En defensa de Limardo

Conocí a Limardo en el coche de bebé que su madre usaba para llevarlo al IUPEG, se la pasaba en los brazos de las compañeras que disfrutaban cargarlo mientras su valiente progenitora estaba en clases; la llamábamos Clavelito con mucha carga de afecto. Esta denominación la adquirió cuando cantando en un festival su voz de titán estremeció el auditorio: Clavelito colorado, que de la mata cayó… Clavelito… Todo lleno de rocío…

De origen humilde como todos nosotros. La recuerdo peleando en contra de la privatización de la educación universitaria, apoyando a la izquierda siempre.

Luego no la vi más y me dijeron que se había dedicado a formar una escuela de un deporte imposible en esos tiempos acompañada de su hermano, quien también estudiaba en el Instituto Universitario. Más adelante escuché que hacía de todo para ayudar en los entrenamientos en Polonia y me llenó de alegría.

Limardo creció, con una voluntad competitiva que lo hizo zurdo siendo derecho, luego de una fractura en la diestra que amenazó con alejarlo de su pasión. Muy pocas veces lo he tratado más allá de un estrecharle la mano, pero he observado su don de gente y su trato afable. Hay una anécdota significativa luego de que ganara la medalla olímpica, yendo en el metro todo el que quiso tocó la presea dorada y se tomaron cantidades de selfies antes de que la palabra se pusiera de moda. También es memorable la forma en que prestó su imagen y relaciones para impulsar la candidatura de Ciudad Bolívar como sede de los panamericanos.

Ahora asumió un nuevo reto, una nueva competencia, una nueva instancia. Ha aceptado ser candidato de la patria del Gran Polo Patriótico, y lo ha hecho cuando el país avanza en medio de grandes asechanzas, provocaciones y emboscadas; esto da cuenta de su ya conocida valentía.

Esta decisión suya ha generado histerias y delirios en la oposición, los más enfermos se han lanzado con odios y desafueros, con rabias y desprecios, propios de quienes son movidos por las más perversas intenciones.

Lo han amenazado y le han lanzado una andanada de improperios para tratar de doblegar su voluntad. Frente a esos ataques no tenemos ninguna duda en salir a defender lo que significa Limardo y toda la generación de oro que tantas satisfacciones nos han dado y nos continuarán dando. Todos nos consideramos y nos sentimos parte de estos muchachos y muchachas que han levantado por el mundo el nombre de Venezuela.

Ante esas amenazas, cuente Limardo con todo nuestro apoyo, no está sólo en esta pelea, lo acompañan los millones de venezolanos y venezolanas que ven en nuestros deportistas un modelo a seguir por parte de la juventud, para alejarse de las drogas, la delincuencia y la desmotivación; así como la juventud que tantas alegrías nos ha dado en la música, la poesía, la narrativa, el cine y la dramaturgia. Al igual que los jóvenes que nos enaltecen cuando manipulan y construyen satélites y otras tantas maravillas de la tecnología.

Los que atacan a Limardo no saben ni quieren saber nada de esta Venezuela real, nada saben de la patria posible, recurren a la violencia de la amenaza y a la violencia verbal, cayendo tan bajo que ya no pueden dar ni lástima, ya no se merecen ni el olvido.



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José Ramón Rivero

Viceministro para el Sistema Integrado de Inspección Laboral y de la Seguridad Social. Ministerio del Poder Popular para el Proceso Social de Trabajo

 mejansen.sppp@gmail.com      @joseramonrivero

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