El jugador que terminó robándose la pelota

"De tanto ver triunfar las insignificancias, de tanto ver prosperar la deshonra, de tanto ver crecer las injusticias, de tanto ver agigantarse los poderes en manos de los malos, el hombre llega a desanimarse de la virtud, a reírse de la honra, a tener vergüenza de ser honrado.

Ruy Barbosa (1849-1923), escritor brasileño.

Cual típico juego de pelota callejera, los sectores de la MUD y del gobierno venían desde hace unos cuantos meses negociando las posibles salidas políticas a la profunda crisis de carácter societal que embarga al país, como nunca antes se había visto en su trayectoria de vida republicana. Era innegable que dichos acuerdos conducían a la instalación de un gobierno interino como expresión: por una parte, de un gobierno que técnicamente se le han ido cerrando las posibilidades de mantener coherencia entre un discurso revolucionario, socialista y chavista y su práctica concreta asociada a una realidad cada vez más escabrosa y de penurias para el pueblo que dice defender, y por otro lado, una oposición que no le conviene en el muy corto plazo ser gobierno porque sabe que dentro de su ideología y sus compromisos e intereses de clase no existe cabida para la justicia social y la soberanía nacional, por lo que cualquier medida tendría como respuesta las exigencias de un pueblo que se acostumbró a ser tomado en cuenta. Ante este panorama, la viabilidad política estaba sustentada, como en varias oportunidades expresaron representantes de la oposición, en la posibilidad de que el propio gobierno de Nicolás Maduro, bajo el manto de ser el ungido de Chávez, fuese el ejecutor de los ajustes económicos antipopulares, es decir, el que lograra los equilibrios a costa de las ya suficientes penurias del pueblo.

El partido había comenzado, las fechas para captar las huellas como paso previo a la convocatoria del referéndum estaba definida por el árbitro, las elecciones regionales estaban pospuestas sin ninguna explicación política y mucho menos legal que fuese creíble, a pesar de que dicho diferimiento era una clara y evidente violación a la Constitución. Los equipos estaban acatando disciplinalmente los términos de sus acuerdos: por el lado del gobierno, se vienen instrumentando políticas de ajustes económicas, de negociación con sectores económicos siendo el más descarado el relacionado con el Arco Minero del Orinoco. Por el lado de la oposición, no se armó ninguna algarabía con las políticas de ajustes, ni con el Decreto que crea el Arco Minero del Orinoco a pesar de estar este al margen de la Constitución, ni se presionó para la realización de las elecciones regionales tal como lo estipula la Constitución. Todo parecía estar marchando en el marco de los acuerdos, pero a última hora surgió un actor más que no estaba en la negociación, y en el ámbito de una decisión abiertamente anticonstitucional, como lo fue la suspensión del proceso de recolección de las huellas en cuatro (4) estados por unos tribunales subalternos cuya jurisdicción no es de carácter nacional, afectó todo el desarrollo del juego.

La lectura posible a tan peregrina decisión que puso al gobierno en el filo de la navaja entre lo factico y lo democrático, solo tiene una explicación posible y es que esos sectores, es decir, Diosdado y compañía, estaban quedando por fuera de la negociación. Esto nos lleva a pensar que la pelea no es por un proyecto de país tal como lo planteaba Chávez. La pelea se centra en mantener espacios de poder como parte del usufructo personal y para ello es necesario entrar con fuerza en las negociaciones que se venían dando entre un sector del gobierno y otro de la MUD. Es innegable que el país se encuentra en una especie de limbo político, donde peligrosamente existe cabida para cualquier escenario.

Como pueblo nos resta, exigir y hacer valer la Constitución, así como lo planteamos en la Plataforma por la Defensa de la Constitución el pasado lunes 17 del presente mes, cuando avizorábamos peligros en el panorama político. En el marco de este movimiento amplio, trabajar aceleradamente para construir una referencia política que le dé al traste con los intereses del capital internacional y sus aláteres nacionales, es recuperar el impulso y la iniciativa de lucha por la soberanía e independencia nacional y regional, por la construcción de una economía que tenga conexión con el pueblo y por una verdadera justicia social. Como dice Carlos Carcione "Una referencia que levante un programa de emergencia para salir de la crisis desde el punto de vista del pueblo que vive de su trabajo. Que luche contra la corrupción, la impunidad y el desfalco a la nación y que desbarate los criminales proyectos con el capital financiero internacional, en primer lugar el del Arco Minero".



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Oly Millán Campos

Economista (UCV) y exministra del Ministerio para la Economía Popular (2006). Integrante de la Plataforma Ciudadana en Defensa de la CRBV y de la Plataforma Contra el Desfalco a la Nación

 omillancam@gmail.com      @angelicamcampos

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