Pablo el novelero

Pablo Medina es todo un caso. Es una persona que vive entre el realismo mágico fusionado entre su estupidez surrealista. Y ahora resulta que este bravucón es todo un literato. Pero sin ser un erudito en materia literaria, su obra no sería aspirante a ningún reputado premio de las letras. Solo con conocer la trayectoria de este “autor”, creo que sus libros deben ocupar un sitial importante, para apuntalar cualquier mesa que tenga una pata corta en nuestro hogar u oficina. Hizo mención de sus gustos por las novelas negras, por ser las que mas se identifica su pensamiento y dentro de ese género ahora quiere hacer una crónica de los crímenes mas mediatizados en nuestra Bolivariana Patria, como son el de Danilo Anderson y ahora el del sacerdote Piñango. Resulta, según el, que este prelado lo metieron muerto en el hotel, es decir, que aparentemente las personas que estaban en la recepción de este establecimiento o habían consumido “burundanga” también porque vieron al padre Piñango ir y venir, o se trató de un milagro de resurrección. Otra de sus afirmaciones, es que este es un “hotel chavista”, es decir, ahora el hotel tiene pensamiento político propio. Pero resulta señor “novelero” que usted debe averiguar si ese hotel no es “medio adeco”, ya que aparentemente pertenece a un familiar muy cercano de “Toñito” Ledezma.

Dentro de su indeterminado “análisis lingüístico”, este autor manifiesta que esta muerte clerical pertenece a unas víctimas selectivas que realiza el gobierno a través del método Cha-Chá, es decir, ordenadas intelectualmente por el Comandante Chávez y ejecutadas por el ministro Chacón. Pero, le recomendaría que se pusiera en contacto con un sociólogo de apellido Colina (nieto del escultor de la estatua de María Lionza) que en el cuerpo cuatro de El Nacional, manifiesta que en sus peripecias noctámbulas se tropezó con el oscuro y tristemente personaje, que aparentemente acabó con la vida de Piñango, actuando con el mismo modus operandi.

Medina se pone la investidura de defensor de los jerarcas de la iglesia católica venezolana y en verdad como en otras oportunidades, esta tampoco le queda bien. Ni Porras, Lukert, ni Castillo Lara y otros prelados menos conspicuos a estos, son indefendibles. Se les puede “pasar” de alguna manera sus “gustos” que están enmarcados dentro de lo prohibitivo no solo dentro de los cánones eclesiásticos, sino sociales, pero colocarlos en un altar de irreprochable rectitud haciéndoles ver como la conciencia moral que queda en el país, eso es ya bastante. Pero, sería interesante para su próxima obra que recorra de manera visible y furtiva los sagrados aposentos eclesiásticos e indague cada rincón humano y físico, aquellos donde llega la luz y los que están en penumbras. Póngase una sotana y actué de una manera nada santa y bien terrenal y es capaz que pasa desapercibido entre esta feudal existencia y así podrá hacer mejor su trabajo investigativo. No se vaya para los pequeños templos pueblerinos, porque no va a conseguir material para sus oscuras novelas, sino testimonios de vida y ese no es su fuerte. Le garantizo señor Medina, que ese material literario será todo un éxito. El “Código Da Vinci” quedará como un cuentito de Graterolacho. Y le prometo, que esta vez si leeré su obra y le daré el reconocimiento que usted pueda merecer, porque hasta ahora ha merecido lo que su desvariado y desubicado actuar, lo ha hecho merecer.

cajucont@yahoo.com.mx


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Carlos J. Contreras C.


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