Las miserias del discurso opositor

La vibración del momento presente debe conducirnos hacia un estado de profunda reflexión, donde se pueda asimilar de manera paciente las odiosas circunstancias en las que nos ha metido la llamada coordinadora democrática, monstruo sin cabeza ni forma.

Asimilar las circunstancias de esa forma es necesario porque permite adaptarse a las mismas, y a partir de allí se pueden generar acciones efectivas. Es decir, a mayor adaptabilidad, mayor posibilidad de efectividad. Ser efectivo significa abrir caminos ante las adversidades.

Precisamente, ante el feroz ataque terrorista que sufre el estado y la sociedad venezolana, el gobierno nacional ha venido actuando con entereza y efectividad. A pesar del sabotaje incesante, no se ha logrado paralizar la economía, ni mucho menos la dinámica social del país. Por supuesto, todo este accionar violento de los grupos opositores ha repercutido negativamente, con consecuencias funestas para la dinámica económica y social de los venezolanos.

Sin duda, se trata de una situación bastante lamentable, en el sentido que la lucha política ha sido prostituida, donde vemos a una oposición pataleando en la precariedad de su propio discurso. Analizando el hilar discursivo del híbrido opositor encontramos que no sólo es inconexo sino que también carece de racionalidad y muy cercano a las fronteras de lo miserable.

Ese mismo discurso, apunta -según sus operantes- hacia el rescate de la libertad y la democracia. La realidad habla por si sola. El proyecto político que se inició en 1999 ha ampliado los niveles de libertad y ha transformado la práctica democrática haciéndola más protagónica y participativa. Entonces por ese lado vemos que descarrilan hacia las sendas de la estupidez. Igualmente -dice el discurso miserable- que todo su accionar es por el rescate de la dignidad y el respeto hacia los ciudadanos. Otra miseria más, pues gracias a sus "heroicas" acciones, los venezolanos estamos sufriendo restricciones en nuestras actividades cotidianas. Gracias a la manifestación de sus odios, estamos viviendo las experiencias de las largas "colas" para adquirir combustible para nuestros vehículos. Gracias a esa burda manera de hacer política y entender la democracia, estuvimos a punto de volver a situaciones políticas ya superadas. Y esa es la estupidez y lo miserable de este discurso. Resulta que esos "demócratas" quieren matar a la democracia y para ello manejan un discurso destructor, preñado de falsas ilusiones. Tercamente persisten en transitar por los laberintos de la realidad inventada y por los pasillos de lo ilusorio. Ellos a través de su retórica avasallante y destructiva han logrado arrastrar a muchos venezolanos, quienes confundidos los acompañan en sus consignas de guerra contra el estado.

Podemos decir entonces que el discurso de la llamada coordinadora democrática luce cansado y desgastado. Aunque la retórica sea fulgurante, el vacío es grande. Si analizamos cada palabra, cada frase de ese discurso, veremos que allí están resumidas las miserias políticas de unos seres humanos que antepusieron su odio y pisotearon los intereses de la nación y la sociedad. De allí que es necesario, sumamente necesaria la presencia de una oposición democrática que retome las banderas del discurso opositor y ayude a elevar el debate democrático. No se puede permitir que los sujetos descarrilados derriben el tren de la democracia.

La tarea es urgente. Venezuela necesita una oposición de carácter eminentemente democrático. Cuando ello suceda, desaparecerá la llamada coordinadora democrática y con ella su discurso miserable.


(*) Politólogo. Magíster en Ciencia Política
Email: eduardojm51@hotmail.com


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Eduardo J. Marapacuto (*)


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