A la dinastía de los Monagas la derrocó la Guerra Económica (1848-1858)

Hoy 13 de junio de 2015, cuando reviso el libro "Violencia rural en Venezuela 1840/1858" (1), me aparecen las imágenes de los caraqueños subiendo los cerros con medias reses sobre sus espaldas durante el "Caracazo" los días 27 y 28 de febrero y 1ro, 2 y 3 de marzo de 1989; exactamente a 131 años de la renuncia de José Tadeo Monagas. El "Caracazo", también le cavó la tumba al presidente Carlos Andrés Pérez y a su gobierno neoliberal. Veamos lo que nos narra el historiador Mathews:

"A comienzos de 1850, la creciente demanda de cuero, que se cotizaba a precios relativamente altos, particularmente en Ciudad Bolívar, jugó un papel importante en la intensificación del hurto de ganado en los Llanos. Entre 1848 y 1855, las exportaciones de cuero prácticamente se duplicaron. Como este salto no correspondía a un equivalente aumento del consumo interno, era obvio que los habitantes de los Llanos sacrificaban un gran número de reses sólo por su cuero, dejando la carne a los zamuros. Aunque eran los cuatreros los que generalmente desollaban al ganado, los propios ganaderos también desempeñaban esta función. De hecho, el incentivo para vender cuero era tan grande que cuando se introducía una ley que prohibiera la matanza inútil de reses, los ganaderos se oponían a ella, alegando que era comunismo señalarle a un hombre cómo disponer de su propiedad".

Esta reacción de los ganaderos de acusar al gobierno de los Monagas de comunista, demuestra que los terratenientes y ganaderos, apoyan los gobiernos cuando les conviene y que la búsqueda de ganancias, era primario al crecimiento de la ganadería y preferían que los zamuros comieran carne y no el pueblo. Pero además, había otro elemento importante a destacar, "era que en la década del 50 los ganaderos se quejaban más que nunca de estar a merced de los monopolios, los cuales, en 1849, habían formado en Caracas la poderosa asociación de comerciantes de la carne al por mayor: Durán – Sosa y compañía".

"Los mayoristas acapararon el mercado en el interior y detuvieron la entrada de ganado a Caracas. Los ganaderos acusaban a los monopolios de crear escasez artificial de carne y de fijar precios injustos tanto para el ganadero, como para el consumidor. La compañía respondía, invocando la penuria de carne, que atribuían a la malévola destrucción del ganado para aprovechar los altos precios del cuero por parte de los ganaderos". Este triple conflicto, cuatreros, ganaderos y monopolio de la carne, puso en aprietos al gobierno de los Monagas. A tal punto, que un escritor venezolano refleja el dilema de los llaneros en esos agitados años, con una significativa frase de: "¡Viva la libertad; muera el ganado!" (2).

El gobierno de los Monagas, fue cavando su propia tumba en su empeño de defender el monopolio de la carne, como único negocio de la mencionada compañía. Al final se produjo una especie de guerra económica, acompañada a la guerra en el terreno militar que le tenía la otra Oligarquía, la conservadora y que tuvo su máxima expresión, cuando la escasez de carne en Caracas creó condiciones de insurrección:

"En 1857, verdaderamente, la carestía de la carne para los habitantes urbanos era lo suficientemente grave como para que un congresal aludiera a "una situación potencialmente revolucionaria" si la carne, un producto tradicional en Venezuela, no era suministrada a precios razonables. El Congreso, a pesar de estos argumentos y del creciente descontento de los consumidores de Caracas, no actuó eficazmente".

Además de la escasez y carestía de la carne, otra fuente de descontento contra la dinastía de los Monagas fue, la falta y acaparamiento de alimentos: "el abastecimiento de productos como el maíz, arroz y caraotas, así como harina y pan se redujo peligrosamente. Los gobiernos regionales denunciaban no sólo esta carestía, sino también la existencia de especuladores que se aprovechaban de la situación para monopolizar el restringido mercado y alzar aún más los precios. Los empleados de más baja categoría, que durante este tiempo o no fueron pagados o recibían escasa remuneración, tenían cada vez más mayores dificultades para sostener a sus familias".

"Aunque el gobierno nacional, en 1855, ya había sancionado la libre exportación de granos y vegetales, las solicitudes de ayuda más directa e inmediata quedaban sin respuesta. Además los oficiales provinciales, generalmente rechazaban poner límite máximo a los precios, lo que según ellos violaba los principios de la empresa libre. En vez de eso, preferían comprar productos alimenticios al costo, y revenderlos al público a precios razonables. Incluso este expediente encontró oposición por parte de los defensores del libre comercio, y a juzgar por las quejas continuas, esta medida nunca fue implementada en una escala significativa. Si bien en el pasado la escasez de alimentos había afectado al país, la última se había producido al comienzo de los años 40, y la situación entonces fue considerada como la más grave hasta la fecha. El problema siguió asediando al gobierno hasta que dimitió en 1858. El 15 de marzo de 1858 renuncia José Tadeo Monagas a la Presidencia de la República".

Por supuesto, que también estoy pensando, en la guerra económica que las clases dominantes de hoy nos aplica cada día más; descubren el agua tibia quienes hablan como si esta arma de lucha de la Oligarquía, fuera nueva en Venezuela, el desconocimiento de nuestra propia Historia nos puede conducir a cometer errores graves en el manejo de tan delicada situación.

A los Monagas, les hicieron la guerra económica sus propios compañeros del partido Liberal en alianza con la Oligarquía Agraria Conservadora. Para tal fin, los cuatreros de cuello blanco: terratenientes, hacendados y el monopolio del comercio de la carne, ganaron e incorporaron a un sector de sus enemigos históricos y de clase: los cuatreros descamisados y descalzos que deambulaban por el llano matando el ganado que enlazaban para vender el cuero y que los zamuros comieran carne. Mientras tanto, el pueblo no comía carne porque no había y sí había, no tenía dinero para pagar los elevados precios.

En definitiva, el gobierno se cayó, los ricos se hicieron más ricos y surgieron "nuevos medios ricos" con camisa y zapatos. Y los campesinos, los peones, los ex-esclavos y jornaleros se fueron con Zamora "pa´ la feberación" como ellos llamaban a la Federación.

Marx decía que la historia se repite, unas veces como comedia y otras como tragedia. No sé en qué momento se produce la comedia, pero lo que estamos viviendo es la tragedia repetida de los años 50 del siglo XIX y de finales de los 80 del siglo pasado.

En la Venezuela de hoy, nuevamente se produce la extraña alianza. Esta vez, de los bachaqueros de cuello blanco con cuentas en el exterior, tarjetas de crédito y dólares preferenciales para sus negocios en la agricultura de puertos, los corruptos que les entregan los dólares desde el Estado, los comerciantes que desvían los pocos productos que importan y los bachaqueros de franela y moto, que como enjambre de langostas, arrasan los artículos que llegan a las cadenas de mercados, farmacias, abastos y supermercados. Y lo más grave, incluyendo la Red para la distribución de alimentos, creada por la Revolución Bolivariana, lo que indica que la V Columna denunciada por el inmortal Comandante Supremo Hugo Chávez Frías, es quien en la práctica controla el gobierno. "El que tiene ojos que vea, el que tiene oídos que oiga" repetía constantemente el Comandante Chávez.

Llama la atención como se repiten los mismos hechos cada vez más, la escasez y las interminables colas en distintos lugares (ciudades y pueblos) están creando una masa crítica de pronóstico reservado. Esto indica que las medidas tomadas por el gobierno no han estado en correspondencia con la ofensiva planteada por la burguesía, cuyo objetivo es crear el caos necesario para recuperar la cuota de poder que ha perdido.

En conclusión, un debate abierto en el seno del pueblo y sus organizaciones, incluyendo los partidos políticos que apoyan el proceso en marcha, puede dar luz para que alumbre el camino a seguir, para sacar el problema de las reuniones de cúpulas y trascender a la solo denuncia oficial, que sea el propio pueblo quien aporte las soluciones posibles. Ya no se trata de firmar leyes o decretos para que no se cumplan, en eso lamentablemente hay mucha experiencia, a veces lo que abunda entorpece; de lo que se trata es de una operación quirúrgica para extirpar el cáncer. No podemos seguir viendo los toros desde la barrera, felicito a la Comisión Presidencial para la Agricultura, por la posición en defensa de una política que saque a la agricultura y ganadería nacional del foso donde la metieron los candidatos a cargos y negocios vitalicios.

Referencias

  1. Violencia rural en Venezuela 1840/1858. Robert Paúl Mathews.Monte Ávila Editores.

  2. Francisco de Salas Pérez

atimotocuicas@gmail.com



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