Al principio fue el verbo, su pérdida será el final: si no es xenofobia se parece igualita

"El verbo, ya lo dice la Biblia, está al inicio y al fin de todo, es el alfa y el omega. Pero el hombre profana al verbo, lo corrompe, lo despoja, y ese crimen lo paga con la confusión, con el aislamiento, con Babel".

El anterior epígrafe es tomado de un libro de filología que circulaba en la Alemania próxima al arribo de hitler. Ya los filólogos habían detectado que algo andaba mal en la sociedad, lo evidenciaba el estupro que los nazis cometían con el idioma. Les faltaba decir, aunque lo presentían, que el crimen lo pagaría el mundo con nazismo; la confusión, la pérdida de conexión con la realidad lo propicia.

El capitalismo siempre se vale de un verbo de engaño. Su esencia, que es el robo, se refleja en el idioma: dice que da empleo, cuando se apropia del trabajo ajeno; habla de paz, cuando su origen y su acción son la guerra de todos contra todos, la represión brutal de los desposeídos. El capitalismo es un ilusionista del idioma, cambia las palabras y nos hace creer que cambió la realidad: lanza una bomba atómica sobre poblaciones civiles y nos dice que fue un acto de paz, de defensa de la libertad; a los cadáveres en los hornos de gas los llamaban desechos industriales. Quien se oponga a ellos es terrorista; los préstamos inhumanos a naciones como Grecia son operaciones de rescate.

Cuando la deformación del idioma se incrementa, cuando con descaro pretende servir para ocultar una realidad infame, intolerable, cuando un gobierno abusa de esta deformación, cuando los intelectuales la aceptan, cuando la masa lo absorbe, entonces, estamos en presencia de una esquizofrenia social. Se puede esperar cualquier absurdo.

Entre nosotros surge una tendencia que encontró comodidad en la elevación de la distorsión del idioma a niveles que escalan con peligro. Hablaron de "guerra económica" y esa frase sirvió para todo, hasta para justificar el estímulo al capitalismo. La disidencia eran intelectuales, lectores de libros, "no pateaban la calle". Hasta ahora no aparece el enemigo en esa "guerra económica", se tiene el mérito de haber inventado una guerra sin enemigos. El giro verbal sirvió para superar los primeros escollos, alimentó la soberbia, habían encontrado una comodidad. Las advertencias no fueron oídas, las hacían "traidores". Lo que antes era pueblo ahora se nombraba "bachaqueros", "paracos" y así la tremenda crisis que las colas significaban quedó "resuelta". Ahora, el "casa por casa", que era para captar simpatías con la Revolución se transformó en una cacería humana. Se inventó un Operativo de Liberación del Pueblo y lleva no se sabe cuántos muertos, juzgados y ajusticiados en el sitio, ningún tribunal, ninguna fiscalía, ninguna defensoría dice "pío", ¡son delincuentes!, no se sabe quién lo dice pero es suficiente, la palabra tiene vida propia.

Ahora arremeten contra los colombianos, el sentimiento anti colombiano ha aumentado, el gobierno los señala claramente como culpables de los problemas que padecemos, se estigmatizan. Sin juicio, sin mayores miramientos se atropellan, se allanan, se les tumban las viviendas, siguiendo técnicas israelíes. Se cierra la frontera, se hace un muro virtual, se oyen los aplausos y los llamados a más medidas, las pirañas olieron sangre. "Son terroristas", la palabra vuelve a retumbar en la inteligencia. No son hermanos, son forajidos; no son hermanos, desde siempre son aprovechadores; no son humanos, son uribitos, no tienen derecho a nada, sólo la excepción.

Al final de la vendetta, la advertencia, la deformación del verbo: ¡esto no es chovinismo!, gritan como el que oculta un pecado…

Pero, diría Chávez, se parece tanto.

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Toby Valderrama


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