Felipe Pérez Martí y el remolino capitalista

Ahora se ha puesto de moda ganar indulgencias con escapulario ajeno. No hay chavista de segunda generación (el primer chavista es Chávez) que haya ignorado a Chávez a la hora de salvar su reputación. Mario Silva presenta su programa con una alocución de Chávez hablando de la Hojilla. Imagina Mario que eso refuerza su popularidad. Aquellos jóvenes del programa Zurda Conducta hacen lo mismo, Chávez presenta su programa. Diosdado Cabellos lo mismo. El presidente Maduro, ni se diga, cada rato nos recuerdan en una propaganda que Chávez lo llamó su sucesor como candidato. La imagen y la voz de Chávez es una especie de aval para decir, hacer y ocultar cualquier cosa, así sean contrarias a sus deseos y enseñanzas.

Pero así mismo, todo aquel que ha sido ministro tiene un secreto que compartió con Chávez y éste con nadie más. Hasta Felipe Pérez Martí. Según él la idea de la frase "comandante supremo" se la dio él a Chávez. Y eso le otorga una autoridad mágica para decir que Chávez se equivocó en ésto y acertó en aquello. Además de calificar y descalificar todo lo que le dé gana en el ámbito de conocimiento que sea.

Su problema: que no es socialista, que no es político y no muy cultivado en las prácticas de vida; es un académico. Y que se cree un verdadero especialista en el tema de la economía, independientemente de si trabaja para Chávez o para Cisneros. Por ejemplo, ya sabe que muchos militares dentro de la economía y ningún especialista, no conviene a la salud económica del país…

¿Qué es una revolución socialista? Es un cambio en la sociedad, de todos los principios que la mueven y organizan. De todos, no nada más de los principios económicos que algunos suponen valen en sí mismos. Es decir, algunos creen que la economía es una especie de matemática que nada tiene que ver con la humanidad, con las necesidades humanas existenciales. Que solo conciernen a ella las "demandas" humanas materiales. Pero solo para satisfacer la voracidad y codicia de los propietarios (de los medios de producción) y la petulancia de los economistas; a la "seudo ciencia" vista en sus divertimentos, donde se revuelcan los especialistas, gozan los especialistas; algunos se hacen millonarios y otros tan solo, ministros (Los "economistas" que se dicen "especialistas" no lo saben, pero todos están al servicio de los ricos propietarios, consciente o inconscientemente; como pícaros cobardes o como tontos adormilados).

En una revolución socialista la política gobierna a la economía y a los especialistas. Porque los cambios revolucionarios son mucho más que cambios económicos, son ideológicos, culturales, espirituales, son políticos, competen al Líder, con mayúscula, al hombre en su acción e interacción dentro de la sociedad, con la mirada puesta en conservar la vida en condiciones superiores, en exaltar y conservar la humanidad como un destino de vida colectivo.

Un líder socialista es un político que piensa en la mayor felicidad posible (como decía Bolívar) para toda la sociedad, lo piensa desde la vida misma, y piensa en todos sus miembros. Un economista supone a la sociedad como una gran corporación que debe ser eficiente con el concierto de todos, ricos y pobres, y donde los individuos que la rebasen, que no le sean necesarios, esta sociedad los desecha, los aísla o los elimina (hablamos de aquellos seres que resulten marginal a la producción y al consumo). No obstante, habrá diferencias: unos se solazan y dirigen, otros piensan y mandan, otros trabajan.

Es por eso que detrás de todo economista hay una fuerza hegemónica que gobierna. Si es capitalista (o no-socialista), estarán los grandes propietarios animando sus actos, moviendo los hilos. Y si es socialista, habrá líderes socialistas ubicándolos en sus tareas, asignando sus deberes. Se trata de una revolución socialista, no de una "medio-revolución"; no se trata de "mejorar la calidad de vida del trabajador" o de la concordia de los individuos en una armónica y pacífica conjunción de bienestar social con mercado, ese sarcasmo con el cual nos intentan confundir los especialistas economistas y sus "seudo líderes" socialdemócratas.

La mezquindad se ha adueñado del espíritu de este país, pero sobre todo, del espíritu de muchos de nuestros intelectuales que no ven más allá de la vanidad y de su impúdica ignorancia política, más allá de la petulancia. Se dejan enredar en los remolinos que en cada momento provocan los capitalistas. Se colocan al servicio de ellos que se los tragan. Tratan de conciliar sus enredos con la desesperación de la gente; buscan que le devuelvan sus cargos de ministros o asesores, de que los tomen en cuenta como una opción de poder. Pero…, sin bolas no hay paraíso.

No basta con ser académicos y compartir un secreto con Chávez para ser como Chávez. Lo mismo se puede decir, por supuesto, de todos aquellos que así lo piensan, habiendo intercambiado algo con el comandante Chávez, pero que aun siendo políticos (algunos "medio políticos") no son socialistas, ni siquiera chavistas de verdad; a Chávez lo traicionaron y traicionan en sus principios, en sus prácticas de vida, digan lo que digan; así Chávez los nombre ad infinitum en sus programas de televisión, en televisión o en su imaginación.



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Héctor Baiz

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