El payaso de la Asamblea

La revolución y los militantes revolucionarios vivimos en la consciencia del tiempo, bañados en las aguas cristalinas de la verdad y la razón, dispuestos irrefutablemente a enfrentar los contextos adversos y de múltiples niveles de significación. A pesar de los tiempos borrascosos, inducidos por las fuerzas oscuras de la maldad opositora, estamos en consciencia y acción, seguros de superar este trance de bordes conflictuados.

Sabemos que por su misma naturaleza nómada, el circo anda en la preparación de sus actos terroristas, queriendo desafiar las leyes de la constitucionalidad para avanzar –equivocadamente- en la caída del orden instituido y tomar el cielo por asalto. Es por ello que vemos al payaso de la Asamblea perturbado, convulso y en un estado emocional caótico, bien sea por lo rancio o por la irreversibilidad del hecho de no poder acabar con el gobierno revolucionario, ni con el legado de Chávez, ni con la democracia.

La real dimensión y el sentido de la imposibilidad hacen que en toda la bancada payasesca sea más el llanto que la risa, la guarimba que el descanso, la maldad que el pensar y actuar de manera honesta. Con esas imágenes fracturadas de lo real, el payaso de la Asamblea se va hundiendo en el universo de la soledad, condenado a un lacerante fracaso en su cruel cometido de querer acabar con un proyecto de esperanza para luego instalar su modelo de sistema corrupto y de falsa democracia, donde la apariencia y la mediocridad es lo que brilla.

Sin algo está claro para los militantes revolucionarios es que hay que dar la pelea y que ningún payaso venga a instalar aquí en este suelo sagrado de Bolívar y Chávez, un gobierno fascista, un gobierno de la Cuarta. Sería un verdadera tragedia para la evolución política, humana y democrática de este país, que esta corriente de ideología payasesca y de risa sospechosa, alcanzara el poder absoluto, tal como ellos aspiran y que prometieron que en seis meses darían el traste con el orden democrático. En tanto, los días van pasando y pesar de la macabra "guerra de los alimentos" y alza infinita y la atroz especulación para adquirirlos, el pueblo soporta con mucha rabia e indignación esa arremetida por parte de los malvados fascistas.

Es un desastre que se haya perdido la mayoría en la Asamblea, pero más desastre es dejar que el payaso haga lo que le venga en gana. Estamos con la institucionalidad del Estado y los poderes, pero desconfiamos de la persona que está al frente de esa institución legisladora. Por su portuario de estafa, de actores materiales e intelectuales de golpes, paros, incendios y asesinatos, la derecha payasesca debe ser execrada del debate político y que surjan nuevas fuerzas políticas que vengan a construir este país y no destruirlo, tal como lo quieren hacer.

Los militantes revolucionarios debemos jugarnos el alma en esta lucha y así evitar que la locura del alma irracional siga ganando espacios de poder. Así de simple, hay que parar a la oposición, sea como sea, con las armas de la constitución. Aquí no hay espacio ni para los payasos ni para las payasadas. Por ejemplo, la llamada "Ley de Amnistía", es la súper mega payasada en la historia de la humanidad. Y a pesar de su inviabilidad, el circo sigue vendiéndola como su gran obra, que permitiría que la jauría sea liberada y se coma al público asistente. Sonrisa pintada.



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Eduardo Marapacuto


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