Mi palabra

Navidad y Año Nuevo en Paz

"Denle una oportunidad a la paz."
John Lennon

Pasó el 6D, con los resultados ampliamente conocidos. La celebración apenas duro horas; después se empezaron a escuchar los lamentos en todas partes, por la insostenible inflación, arreciada en los últimos días por encontrarnos en el mes, más festivo del año; se recuerda el nacimiento de Jesús de Nazaret, un verdadero inmortal, crucificado por los traidores y eternos enemigos de la paz, la verdad y la libertad.

Sin embargo, para beneplácito de la inmensa mayoría de los venezolanos, todo indica que vamos a pasar el resto y comienzo de año, en sana paz, porque después del 5 de enero, fecha de instalación de la nueva asamblea nacional, nadie sabe, el comportamiento de los nuevos diputados, pero todo el mundo, conoce su malévolas intenciones; apenas salieron electos (algunos de ellos) empezaron a enseñar los “dientes” amenazando con echar por tierra, todo lo que tenga algún parecido con el color rojo.

Nadie debe adelantarse a posibles acontecimientos, cuando podemos aprovechar lo que resta del año, para reflexionar, apartando todo lo malo de nuestro corazón, buscando el entendimiento entre nuestros semejantes. Todos sabemos la grave situación económica de nuestro país; las acusaciones son las armas para seguir atacando al gobierno, culpándolo de todo lo malo, sin echar una mirada al pasado. Desde el mismo momento del primer triunfo del fallecido Comandante Chávez, empezaron los ataques, sin importarles las consecuencias, porque el objetivo era sacarlo del poder, pasara lo que pasara, sin pensar que estaban atizando una verdadera hoguera del cual no se escapa nadie, llevando la peor parte, la desaparecida clase media y los eternos golpeados, los de abajo.

La grave herencia económica, dejada por AD y COPEY, la recogió el gobierno de Chávez, pero los culpables la siguieron profundizando, usando todos los medios posibles, creyendo que la caída estaba a la vuelta de la esquina. A todo esto, se agregaron los errores de un proceso, iniciado por medio de los votos, en un país, inundado por todas las lacras del capitalismo, empezando por la corrupción; este mal, parece no tener solución en ninguna parte; los hechos lo demuestran de manera muy clara; en los Estados Unidos, centro del mercantilismo, la podredumbre tiene muchas caras, entre ellas la venta de armas; cualquier desquiciado mental anda armado, dejando muertos y heridos, sin poder las autoridades hacer nada.

La razón es fácilmente explicable: la industria armamentista, es un negocio por demás rentable en la tierra del tío Sam; el capitalismo es comercio sin importarle el ser humano, por lo tanto no podemos esperar, algo que frene estas lamentables tragedias. En el mismo congreso norteamericano, se encuentran fuerzas poderosas, opuestas de manera rotunda a discutir este problema, que aunado al consumo de estupefacientes se ha hecho por demás preocupante, sin solución aparente; el presidente Obama, se alarma, pero no resuelve.

En nuestro país, no padecemos este terrible flagelo, pero no podemos obviar tres problemas: la corrupción, la inflación y la delincuencia, el cual se viene abriéndose camino a pasos agigantados, desafiando a las mismas autoridades. Por eso, cuando me preguntan ¿Qué va a pasar en el país, después del 5 de enero? Me limito a responder: tenemos que esperar, porque lo cierto, es que nadie puede enfrentar las grandes dificultades, pensando solamente en sus intereses personales o de grupos; se requiere dialogo, prudencia, cooperación y por sobre todas las cosas, amor por la patria, para buscar detener estas asfixiantes calamidades.

A pesar de todo lo malo, el mes de diciembre va transcurriendo tranquilamente, por una razón muy sencilla: los resultados del 6D, favorecieron a la oposición. En caso contrario, nadie hubiese detenido las malas intenciones de sus dirigentes; todavía estuviéramos contando los muertos. La frustración de la oposición es muy grande; pasaron 40 años disfrutando las mieles del poder, creyéndose los dueños del país; los últimos años los pasaron con el amargo sabor de la derrota. El último proceso electoral envalentonó a más de uno, sin acordarse, que el pueblo pide soluciones, pero también quiere paz, rechaza las guarimbas y está dispuesto a defender sus conquistas; lección que no aprenden, siguen soñando, pensando en el pasado, cuando todos sus antojos los satisfacían y si alguien se oponía, la pagaba con la cárcel o la muerte.




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Narciso Torrealba


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