El confabulador que logró hacer del catire Páez un traidor (3/3)

Y sigue Bolívar reprochando a Santander: "Sé que por orden suya se escribe anónimos, se ataca sin compasión a los que usted considera sus enemigos, se desautoriza a los amigos que van ante el General Páez; y no quiere que yo lo desautorice a usted para que no se diga que hay contradicción en el gobierno. Colombia, General Santander, se perderá para siempre si sigue las intrigas. Yo mi general, no quiero presidir los funerales de Colombia mientras el pueblo quiere asirse a mí por instinto. Yo no quiero enterrar a mi madre y si ello ocurre la culpa será suya y del Congreso por los actos indignantes y torpes que han fraguado contra el General Páez. Sojuzgar a Páez no tiene objeto, ni debe exponerse a la Nueva Granada en una lucha que se avizora larga y desastrosa" El General Santander no acepta nada de lo que Bolívar dice y replica: "Es que el delito de Páez es más grave que el de Piar y ese crimen no hay otro modo de subsanarlo sino aplicando la ley" Total es, que la reunión entre Bolívar y Santander terminó sin avizorarse un entendimiento con el que se pudiera evitar una confrontación con Páez y con Venezuela toda. Ya los síntomas de una separación se dejaban sentir. Si no se conseguía alguna buena solución al conflicto, ello ocurriría más tarde o más temprano.

El 26 de noviembre de 1829 se reúne en Caracas una Junta a la cual asiste lo más granado de sus habitantes, ella se lleva a cabo en el Convento de San Francisco, es allí donde se determina la separación del gobierno de Bogotá y el desconocimiento de la autoridad del General Bolívar, aunque conservando siempre la paz, amistad y concordia con la Nueva Granada. En respuesta a esa decisión el Libertador anuncia su renuncia irrevocable a la Presidencia de la República. En enero de 1830 se instala el Congreso Constituyente en Bogotá, su presidente es Antonio José de Sucre quien suplica al Libertador que continúe ejerciendo la suprema autoridad hasta tanto el Congreso promulgara la Constitución del Estado y nombrase su Presidente. Bolívar acepta sabiendo que tiene que enfrentar graves inconvenientes. En Bolívar se notaba el desgaste físico y se sabía que aquel esfuerzo solo lo aceptaba por el amor al país, por el cual buscaba en última instancia su felicidad en medio de la tempestad que por todas partes se había levantado contra él. Finalmente el 29 de Abril se despoja del Poder. Al día siguiente el Congreso le dirige la respuesta a su último mensaje, reconociendo los grandes servicios que había hecho a Colombia. El Libertador, entonces, determina embarcarse para Europa y se dirige a Cartagena. Mientras tanto el 6 de mayo se instala en Valencia el Congreso Constituyente de Venezuela con 33 diputados y en el mes de agosto Páez como Presidente de Venezuela le presenta su mensaje. Y concluye el año 1830 con la muerte del Libertador de Venezuela, Nueva Granada, Ecuador y Perú, y padre fundador de la República de Bolivia, el 17 de diciembre en la quinta San Pedro Alejandrino, cerca de Santa Marta en la hoy Colombia.

Ahora bien, observe el lector como Páez no pudo superar las graves dificultades promovidas por las intrigas y perversiones del General Francisco de Paula Santander y secundadas por sus pérfidos paisanos colombianos, que al buscar sus personales prebendas no tuvieron escrúpulos para acabar con la dignidad de hombres y de pueblos. El General en Jefe José Antonio Páez, para quien escribe, no fue más que una ligera brizna de paja arrollada por los acontecimientos engendrados por las viles afrentas recibidas, y debe quedar claro que el sueño de Simón Bolívar convertida en su pesadilla, ella fue gestada y esparcida desde lo que hoy se conoce como Colombia, lugar en que aquella gente por falta de entereza, deja que sus perversas consejas se materializaran en alguna otra nación. Pero Santander sabía a quién escoger para que diera el zarpazo, y es allí que aparece en su mente el aguerrido, ingenioso y valiente Páez; que en su momento asumió toda la responsabilidad de la acción por él llevada a cabo. Aquella historia, de arrogarse la responsabilidad de un hecho, lo vivimos de nuevo los venezolanos en la madrugada el 5 de febrero de 1992.



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José M. Ameliach N.


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