No quiero repartir culpas, quizás la culpa es de todos

Carta desesperada al Presidente Maduro: Nunca pensé que el hambre tocaría tan cerca a mi puerta

Estimado camarada,

Te escribo con el alma en vilo. No encuentro que hacer ante esta situación tan difícil en que nos ha sumido esta encrucijada en que ha derivado la Revolución Bolivariana, esa que he defendido hasta con los dientes y por lo cual me he ganado el desprecio de muchísima gente y la lastima de algunos familiares quienes no comprenden mis razones y principios ideológicos.

Esta carta la estoy haciendo desde Mi Lar, aquí en Ciudad Bolívar, específicamente en la tercera etapa de la urbanización Los Próceres de la parroquia Agua Salada, sector en donde las vicisitudes no parecen tener fin. En mi vida jamás pensé, menos en este gobierno de corte socialista, que el hambre tocaría tan cerca a mi puerta.

No quiero repartir culpas, quizás la culpa es de todos, más de unos que de otros. A lo mejor unos por ser demasiados sosegados y no defender con suficiente dureza las directrices del comandante Hugo Chávez quien nos llamó a luchar contra el burocratismo y los vicios que se enquistaron en este proceso revolucionario; también a cumplir arduas tareas para sustituir el modelo burgués capitalista por el socialista. El más que nadie nos advirtió de los peligros a los que nos enfrentaríamos. Asumo que una de mis falta pudo haber sido no ser tan contundente en mi accionar como comunicadora, misionera, educadora y chavista.

Reconozco como otra de mis debilidades pudo haber sido no promover sistemáticamente la siembra colectiva de rubros alimenticios. Descuidé mi huerto familiar molesta por la falta de agua en la comunidad que ha sido una de nuestras mayores calamidades en los últimos años. Ciertamente eso no debió pararme, en el desierto donde no hay ni una gota de agua la gente siembra.

Mis cacerolas están vacías. Usted ha llamado a una nueva batalla para la producción y distribución de alimentos y de nuevo no lo pensé para incorporarme a esta nueva batalla. Mi labor ha sido de puro voluntariado lo que significa que no percibo sueldo alguno sino un pequeño estipendio que me otorga la Misión Sucre, el cual se va en movilización y papelería. Como yo hay muchos otros camaradas que somos misioneros por vocación.

Y ni pensar que en mi familia vamos a sobrevivir con el sueldo de mi compañero ya que él es un trabajador de Colpocelec que devenga un salario escaso, por lo que cada quincena es una agonía ya que comemos tres días y el resto pasamos ayuno parejo. Te pido que por favor consideres la firma de la contratación colectiva de los obreros del sector eléctrico. Vas a pensar que soy una dramática pero como si fuera poco se me dañaron las neveras y el aire acondicionado, lo triste es que no tengo como repararlas, aunque bueno si lograra repararlos el asunto es que les meto si no tengo como adquirir la comida.

A mis preocupaciones se suma por cierto la falta de transporte ya que unos guarimberos dañaron una unidad Yutong y la directiva de Transbolivar decidió suspender el transporte como sanción a la comunidad. Los que andamos a pie no encontramos que hacer para salir a cumplir nuestras faenas.

Una de mis esperanzas era el CLAP, pero esto se nos ha convertido en una Utopía, entre más trabajamos más lejos se pone la distribución de la comida. No entendemos que es lo que está pasando ya que el alimento no llega ni a la primera, segunda ni a la tercera etapa de la urbanización. Excusas van y vienen del componente político. Ya nos revisaron hasta las raíces. La comunidad nos asecha incrédula pensando que les estamos cayendo a muela.

La guerra económica nos consume tratamos de buscar alternativas como por ejemplo hacer masa de maíz pero entonces el kilo de maíz lo elevaron a las nubes. La polar hace de las suyas, los camiones de la Polar llegan cuando les da la gana y la distribución siempre termina en tanganas y muchos nos quedamos sin poder comprar nada. Nos dicen que sembremos, lo cual me parece bueno, pero mientras el maíz o la yuca estén para cosechar ya nos habremos muerto de mengua.

Si pasa tiempo y no me vuelve a ver por este portal, donde me han permitido expresarme libremente, le agradezco ocuparse de mi hija, quien es apenas una adolescente.



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Maria Angelica González


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