Me vale nada vender la Patria sin socialismo

Para vender la Patria hay que saber cuánto vale la que tenemos. Saber si no será una falsificación, o si hay muchas como esta, lo que desmejoraría el precio. Pero Chávez decía que no hay patria sin socialismo ¿Qué querría decir con eso?

Yo lo pensé bien y asocié la idea de Patria con intereses comunes. La palabra viene del latín Pater, patris: el padre, del padre. Dice el profesor Roque Barcia en su Diccionario de Sinónimos Castellanos: "suspiramos por la Patria. La primera Patria es el rescoldo de la familia, el calor del hogar en que nacemos, el regazo de nuestra madre. Las demás patrias, los demás pueblos vienen después. La patria es el pueblo que da a los hombres la Providencia" Luego de leer está idea que define bastante bien a mi patria, solo me quedó pen pensar en el barrio donde nací. En él me siento seguro, en él está el calor de mi hogar, él me otorga la Providencia, es decir, él cuida de mí, mi barrio es mi patria. Luego dice Ruque Barcia "La patria es memoria, lengua, derecho, dogma, también amor, porque la patria es el pueblo de nuestros padres." Bueno, sí, se parece mucho la patria a lo que fue el Barrio de mi infancia. Hoy, lejos de él en la distancia del tiempo y del espacio, no sabría decir con certeza si seguiría siendo mi patria. Pero de lo que sí estoy seguro es que mi patria no es la misma que la de mis enemigos de clase.

Hemos trabajado toda una vida y nos hemos educado para ser alguien en la vida, pero parece que a estas alturas todavía seguimos siendo nadie. Nuestros padres que para eso trabajaron ahora solo les ha quedado querernos, darnos el amor de padres, de Patria, siendo todavía los nadies que fuimos de jóvenes, a pesar de haberlo intentado en tantos años. Hasta hoy hemos hecho todo lo que nos enseñaron: fuimos honrados, obedientes y trabajamos duro.

Pero, después de tantas contradicciones y golpes sólo alcanzamos a cobrar conciencia de que en esas y en estas condiciones de desventajas nunca llegaremos a ser ese alguien que quiso que fuéramos nuestros padres. Porque descubrimos que la Providencia del pueblo y de Dios aún sigue sin existir para los más pobres, ahora lo sé.

Esta Patria de la cual hacen tanta alharaca en los discursos políticos, ésta que hoy me piden que no la venda, no lo voy hacer. Porque no vale nada para mí. Esta patria es la patria de los ricos, pero venderles la patria de los ricos a los ricos no es una venta, es una tontería; ellos la fundaron y nosotros solo formamos parte de su inventario. Y si es que los ricos no tienen patria, menos se les puede vender una a quienes no quieren una. Por eso decía Chávez que patria es socialismo, porque en el socialismo la Providencia es de él y es para todo el pueblo, porque en socialismo sí que tenemos Dios.

Es así como sin socialismo no tengo patria, ni siquiera para venderla. Y porque sin socialismo mi patria se reduce al sitio donde nací y nacieron y están mis padres, mi memoria, mi lengua y el amor paternal de un pueblo, quizá reducido a una comunidad de muy pocas familias, o a la mía propia.

El socialismo sería la única experiencia de sentir a Dios en la tierra, no la caridad de ricos y famosos; sentir la Providencia divina hecha por el hombre. Construir la sociedad socialista, asociarnos para cambiar la sociedad es la única forma de hacer patria, y en ella no cuentan los ricos, los capitalistas (así prometan ser justos y respetuosos). Mi patria es memoria y lengua, y mi memoria me enseña que los capitalistas y los ricos siempre han estado del lado opuesto de mis intereses. Si acaso un rico renunciara a sus propiedades y desde su pobreza intenta acompañarnos en la empresa de construir el socialismo será recibido con los brazos abiertos en mi patria. Pero su patria seguirá siendo otra, extraña a mí y a mis intereses.

¿Y quién defiende la patria, para no defender al socialismo? Aquel que no sabe dónde se encuentra la propia, que por no encontrar la suya termina defendiendo la del enemigo, y que confundido no la busca en el socialismo. La patria del hombre explotado es el socialismo. El pueblo donde no habrá obreros esclavos ni tampoco habrá esclavista explotadores, solo humanidad, solo humanos conscientes, una sociedad consciente de ser única y necesaria para la conservación de gran parte de la vida superior del planeta.

Esa es la única patria que yo defiendo. Es la única que me haría verter lágrimas de emoción y suspirar por ella. Por ella pelearía, estudiaría, trabajaría, me desvelaría; por ella, todo. Porque Patria, así, con mayúscula, solo se la lee en los discursos secos y quemados de los que nunca han luchado por conquistar una real. Que así como escriben y vociferan Patria, así son capaces de desalojar una familia campesina de sus tierras o de su casa alquilada. Son indiferentes ante la desgracia de los más miserables.

Patria, pueblo, solo adquieren sentido dentro del sentido de lo providencial que tiene eso que llamó Bolívar la máxima felicidad de todos. Alcanzan un valor sagrado solo si son sujetos de la conciencia del deber para y por toda la sociedad, si pueden hacer de la obra de Cristo obra de los hombres y las mujeres en la tierra. Usar en vano la palabra Patria y la palabra Pueblo es un sacrilegio literalmente.

Lo mismo se podría decir del lenguaje. Patria es también lenguaje, y el nuestro se ha diluido en tantas contradicciones y mentiras que, también ahí, en el lenguaje, no podemos decir que tenemos patria. Cuando Chávez dijo "ahora tenemos patria", no se refirió a una cosa, sino a un espíritu, a una voluntad de independencia y lucha por el socialismo. "Tenemos patria", porque ya sabemos lo que queremos; ya sabemos para dónde vamos, tenemos la Providencia sagrada del socialismo.

Y la lengua de mi patria habla con la verdad, es la lengua de la voluntad por estar cerca de ella. La lengua de mi patria es una atención constante por los detalles, por las cosas mínimas que nos hace grandes a los hombres y a las mujeres; es poesía. Solo en mi patria los chuecos son dignos de serlos, porque chueco significa hombre no paciente, no "caso de síndrome extraño" con el nombre propio de un pedante. Lo negros son negros, no afro-descendientes (y es que a los blancos no se los llama caucásicos-descendientes). Los maracuchos son maracuchos, los chinos chinos, los colombianos son colombianos. En la lengua de mi patria los prejuicios nos hacen reír, y las palabras piadosas están hechas para soportar la muerte, y nada más. En mi patria la lengua es un instrumento para el amor, la belleza y el amor. En mi patria la lengua es poesía, música, espíritu y humanidad.

En mi patria la lengua no es un instrumento de dominación, de calificación, de dominación, de embrutecimiento. Por eso, en esta Venezuela enferma de capitalismo dónde solo se habla la lengua del egoísmo mezquino capitalista, no puedo encontrar a mi patria. Tampoco en ella a ese barrio lejano que alguna vez me quiso, hoy envenenado de mezquindad e indiferencia. Hoy nuestra lengua, esclerotizada, muere de rodilla ante el lenguaje de la ostentación, de las distinciones materiales, del lujo, de la "clase"; se seca frente la impotencia social postrada a los valores del amo. Y lo sano se protege replegada guareciéndose en los brazos de la poesía, en la patria del arte, en el discurso lúcido y comprometido, recuperando su ímpetu el trabajo intelectual contestatario y revolucionario, bello a veces, neurótico otras; obsesivo y terco siempre…

Así la patria "es memoria, lengua, es derecho, dogma, también amor, porque la patria es el pueblo de nuestros padres".



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Héctor Baíz

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