidad del Estado venezolano. No obstante, para el gobierno colombiano, cuando el gobierno ejecuta acciones éstas sí son violatorias y atentan contra la hermandad. No es un secreto que el gobierno colombiano nunca ha dejado de ser el blanco perfecto para atacar a Venezuela en conspiración con ambas oligarquías, siguiendo los lineamientos de los EE.UU. Sin embargo, tengo la esperanza junto a aquellos colombianos bolivarianos que desean la paz de Venezuela, que defenderemos la herencia de Bolívar, el único interés salvable que nos une. La verdad nos hará libres.

(*) Licenciada en Administración, egresada de la ULA-Mérida.

esmeraldagarcia2309@gmail.com



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Esmeralda García Ramírez

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