El Congreso de la Patria, los abogados y las salidas constitucionales

Cuando el gobierno llama a consulta a unos abogados para interpretar la constitución –y no hablo de los magistrados del TSJ, por razones obvias-, cuando estos (que se dicen al lado de la revolución y el socialismo) encargados para esclarecer un conflicto político con sus interpretaciones, caen en contradicción, el gobierno ha metido la pata dos veces: por confundir un problema político con un problema técnico legal, y por confiar su futuro y el de la esperanza revolucionaria al juicios de abogados.

Este es el problema con la ley, cuando no descansa en la espalda de las prácticas sociales, cuando refleja el espíritu de la nada.

Porque en los días que vivimos, la base espiritual de la ley es una masa amorfa. Dividida: unos creen en la trampa, otros en salvar su propio pellejo y el de su familia. Otros en Chávez, en las comunas, y en (lo que dice el gobierno es) el socialismo. Otros en Lorenzo Mendoza y en su engaño de empresario eficiente, o en sus patrones; en los bancos y en los banqueros, a pesar de sus deplorables vidas.

Sin embargo casi todos coinciden en la autoridad la constitución. Se trata de una masa que aún no se ha hecho pueblo, que todavía no la une un sistema de valores, fuerte y compartido, un sistema de valores común, que podría estar contenido en el espíritu de nuestra constitución, pero en su memoria solo existe el respeto siego a la ley y no entienda mucho su sentido.

Cuando no se reconcilia la sociedad con sus leyes (o sea, ahora) los textos son objeto de la sofistica de los abogados. Es el caso de la Constitución, cualquiera la interpreta y pareciera que sirve para todo. Y lo que sirve para todo no sirve para nada. Para que nuestra constitución obligue con un espíritu revolucionario las prácticas sociales deben ser revolucionarias, las tomas de decisiones por parte de nuestros líderes deben ser revolucionarias. Es así como funciona la ley. La ley no hace la revolución la revolución la hacen los hombres y las mujeres revolucionarios.

En tiempos de revolución las leyes las hacen y las deshacen los líderes de la revolución, los políticos, no los abogados, no técnicos y mucho menos la Asamblea Nacional, que es una institución burguesa, por cómo es electa, por lo que representan sus miembros, porque corresponde a un sistema político burgués. El espíritu de la ley debe recoger el espíritu de la revolución. Muchas de las leyes escritas, siguen siendo el reflejo de la sociedad que queremos cambiar y que ahora está descompuesta, en su forma y contenido, en su leguaje, en sus doctrinas. Son los políticos de la revolución, sus capitanes, quienes deben asumir la responsabilidad de los cambios, de corregir los entuertos, no abogados. Los abogados son sofistas, son técnicos y charlatanes. Hoy la constitución es objeto del manoseo de los tecnicismos legales, de las manipulaciones de su letra muerta. A pesar de los constituyentes y de los constitucionalistas. Pero la constitución no hace a la revolución. Así que las interpretaciones de unos abogados no hacen revolución. Revolución es cambio no interpretaciones a una ley muerta..

Cambiar la constitución fue una acción política, convocar una constituyente también fue, en su momento, un acto político. Así como participar en unas elecciones. Pero fueron actos políticos dentro de unas tácticas y estrategias políticas vistas hacia la estrategia fundamental, de hacer una revolución socialista pacífica. Lo que no significó necesariamente tener que actuar dentro de las instituciones burguesas per se, tener que respetarlas. Si no, no es revolución. Se necesitan acciones revolucionarias para reavivar esa letra que ahora está muerta.

La razón, la verdad de un pueblo revolucionario y socialista no está escrita, a despecho de lo que digan y piensen los abogados. Se va escribiendo con la práctica de vida revolucionaria y socialista.

Pero, en nuestro caso, este proceso fue roto con el asesinato de Chávez. Inteligentemente fue interrumpido por el imperio. Calculado. Pasamos de una revolución a ser sometidos por la lógica de la ley, a su vez entrampada en el hacer diario del capitalismo y de la democracia burguesa. Sometidos al imperio de la ley que es en la practica la ley del imperio. La constitución esta capturada por las instituciones burguesas, por tecnócratas y abogados charlatanes, y por la inercia del gobierno y de sus líderes, del partido PSUV.

Es triste. Cuando Chávez estaba vivo, los abogados estaban para rellenar el texto de la constitución con los detalles que faltaban a la revolución. Muerto Chávez, los abogados son llamados a suplir las carencias políticas, a suplantar las carencias teóricas, estratégicas que tienen los líderes políticos. Otra vez los tecnicismos y los técnicos.

¿Cuál era la respuesta política adecuada a las circunstancias, cuál fue la respuesta táctica revolucionaria a la coyuntura? El congreso de la patria.

Sobre eso escribe Toby Valderrama, la idea no puede ser más redonda, lean:

"El llamado Congreso de la Patria era una extraordinaria iniciativa para fortalecer el polo de poder del gobierno, debía ser un parlamento paralelo, el nacimiento firme de un nuevo Estado, el Estado revolucionario. El Congreso debía ser la oportunidad para formar los Comité de lealtad con el Socialismo y con Chávez, y que estos eligieran sus representantes regionales, nacionales, estos delegados más los representantes de los obreros, de los campesinos, estudiantes, culturales, etc. formarían un parlamento vigoroso sustentado en un tejido social, un verdadero poder popular que se enfrentaría a los planes de la derecha externa y a su parlamento"[i]

No obstante, a decir de un petulante abogado, el gobierno prefirió llamarlos a ellos, a un grupo de abogados a consulta para asesorarse, en el terreno que domina la lógica burguesa capitalista. El gobierno quiso buscar dentro de sus puntos de vistas (el de los leguleyos) el que le fuera más útil a sus intereses de paz, conciliación e inercia política revolucionaria.

No hay ahí un consenso político revolucionario; no aparece en ningún lado la estrategia política, la teoría, la comunidad de intereses socialistas, no hay un gobierno comprometido con un sistema ético y político socialista.

Cuando eso pasa hay que apelar a abogados oportunistas, inflados de vanidad, de pedantería, ignorantes e indiferentes a la revolución y el socialismo, de almas aburguesadas.

Dirimir sobre la constitucionalidad de una ley fascista, aprobada por la mayoría lacaya fascista, que dirige a su vez una asamblea burguesa, la cual, a estas alturas del tiempo revolucionario no debería existir, es una imagen del fracaso de la revolución. Es vergonzoso y ridículo a los ojos de un Lenin. De Fidel (aunque solo lo diga en privado, o solo lo piense), del Che… ¡Que los abogados se ocupen!: ¡Qué riñones!, es un insulto al espíritu de Chávez.

El chiste cruel es, que el más conspicuos abogado, por su carácter oportunista, tiene razón. Tiene razón frente a las pendejadas de Escarrá. De que la interpretación de su "colega", que compite con él ambiciones burocráticas, es errada. Los detalles no vienen al caso, no importan.

Pero parece que el voluble Escarrá propuso una "enmienda" a la constitución, para reducir el tiempo de la Asamblea Nacional. El reproche fue que esto produciría un efecto caótico, una especie de "caos lógico de enmiendas consecutivas ad infinitum", lo que sentaría un precedente (una jurisprudencia) fatal. Acabaría con la constitución, por un efecto lógico caótico de reducción al absurdo.

Claro, cuando las palabras son pensadas o interpretadas sin comida, sin carne, sin pueblo, sin líderes, sin ideales, sin valores, sin revolución, una ley es solo "lógica y reducción al absurdo", un comodín.

Insisto que, con Chávez vivo, esto era impensable. Él fue el custodio del valor revolucionario de la Constitución. Porque fue el líder indiscutible de la revolución. En cualquier momento la hubiera cambiado, a razón de los intereses de su pueblo, de la revolución y del socialismo. De hecho, intentó una enmienda; hizo cambios.

Su voluntad y su pensamiento se esforzaron para adelantar sus planes de cambio, para darles forma política a los ideales revolucionarios, a pesar de la misma Constitución.

De ahí nació el Plan de la Patria, una guía ética y política para que, entre otros, los leguleyos y burócratas del gobierno, se orientaran a la hora de actuar con las herramientas de la Ley. Porque Chávez supo que a la Ley había que domeñarla, cambiarla, eliminarla, inventarla sobre los cambios revolucionarios.

Es esa la tarea de los abogados revolucionarios: afinar la ley hacia los intereses socialistas y humanistas, hacia la defensa de toda la sociedad. Es poner la ley al servicio de VALORES. Y los de la revolución chavista son socialistas, profundamente clasista a favor de las mayorías; explotados, humillados, olvidados. Los valores para redimirnos todos, de la miseria del espíritu y la miseria del cuerpo.

Para desgracia nuestra, no ha sido así. Los abogados cercanos al gobierno se han puesto al servicio de la trampa, para adulterar al Plan de la Patria, para redactar leyes a favor de los capitalistas como la de las Zonas Económicas Especiales. Y otros, para frenar los procesos de cambio revolucionarios con su culto pernicioso a la Ley y a las instituciones burguesas.

 


 

[i] En: Aporrea: Sin teoría revolucionaria toda práctica es reaccionaria: Por: Toby Valderrama y Antonio Aponte | Viernes, 08/04/2016 11:05 AM



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Héctor Baiz

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