La promesa del político

Las promesas no cumplidas generan una suerte de decepción que irrumpe la buena imagen de un individuo. La manipulación junto a la mentira descubierta, destierran a cualquier actor político de su ejercicio social como líder. Sus seguidores o quienes le consideran y reconocen como líder, empiezan a busca respuesta de sus actos, intentando en todo momento identificar punto de encuentro con respecto a la idea doctrinaria, para mantener su simpatía con él. Son los rumores los causantes de alertar, produciendo observancias más severas sobre el verbo y la predica. Quienes tienen comprensión con el marco ideológico que moldea la forma de gobierno inician diversos análisis, a fin de diagnosticar y hacer prognosis de las causas y efecto que originan desviar la corriente primigenia, de la idea. Lo delicado de este asunto está en levantar el avivamiento que se tuvo en el punto de partida, reconducir el comportamiento, que necesariamente debe estar casado con el compromiso de la idea, no es cosa fácil, los procesos de evaluación continua significan una herramienta de primer orden, al igual que deponer con sinceridad el Super Yo. Todo está en evitar separarse de la afición, de que vale un juego de dos equipos fuerte sin nadie sentados en las tribunas.

En nuestro país se juega mucho con la buena voluntad del pueblo, un pueblo, que se caracterizaba por irradiar bondad, solidaridad, unión y paz. Los actores políticos verdes y colorados –como diría Cantinflas- deben de dejar la mentira de lado. Honrando la confianza de un pueblo que carga en sus hombros la esperanza. Las mentiras tienen patas cortas, suelen golpear muy duro la fe, en este preciso momento se orquestan matrices de comentarios que dejan de lado la sensatez. Aparece la intromisión de agentes exógenos con planes bien definidos que no le importan los inventarios de desastres que pueden llegar a ocurrir. Los conflictos se sitúan a la orden de día, contando con la participación espontánea y masiva de quienes producto de la manipulación facilitan los espacios de terror con saldos indeseables de fallecidos y grandes pérdidas materiales.

El encuentro debe ser sincero, priva la fraternidad de hijos nacidos en esta tierra de gracia. La práctica política es necesaria, pero también quienes la ejecutan deben ser portadores de la honestidad, ante su militancia. Ausentarse, de quienes asumieron un compromiso de llevarlos a gobernar no pasa por debajo de la mesa. El ejercicio democrático contempla elecciones y es allí donde son reprobados del ejercicio de gobernar. La lealtad política con la militancia siempre tiene una recompensa y reconocimiento.



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Joselino Serrano


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