Diosdado Cabello y la Eterna parranda

Esta crónica no tiene nada que ver con lo que algunos están pensando a propósito de un título tan sugerente. Lo único que queremos es llamar la atención del presidente de la Asamblea Nacional Diosdado Cabello, para que en su programa "Con el mazo dando", transmitido por Venezolana de Televisión, comente el libro La eterna parranda, en el que el periodista colombiano Alberto Salcedo Ramos, expone dramáticamente la verdadera dimensión de la violencia en Colombia.

A través de sus extraordinarias crónicas, Salcedo Ramos retrata un infierno, un drama humano que jamás será reflejado en CNN, Caracol, El Tiempo de Bogotá, ni en ningún de esos medios de comunicación que a diario manipulan descaradamente las informaciones, pero sobre todo por estos días con motivo del cierre de la frontera que ordenó el presidente Nicolás Maduro.

Sería interesante que Diosdado Cabello refiriera algunas crónicas aparecidas en La eterna parranda, texto en el que el periodista colombiano haciendo gala de un extraordinaria capacidad de persuasión, presenta la cruda realidad de un país como Colombia que hace muchos años implosionó de angustia y dolor debido a una violencia estructural que no tiene parangón en ningún país de América Latina, e incluso en el resto del mundo..

El periodista Salcedo Ramos, actualmente uno de los mejores cronistas colombianos, sino el mejor, ha ganado varios premios como, por ejemplo: el Rey de España, el premio a la Excelencia de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y el Simón Bolívar de Colombia, de manera que no debería ser cuestionado en su credibilidad respecto a la cruda realidad que nos cuenta , ya que todos esos reconocimientos que ha recibido son siempre avalados por la derecha más recalcitrante del continente y por los mismos medios que ocultan flagrantemente la verdad.

Aunque aquí vamos a transcribir algunos párrafos en los que Salcedo Ramos presenta crudamente el infierno en llamas que es Colombia, no estaría de más que Diosado Cabello, refiriera el libro en cuestión con el propósito, entre otros, de develar toda la manipulación mediática que se ha generado recientemente con el tema de la frontera

Escribe el destacado periodista neogranadino en la crónica titulada: "El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas" fragmentos espeluznante como los siguientes:

La masacre "fue consumada por trescientos hombres que portaban brazaletes de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). Los paramilitares comenzaron a coordinar el área desde el miércoles 16 de febrero de 2000. Mientras estrechaban el cerco sobre El Salado, asesinaban a los campesinos que transitaban inermes por las veredas .No los mataban a balas sino a golpes de martillo en la cabeza, para evitar ruidos que alteraran a los desprevenidos habitantes que se encontraban aún en el pueblo."

"…Sucede que los asesinos - advierto de pronto, mientras camino frente al árbol donde fue colgada una de las sesenta y seis víctimas – nos enseñan a punta de plomo el país que no conocemos ni en los libros de texto, ni en los catálogos de turismo. Porque dígame usted, y perdone que sean tan crudo, si no fuera por esa masacre ¿cuántos bogotanos o pastusos sabrían siquiera que el departamento de Bolívar, en la costa Caribe de Colombia, hay un pueblo llamado El Salado? Los habitantes de estos sitios, pobres y apartados solo son visibles cuando padecen una tragedia

"… en la mitad de la cancha de fútbol los paramilitares torturaron a Eduardo Novoa Alvis, la primera de sus víctimas. Le arrancaron las orejas con un cuchillo de carnicería y después le embutieron la cabeza en un costal. Lo apuñalaron en el vientre, le descerrajaron un tiro de fusil en la nuca. Al final para celebrar su muerte, hicieron sonar los tambores y gaitas que habían sustraído de la Casa de la Cultura…"

… Enseguida arrancaron a los pobladores de sus casas y los condujeron como borregos de sacrificio hacia la cancha. Allí – aquí- los obligaron a sentarse en el suelo. En el centro del rectángulo donde normalmente es situado el balón cuando va a empezar el partido se plantaron tres de los criminales. Unos de ellos blandió un papel en el que estaban anotados los nombres de los lugareños a quienes acusaban de colaborar con la guerrilla. En la lista después de Novoa Alvis, seguía Nayibis Osorio. La arrastraron prendida por el pelo desde su casa hasta el templo, acusada de ser amante de un comandante guerrillero. La sometieron al escarnio público, la fusilaron. Y a continuación, en el colmo de la sevicia, le clavaron en la vagina una de esas estacas filosas que usan los campesinos para ensartar las hojas de tabaco antes de extenderlas al sol…"

" … El compañero que manejaba la lista entregó el dato solicitado: Rosmira Torres Gamarra. Separaron a la señora del grupo, le amarraron al cuello una soga y comenzaron jalarla de un lado a otro, al tiempo que imitaban los gritos de monte característico de la arriería de ganado en la región. Le ahorcaron en medio de un nuevo estrépito de tambores y gaitas. Luego ametrallaron sucesivamente a Pedro Torres Montes, a Marcos Caro Torres, a José Ureta Guzmán y a un burro vagabundo que tuvo la desgracia de asomar su hocico por aquel inesperado recodo del infierno…"

"…El viernes 18, ya durante la invasión, forzaron las casas que permanecían cerradas y ametrallaron a sus ocupantes. Cometieron abusos sexuales contra varias adolescentes, obligaron a algunas mujeres adultas a bailar desnudas una cumbiamba. Por la noche les ordenaron a los sobrevivientes regresar a sus moradas. Pero eso si: les exigieron que durmieran con las puertas abiertas sino querían amanecer con la piel agujereada. Entre tanto, ellos, los bárbaros, se quedaron montando guardia por las calles: bebieron licor, cantaron, aporrearon otra vez los tambores, hicieron aullar las gaitas. Se marcharon el sábado 19 de febrero casia las cinco de la tarde. A esa hora los lugareños corrieron en busca de sus muertos. El panorama con el cual se toparon eran lo más horrendo que hubiesen visto jamás: la cancha que con tanto esfuerzo le habían construido a sus hijos cinco años atrás estaba convertida en una cloaca de matadero público: manchones de sangre seca, enjambre de moscas, atmosfera pestilente. Y para rematar, los cerdos callejeros le caían a dentelladas a los cadáveres, corrompidos ya por el sol…"

"… Al distinguir los nombres labrados en las lápidas con caligrafía primorosa, soy consciente de que camino por entre las tumbas de compatriotas con quienes ya no podré conversar. Habitantes de un país (Colombia) terriblemente injusto que solo reconoce su gente humilde cuando está enterrada en una fosa.,"

 

Libro: La eterna parranda, Crónicas 1977-2011

Autor: Alberto Salcedo Ramos

Editorial: Aguilar (2011)



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Jhonny Castillo

Periodista, presidente de la Fundación Lectura Crítica de Medios.

 jhocas10@hotmail.com      @heraclitando

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