Una lección de honradez política de Bolívar

El Congreso del Perú, agradecido por los servicios prestados a su país por el Libertador Simón Bolívar, le honró con muchas demostraciones de afecto y además decretó retribuirle por sus esfuerzos un millón de pesos; para su peculio particular. Bolívar, el 23 de febrero de 1825, refiriéndose a todas las gracias que le confiere el Congreso del Perú, le escribe: "Me ha nombrado Padre y Salvador del Perú; me ha decretado los honores de Presidente perpetuo; ha mandado grabar mi busto en una medalla; me ha llamado Libertador; y me ha obligado a encargarme del mando del Perú, y después me señala una enorme fortuna. Yo he aceptado todo con gozo, menos lo último, porque las leyes de mi corazón me lo prohíben" Un amigo de Bolívar, de apellido Palacios y residenciado en la ciudad de Nueva York, al enterarse de esta negativa del Libertador decía a sus amigos que "En Norteamérica no se podía comprender aquel rasgo de tanto desprendimiento. En este país todo está metalizado, por lo que aquello que hizo Bolívar fue considerado como una de las acciones más dignas del general venezolano" En ese mismo año el Congreso peruano dispuso se pagara urgentemente los sueldos del Libertador, desde 1818 a 1824, y el haber militar que le concedía la ley del Congreso de Cúcuta. Todo aquello sumaba 150.000 pesos, pero nunca fue cobrado por el Libertador porque él jamás mostró interés en hacerlo. Más adelante Santander escribiría a Simón Bolívar: "Hágame el favor de enviarme una carta poder para percibirle siquiera su haber, cuente usted con el porvenir y no piense que todos los tiempos son uno. Este haber no es un regalo que le hacen, es una recompensa justa que todos hemos recibido. Envíeme el poder, por Dios, para cobrarle lo que le toque de sueldos y haber militar" Seguramente que para Bolívar le resultara degradante responderle y no lo hizo. El 6 de octubre de 1825, Santander vuelve a escribir a Bolívar: "Resuelva usted y mándame la libranza en los términos que le parezca más decente y honesto"

 

El 21 de noviembre, le escribe de nuevo Santander a Bolívar y le dice: "Le recuerdo me mande una carta para recoger sus sueldos y haberes. No, sea tan bueno. Estas

 

cantidades le hacen a usted falta y en tomarlas nada mancha el brillo de su generosidad. Quien renuncia a un millón de pesos, ¿puede ser tildado de tomar cuatro reales que necesita?" Y llega a ser tan ansiosa su apetencia por el dinero que Santander propone a Bolívar en carta de fecha 22 de septiembre de formar una compañía nacional para hacer el canal de Panamá, exhortándole a ser el protector de la referida compañía formada con algunos capitalistas estadounidenses. La respuesta de Bolívar a Santander fue contundente, no estaba dispuesto a tomar parte en ninguna clase de negociación sobre el canal de Panamá, y le dice: "Me adelanto a aconsejarle que no intervenga usted en ella. Yo estoy cierto que nadie verá con gusto que usted y yo, que hemos estado y estamos a la cabeza del gobierno, nos mezclemos en proyectos puramente especulativos, y nuestros enemigos, particularmente los de usted, darían una mala interpretación a lo que no encierra el bien y la prosperidad del país. Estoy resuelto a no mezclarme en este negocio, ni en ningún otro que tenga un carácter comercial"

 

Estimado lector. Observe la pulcritud de un hombre dedicado a la política. Bolívar en su actuar ante todo imponía la ética y así alertó a quien consideró su amigo a no caer en la inmoralidad. Inmoralidad que desde hace algún tiempo conquistó a los dirigentes políticos, quienes la esparcen entre la ciudadanía sin el menor decoro. Esa fue la corrupción que hundió al puntofijismo, identificada en los partidos políticos Acción Democrática y COPEI, y que ahora es practicada por todos sus descendientes políticos. A.D. y COPEI propagaron la corrupción, pero con tal virulencia que ahora es genética. Es un hecho probado en la historia que aquellos que tienen fuerte tendencia hacia los negocios y hacia la usura en el comercio, son verdaderos déspota y para confundir a los pueblo se hacen llamar social demócratas y social cristianos; pero que no son ni demócratas, ni sociales y menos cristianos.

 



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José M. Ameliach N.


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