Luigino Bracci: ¡Genio! No sabía de mi culpa en el Arco Minero

He oído decir, que Luigino Bracci es un tipo genial y en verdad no le había hecho caso. O sea, por alguna razón no le había parado bolas a eso de su genialidad. Al leer su artículo que colgó en Aporrea con el título: El Arco minero: ¿Quién tiene la culpa?, descubrí que el tipo es un genio. Nada de acomodar y adornar la frase: ¡Un genio!

Primera genialidad: Luigino Bracci está en contra del arco minero. Nos lo dice con “Por supuesto” y en dos palabritas. Nada de irse con un discurso eco socialista.

Lean lo que nos dice:

“Me molesta enormemente que tengamos que recurrir a la minería de alto impacto para solucionar los graves problemas que atraviesa el país”. No está de acuerdo, pero me vende la idea, que hay necesariamente que recurrir al arco minero para “solucionar  los graves problemas que atraviesa el país”. ¿No es genial? (subrayado mío)

Segunda (y gran) genialidad. Luigino me llevó a concluir o descubrir, que Maduro se puso en la tarea de vender a través de “convenios” esa amplia zona, por mi culpa. Así desde que leí este artículo ando con unas ganas inmensas de descargar mi arrechera sobre mí misma, desguañangando desde el vestido hasta las pantaletas y quedarme, como se decía en Margarita, “esnuitas”, para pagar así  mi culpa en este negocio. Luigino fue con este artículo como un psiquiatra efectivo. Me llevó a que reconociera mi trauma con el arco minero. Es mi cruz. Debo reconocer ese  trauma para poder saldar  las cuentas con mi conciencia.

Con ese “todos” queremos tener celulares, televisores y periquitos de última generación, Luigino Bracci me dejó sin nada, vacía y con ganas de descargarme. Como “TODOS” queremos eso, yo soy responsable y obligue al camarada Maduro a firmar unos convenios con unos angelitos que necesitan oro, tantalio (no sé qué vaina es esa) y coltán para hacer celulares y canaimitas. Seguramente, yo también soy responsable de tener en Venezuela unas fábricas de canaimitas y celulares que si funcionan, pero hay plantas de harina y leche que no funcionan o si lo hacen, están muy por debajo de media capacidad. Soy culpable porque “TODOS” por igual privilegiamos el consumismo y no la vida.

Soy responsable de la fabricación de canaimitas para la educación que aún no sé, cómo estas canaimitas han contribuido con la educación y sé que las he visto en el mercado de “El Tigre” en Anzoátegui en muchos negocios. No sé qué hacen allí, pero las veo y no he visto una investigación y evaluación, que me demuestre que eso impacta positivamente a la educación y no es parte de esa cosa loca de repartir cosas por repartir cosas. Yo soy responsable de eso y Luigino tuvo la capacidad de convencerme.

Dice genialmente Luigino: “Pero nosotros (NOSOTROS) los venezolanos no queremos únicamente teléfonos. Sumémosle un millón de computadoras Canaimitas que entregamos a niños y niñas en edad escolar cada año; cientos de miles de tabletas, y millones de productos como televisores, lavadoras, aires acondicionados, computadoras, laptops, sintonizadores de TDA, reproductores de MP3, Playstation... ¿Cuánto oro necesitamos extraer del subsuelo anualmente para construirlos? ¿Una o dos toneladas? ¿Cuánto coltán? ¿Cuánto aluminio? ¿Cuánto cianuro y otras sustancias abrasivas tendremos que usar? ¿Cuántas grandes minas a cielo abierto tendremos que construir? ¿Cuántos árboles habrá que derribar, cuántas especies de animales únicos tendremos que extinguir?”[i]

Todos los huecos y cráteres que se abran y los que ya están abiertos en la zona del arco minero es por mi culpa. ¡Qué Pendeja soy! Yo echándole la culpa al capitalismo y tan facilito que Luigino Bracci me sacó ese chip y me puso frente a la realidad. Prácticamente, yo forcé a Maduro a firmar esos convenios y obligué a las empresas  trasnacionales a ponerse a buscar oro, tantalio y coltán “porque [TODOS] somos promotor[es] del consumismo tecnológico. Este TODOS es todo y entonces no podemos “autocalificarnos de defensores del arco minero”. Nada; si es “todos” son matemáticamente todos. No hay como escurrir mi culpa.

Hasta donde yo sabía o creía saber; el arco minero no existe ni para los medios privados ni para los públicos. La Frase “Arco minero” es caca en los dos sistemas de comunicación.  Veía o suponía que veía, que los privados guardan silencio y los públicos hacen propaganda que con el arco minero estamos a puntico de lograr la independencia. Eso creía, pero Luigino Bracci con unas vuelticas, me hizo caer en el error, porque me colocó en una penumbra.

Me dice Luigino Bracci: es el capitalismo, pero no es el capitalismo. “Caray, yo no estoy diciendo que Maduro no tenga la responsabilidad principal en las decisiones que se toman sobre el Arco Minero, pero cada uno de nosotros  [NOSOTROS] también tiene una parte de ella”  ¿No es esto último, otra genialidad?

REFERENCIA

 



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Amaranta Rojas


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