Las barbas de Dilma, el Presidente Maduro y los consejos de Atilio Borón

El gobierno de la Presidenta Dilma fue removido, cabe recordar aquella frase "muerto el Rey, ¡Viva el Rey!", y decir hoy "salió Dilma, continúa el capitalismo". Es así, allá va Dilma con su bajo índice en las encuestas, rumiando sus errores y lamentándose, mientras en Brasilia todo sigue igual, el capitalismo es el Rey. El asunto es de obligatorio análisis, no debemos quedarnos en el cliché, en el discurso vacío, en repetir consignas; es necesario ir al fondo, estudiar cómo funciona la democracia burguesa, cómo el capitalismo mantiene su dominación, su engaño.

A Dilma la tumba la misma democracia burguesa con la que ella y su partido convivieron, aceptaron sus leyes, la defendieron. Los parlamentarios que votaron para sacarla son tan legales (de acuerdo a la legalidad burguesa) como ella. El vicepresidente, que ahora es un pillo, fue aliado y con ella cohabitó. Las leyes que se usaron para sacarla son las leyes que Dilma y todos los presidentes socialdemócratas juran cumplir y hacer cumplir.

Y aquí surge una enseñanza para los gobernantes: la democracia burguesa contiene los mecanismos para preservarse, si un presidente o un grupo se agota, baja en las encuestas o comienza a dar tumbos existen los mecanismos legales para sustituirlo, ya no es necesario aquel golpe que fracturaba el hilo constitucional. En los países donde la democracia burguesa está menos desarrollada usan el tradicional golpe, como en Honduras.

En Brasil no pasó nada extraordinario, nada inesperado, el gobierno burgués se estaba agotando, recordemos que ni el Campeonato Mundial de Fútbol pudo contener el descontento, y esto en Brasil es un signo muy grave, le falló a la burguesía su mayor circo y se prendieron las alarmas; y frente al agotamiento, actuaron los mecanismos de defensa.

Aquí en Venezuela la situación fue diferente. El gobierno de Chávez no se agotó, al contrario, se fortaleció rompiendo los diques de la democracia burguesa, y el capitalismo buscó la solución final, lo asesinaron. Y luego de desaparecido el Comandante, entramos, ahora sí, en la democracia burguesa clásica.

El nuevo gobierno comete errores, el mayor de ellos fue amarrarse a la democracia burguesa, paralizar la Revolución, no entender que estaba en guerra contra el capitalismo y que de esta confrontación emanaba su fuerza. Agotado el gobierno, sin ideología, sin meta que lo impulse cae en manos de las leyes burguesas que aún sobreviven en la Revolución. Desde aquí todo comienza a parecerse al Brasil: la Revolución fue sustituida por el pragmatismo, el gobierno fue perdiendo su color rojo, el azul se hizo dominante, los chavistas históricos cedieron sus sillas a los burgueses, los empresarios brotaron como hongos, tomaron posesión de altos cargos, dirigen.

En estas circunstancias, es útil leer a Atilio Boron, que en un luminoso artículo ("Asalto al poder en Brasil") analiza el caso Brasil y adelanta algunos de los errores que cometió el partido de Dilma. "Se parecen igualito" a los errores que hoy se cometen aquí. Leamos algunos párrafos del texto de Boron:

"lo peor que podría ocurrir sería que rehusáramos a realizar una profunda autocrítica que impidiera recaer en los mismos desaciertos. En el caso del Brasil uno de ellos, tal vez el más grave, fue la desmovilización del PT y la desarticulación del movimiento popular que comenzó en los primeros tramos del gobierno de Lula y que, años después, dejaría a Dilma indefensa ante el ataque del malandraje político. El otro, íntimamente vinculado al anterior, fue creer que se podía cambiar Brasil sólo desde los despachos oficiales y sin el respaldo activo, consciente y organizado del campo popular. Si las tentativas golpistas ensayadas en Venezuela (2002), Bolivia (2008) y Ecuador (2010) fueron repelidas fue porque en esos países no se cayó en la ilusión institucionalista que, desgraciadamente, se apoderó del gobierno y ​del PT desde sus primeros años. Tercer error: haber desalentado el debate y la crítica al interior del partido y del gobierno, apañando en cambio un consignismo facilista que obstruía la visión de los desaciertos e impedía corregirlos antes de que, como se comprobó ahora, el daño fuera irreparable.

Por algo Maquiavelo decía que uno de los peores enemigos de la estabilidad de los gobernantes era el nefasto rol de sus consejeros y asesores, siempre dispuestos a adularlos y, por eso mismo, absolutamente incapacitados para alertar de los peligros y acechanzas que aguardaban a lo largo del camino. Ojalá que los traumáticos eventos que se produjeron en Brasil en estos días nos sirvan para aprender estas lecciones".

Ojalá se lea en las altas esferas, vean las barbas de Dilma arder y tomen correctivos.

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Toby Valderrama y Antonio Aponte

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