La conspiración endógena

Un tema que se impone reiterarlo tantas veces como sea posible…

Los gobiernos de la 4ta. República se aseguraron de que sus gerencias estuviesen en manos de sus militantes activos o simpatizantes comprometidos en llevar adelante sus planes y programas. Para ello dispusieron de sendas secretarías de profesionales y técnicos que actuaban con extremado rigor para garantizar que no se les colaran personas que, por ejemplo, no fuera adecos o copeyanos o, peor aún, que simpatizaran con la izquierda y así actuaban con el mayor descaro, lo cual el pueblo -en general- lo repudió siempre, pues a través de ese insalvable filtro tenía que pasar todo aquel que intentara encontrar una oportunidad de trabajo en alguna institución pública.

En el plano personal fuimos víctimas de esa reprochable política y más allá de que no creemos que vale la pena relatar esa experiencia, si es interesante observar que en esos andamiajes casi siempre aparece gente honorable y cuestionadora de ese tipo de prácticas, como nos sucedió con el Dr. Luis A. Pietri, Contralor General para la época (1961), persona honorable, de una rectitud y honradez intachables (quizás el mejor Contralor que ha tenido el país en toda su historia), quien al enterarse de que la fracción de adecos que hacía vida en esa institución para ese entonces nos exigió que nos inscribiéramos en el "partido" al día siguiente que llegamos a desempeñar la función para la cual él nos había designado, se molestó de tal manera que hizo que dos de sus integrantes que nos hicieron tal exigencia, optaran por renunciar al organismo, cuyos nombres nos los reservamos por respeto a sus respectivas parentelas y quienes, por otra parte, ya deben haber fallecido, pues para ese entonces, tenían ambos mucho más de 55/60 años.

En nuestro proceso Bolivariano hemos descuidado demasiado esos flancos y es por allí por donde se han colado miles de opositores y/o chavistas disfrazados que han propiciado la corrupción a manos llenas, la desidia y aplicado el saboteo, en muchos casos generalizado y dañino, como sabemos que ha sucedido en muchos espacios, como, a título de ejemplo, tenemos los actos de terrorismo descubiertos en Corpoelec y en Pdvsa, así como los fallos notorios y graves en muchos casos observados en la prestación de servicios públicos en general, como son estos pocos que nos vienen a la memoria: desperfectos en los sistemas de pago con débito que no se los repara en taquillas de la CANTV (en la del CC Macaracuay, ya lleva casi un año desactivado), cajas de pago en los bicentenarios y pedevales insuficientes y para peor, en muchos de ellos unas cuantas que pasan meses y meses fuera de servicio, equipos médicos de todo tipo sin funcionar en hospitales y centros de atención médica, como sucede con los resonadores magnéticos (todos en el caso de los hospitales del ministerio de salud y los adscritos al IVSS ubicados en la Región Capital, excepto el del CDI Salvador Allende, cuyo equipo no hace contrastes), servicios odontológicos paralizados en los CDI por falta de un insumo tan importante como lo es el indispensable para anestesiar a los pacientes en caso de la extracción de piezas dentales o para el tratamiento de conductos, etcétera y todo ello, no nos cabe la menor duda, ocurre por una desidia "planeada" para provocar demasiada molestia en el pueblo.

Pero hay más. Esto que señalamos seguidamente está a la vista de todo el mundo, inclusive de personeros del alto gobierno, porque de seguro también compran por si o a través de terceros, bienes y servicios que requieren para poder vivir: En todos los centros de venta de alimentos y medicamentos, públicos y privados, como los supermercados Excelsior Gama, Central Madeirense, Plaza´s, Farmatodo y el resto, sin excepción alguna, piden la cédula y obligan a las personas a que se les verifique sus respectivas huellas dactilares, aun cuando no están adquiriendo bienes regulados de ninguna naturaleza, lo cual vemos que se trata de una práctica que ocasiona mucho desagrado a la gente, pues ese proceso hace que se formen colas interminables y en general nadie atina a encontrarle una explicación razonable a este tipo de medidas, de donde no es nada difícil llegar a la conclusión de que su objetivo es crear malestar en el pueblo y eso, obviamente, tiene su origen en una planificada acción desestabilizadora. A donde quiera que entramos a comprar algún bien esencial no regulado (alimentos o medicinas) y nos exigen la cédula y el chequeo de la huellas, protestamos y no nos cansamos de hacerlo y todos los empleados de esos comercios, desde aquel de menor jerarquía hasta el gerente más encumbrado, nos alegan que esa es una disposición del gobierno y que, además, es de obligatorio acatamiento, so pena de sanciones severas.

De verdad y lo confesamos, no entendemos que el gobierno de la Revolución haya acordado medida tan absurda. La entendemos y, por supuesto, la defendemos con todo nuestro mayor empeño, que se le aplica con rigor implacable en el caso de la venta de productos regulados, pues sabemos que con la misma se logra disminuir en grado significativo, el llamado "bachaqueo", que tanto daño nos causa a todos.

Ese tipo de burocracia que está detrás de todas esos fallos y perversiones, incumpliendo con sus responsabilidades, haciéndose la loca frente a aquello que puede ser solucionado sin problema alguno y no actúa, que trata muy mal al público, o que extravía documentos y expedientes, creando con ello desazón y excesivo desconcierto en multitud de personas que intentan solucionar un determinado y en muchas ocasiones graves problema y no lo logran, que pide el pago de coimas o favores miles para prestar el servicio al que está obligado, etcétera, etcétera, hay que retirarla sin contemplación alguna de los cargos que desempeña y de inmediato instrumentar mecanismos eficaces para evitar que sea reciclada, como sabemos es lo que, lamentablemente, ocurre en muchos casos.

Hasta en la banca pública se incurre en los mayores desatinos e ilegalidades que hayamos conocido, cuando se nos limita los retiros de efectivo a cantidades que, en nuestro caso particular, nos obligó esta última semana a ir al banco tres días seguidos para retirar 35 mil bolívares que necesitábamos con urgencia para pagarle a un maestro de obras que reparó en nuestra casa de habitación unos graves desperfectos sanitarios y quien, a su vez, debía cancelarle con dinero en efectivo el trabajo manual a dos de sus ayudantes. ¿Cómo entender esto? Es una medida que se adopta para crear malestar, sin duda alguna y quién o quienes la impusieron, pues no son otros que quintas columnas que hacen parte, bien disfrazados de rojo rojito, de sus equipos de gerencia…

Nos ha hecho falta para impedir que la canalla nos pille por allí, revisar urgentemente el exceso de buena fe que hemos tenido, pues cuando se trata de defender la Patria, esa virtud hay que saberla manejar con inteligencia y gran cautela, pues nuestro primer deber es proteger y cuidar la estabilidad del proyecto político que nos impone la Constitución Bolivariana y el legado de Hugo Chávez.



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Iván Oliver Rugeles


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