A propósito de ser ciego

Tenemos un gobierno anti-pueblo

La palabra estrategia se usa corrientemente en tres formas. Primero, para designar los medios empleados en la consecucion de un cierto fin, es por lo tanto una cuestión de racionalidad orientada a un objetivo. Segundo, para designar la manera en la cual una persona actúa en un cierto juego de acuerdo a lo que ella piensa que sería la acción de los demás y lo que considera que los demás piensan que sería su acción, esta es la forma en que uno busca tener ventajas sobre los otros. Tercero, para designar los procedimientos usados en una situación de confrontación con el fin de privar al oponente de sus medios de lucha y obligarlo a abandonar el combate; es una cuestión entonces de los medios destinados a obtener una victoria. Estos tres significados van juntos en situaciones de confrontación -guerra o juego- donde el objetivo es actuar sobre el adversario de tal forma de volver la batalla imposible para el otro. Por tanto, la estrategia se define por la elección de soluciones ganadoras. Pero debe tenerse en cuenta de que es un tipo de situación muy especial y que hay otras situaciones en las cuales es preciso mantener las distinciones entre los diferentes sentidos de la palabra estrategia

Michel Foucault – El sujeto y el poder -

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Los espacios se le acortan al gobierno de Maduro. Ha jugado a la radicalización de sus acciones. Frases como las del desplazado vice-presidente de la República, Aristóbulo Istúriz, cuando afirma que "guerra es guerra", no dan lugar a dudas. Para quienes controlan el poder estamos sumergidos en una lucha sin cuartel, donde un bando saldrá ganador, y el otro, nunca rendido, sino inmensamente derrotado.

En ese campo, el gobierno implementa una estrategia de confrontación, la cual, desde su cúpula, es la acertada para derrotar a su enemigo. Han asumido que estamos en una guerra de cuarta generación, en la cual factores externos, especialmemte el imperio norteamericano y sus "lacayos", tanto fuera como dentro del país, juegan a su destrucción. El problema se centra cuando esa estrategia es equivocada y lanza por el despeñadero, no sólo a quienes confrota desde el poder, sino como en una lucha, compuesta por tanques, aviones, barcos y submarinos de guerra, sabe que debe existir una población civil que debe inmolarse por ese gobierno o por quienes le adversan. También sabe el gobierno, que existen factores que le suministran las armas políticas y financieras, los cuales no pueden ser sacrificados en aras de mantener las negociaciones del poder, en lo que consideran, un supuesto negado, llegar a ser derrotados.

En esa contradictoria guerra, el gobierno aplica una política económica suicida. Abandona sus preceptos de "izquierda", y promueve, bajo el mismo remoquete de confrontación económica, una materialización de "ajustes" que han desangrado el espacio y la situación social de los venezolanos. Intenta en esa estrategia emplear todos los medios de comunicación a su favor, los cuales desde 2014, no le han funcionado para convencer a la población. Apela a las llamadas "cadenas" para obligar al pueblo a escucharlos, pero ese método termina generando mayor rechazo en quienes les escuchan. Las declaraciones de sus funcionarios son destempladas. Por ello, cuando ministros o ministras dicen que "los venezolanos comen tres veces al día". O que "Venezuela tiene alimentos para tres países", o el déficit de medicamentos está en un orden del 15%, y las ausencias de éstos se deben a "fallas puntuales", resulta evidente que esa estrategia sigue siendo equivocada. No se enfrenta el problema, y ni siquiera se huye por la puerta trasera, sino por la delantera, al tratar de jugar a una "ofensiva comunicacional" que deja en evidencia la mentira del alto funcionario.

En esta forma de enfrentar la "guerra", los dos primeros pasos que señala Foucault como estrategia exitosa ante el oponente, quedan pulverizados en quien los ejecuta. En otras palabras, lo que dice el gobierno no impacta positivamente sobre la población ¿Por qué? Porque son rechazados los medios y las palabras. Es cómo si un caballero de poca lectura, intentara enamorar a una dama, amante de la lectura y la poesía de Pablo Neruda y Ruben Darío, hablándole que la poesía, la prosa y los versos son lo más aburrido que existe en su concepción de vida ¿Logrará enamorarla? No es imposible, pero la verdad, no lo creo. Más bien, considero que llegará el día en que la "cortejada", rechazará cualquier invitación de quien desea ser su pretendiente.

En consecuencia, el gobierno en su praxis recurre al Estado como un todo, valiéndose del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y el Consejo Nacional Electoral (CNE) buscando quitar del medio las herramientas que le quedan a sus oponentes para intentar vencerlos. Ignora que la estrategia funciona como un oxigonio. Uno de sus vértices se ejecuta como vanguardia, mientras los otros dos son la retaguardia, y en cuyos extremos de éstos últimos sin la distinción del primero, queda defenestrado el ataque. Es lo mismo que ocurre con la política. El líder cuando equivoca la estrategia, tal vez sin darse cuenta, se coloca en la retaguardia, pensado que está en la vanguardia. Entonces, la estrategia en vez de ser una solución ganadora, se transforma en perdedora, generando efectos colaterales entre quienes se encuentran en las áreas externas. En este caso, el pueblo, quien espera un mínimo de respiro en esa guerra, sólo se ve atravesado por las balas, municiones, cañones, y todo tipo de impacto mortal, pero no por parte del supuesto enemigo, sino por quienes supuestamente le defienden, porque al romperse la vanguardia, el gobierno ve al enemigo equivocado, o simplemente no logran distinguirlo.

Esa es la razón, por la cual se obstaculizan soluciones constitucionales y electorales a la crisis que vive el país. El gobierno, ante el miedo de perder el poder, ha dejado de ver a la oposición como enemiga. Ahora, el enemigo es el pueblo porque le pide ir a las urnas, bien a través de un referendo, constituyente, o hasta elecciones generales. Se deshacen aquellas palabras de Hugo Chávez: "la voz del pueblo es la voz de Dios". Y en el medio de esa controvertida estrategia de confrontación, se asume la guerra con el lema de "vivir o morir". No importa cuántos mueran. El poder está primero. La vida está de último. El poder es la vida, perderlo es la muerte; verbigracia, hace tiempo, el pueblo siente que perdió el poder.

La muerte de Hugo Chávez ha dejado una esquela irremediable de confrontaciones entre malvivientes de la política. La guerra no es para sacrificar a un pueblo. Tampoco pueden crearse guerras en nombre de una mal llamada "revolución", cuyos líderes entregan en el exterior nuestras divisas a quienes dicen quieren derrocarlo, mientras también hipotecan nuestra naturaleza para la explotación irracional de nuestros recursos naturales, por un puñado de monedas que nunca lograrán satisfacer las necesidades inmediatas de una población urgida de alimentos y medicinas. Es más, Maduro emite una sentencia voraz, cuando señala que si alguien está en contra de la explotación del "arco minero" está vinculado con la minería ilegal, es decir, las mafias del oro ¡Barbarie jurídica!

El gobierno de Maduro está aplicando una estrategia anti-pueblo para aferrarse al poder. Es un gobierno que va contra la mayoría de una población empobrecida, beneficiando a los grandes capitales que dice enfrentar. Tenemos un gobierno que va contra el pueblo ¿Logrará vencer a ese pueblo? A propósito de ser ciego. Quien tenga ojos que vea.



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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

 jvivassantana@gmail.com      @jvivassantana

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